La siguiente súplica pronunciada por el Imam Yauad (a.s.) protege a los creyentes de las calamidades y les brinda seguridad frente a los enemigos:
Oh Luz, Oh Prueba
Oh, Evidente, Oh, Resplandeciente
Oh, Señor, protégeme de las maldades y de las calamidades de las épocas
y te pido la salvación en el día que sea tañida la trompeta...
1. ¡Oh, Dios! Si quieres dispensarnos, es por Tu gracia y no por nuestras obras, y si deseas castigarnos, es por Tu justicia.
2. Facilítanos Tu perdón a través de Tu gloria, y sálvanos de Tu castigo traspasando nuestras faltas. Pues nosotros no podría­mos soportar Tu justicia, y no existe para ninguno de nosotros rescate alguno sin Tu perdón.
3. ¡Oh, el más opulento de los ricos! Aquí estamos nosotros, Tus siervos ante Ti, y yo soy ante Ti el más pobre entre los pobres. Entonces, compensa nuestra pobreza con Tu opulencia y no cortes nuestra esperanza con Tu negación. Pues, si hicieras esto, harías desdichado a quien Te pidió la felicidad y habrías priva­do a quien solicitó la ayuda de Tu favor.
Oh, Dios, ciertamente que Satanás es un siervo de entre tus siervos
me ve desde donde no lo veo, mientras que Tú lo ves desde donde él no te ve,
y Tú tienes poder sobre todos sus asuntos, mientras él no tiene poder alguno sobre los Tuyos.
Dios mío, pido Tu auxilio para luchar contra él. Oh, Señor, ciertamente que yo solo no tengo fuerzas contra él
y no hay poder ni fuerza contra él salvo a través Tuyo,  !oh Señor! ...
1. ¡Oh, Aquel a través de Quien se abren los nudos de las desgra­cias y las dificultades! ¡Oh, Aquel a través de Quien se quiebra la rigidez de los problemas! ¡Oh, Aquel a Quien se le pide la salida de la estrechez hacia el alivio!
2. Las dificultades resultan allanadas por Tu poder; los recursos son establecidos a través de Tu favor; el decreto es puesto en marcha a través de Tu autoridad; todo anda según Tu voluntad.
3. Y todo acepta Tu orden y se ejecuta según Tu deseo, sin que les digas nada, sin necesidad de expresar Tu mandato con la pala­bra, y todos se ajustan acorde a Tu intención, sin que expreses la prohibición.
... Bendice a Muhammad y a su Familia
Concede a los pobres de entre los creyentes y las creyentes riqueza y fortuna
A los enfermos de entre los creyentes y las creyentes la salud y la curación
A quienes viven entre los creyentes y las creyentes amabilidad y generosidad
A los fallecidos de entre los creyentes y las creyentes perdón y misericordia
Y a los emigrantes entre los creyentes y las creyentes el retorno pacífico y exitoso
Por el derecho de Muhammad y su descendencia completa...
1. ¡Oh, Dios! Alabado seas Tú por la salud física de la cual aún disfrutaba, y Alabado seas Tú por la enfermedad que has hecho surgir en mi cuerpo.
2. Pues desconozco cuál de estos dos estados es el mejor para agradecerte y cuál de estos dos momentos es el más digno para alabarte.
3. El tiempo de salud en el cual gozaba de Tus mercedes agrada­bles y puras a través de las cuales me has dado energías para buscar Tu complacencia y Tu favor, en el cual me habías dado fuerzas para triunfar en Tu obediencia...
1. ¡Oh, Dios! Tú, has impuesto sobre mí una obra para la cual Tú mismo posees más capacidad que yo para realizarla y Tu fuerza sobre ella y sobre mí es superior a la mía. Entonces, otorga a mi alma lo que Te complace de mí y toma de ella para Ti lo que Te conforma a través del otorgamiento de la salud y la fuerza.
2. ¡Oh, Dios! No tengo capacidad para soportar las dificultades ni tengo paciencia ante las calamidades, y carezco de fuerza para resistir la pobreza. Entonces, no me niegues el sustento ni hagas que necesite de Tu creación, sino que cubre Tú solo mi necesidad.
3. Hazte responsable de mi manutención y atiende todos mis asun­tos. Pues si me dejas conmigo mismo, seré incapaz de dominar mi alma, y no observaré aquello en lo que está el interés de ella; si me dejas a Tu creación, fruncirán su ceño ante mí; si me dejas para que mis parientes me mantengan, me privarán, y cuando me den algo, será insuficiente y sin bendición, y luego me lo echarán siempre en cara y mi lo reprocharán intensamen­te.
1. ¡Oh, Dios! Nos refugiamos en Ti de la rebeldía, de la codicia, de la violencia, de la ira, del dominio de la envidia, de la debi­lidad de la paciencia, de la escasez de la conformidad, del mal carácter, de la exageración de los anhelos, del dominio del fa­natismo.
2. De seguir a las pasiones, de oponernos a la buena dirección, del sueño de la negligencia, de emprender aquello que no puede hacerse, de elegir la falsedad por sobre la verdad, de reincidir en los pecados, de considerar pequeño las desobediencias, de sobredimensionar las obediencias (abandonándolas)...
El Sheij Kulainí en su libro Ta‘bîr ar-Ru’ia (“La Interpretación del sueño”) relata del Imam Rida (a.s.) que dijo: “Vi a mi padre en un sueño en el que me dijo: “Oh hijo mío, cuando te llegue una aflicción repite varias veces”:
“Oh Benevolente, Oh Misericordioso”
No hay divinidad sino Dios, un Dios Único y a El estamos sometidos.
No hay divinidad sino Dios, no adoramos más que a Él y disponemos la religión sincera y exclusivamente para Él, aunque ello disguste a los idólatras.
No hay divinidad sino Dios, nuestro Señor y Señor de nuestros primeros padres.
No hay divinidad sino Dios, Único, Único, Único;
cumplió Su promesa, dio el triunfo a Su siervo,
fortaleció a su ejército, y derrotó a los coaligados (en su contra) El solo,
Suyo es el Reino y Suya es la Alabanza, da la vida y la muerte, y da la muerte y la vida,
y El es Viviente y jamás muere, en Su mano está el bien y El tiene poder sobre todas las cosas.

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