... Bendice a Muhammad y a su Familia
Concede a los pobres de entre los creyentes y las creyentes riqueza y fortuna
A los enfermos de entre los creyentes y las creyentes la salud y la curación
A quienes viven entre los creyentes y las creyentes amabilidad y generosidad
A los fallecidos de entre los creyentes y las creyentes perdón y misericordia
Y a los emigrantes entre los creyentes y las creyentes el retorno pacífico y exitoso
Por el derecho de Muhammad y su descendencia completa...
1. ¡Oh, Dios! Alabado seas Tú por la salud física de la cual aún disfrutaba, y Alabado seas Tú por la enfermedad que has hecho surgir en mi cuerpo.
2. Pues desconozco cuál de estos dos estados es el mejor para agradecerte y cuál de estos dos momentos es el más digno para alabarte.
3. El tiempo de salud en el cual gozaba de Tus mercedes agrada­bles y puras a través de las cuales me has dado energías para buscar Tu complacencia y Tu favor, en el cual me habías dado fuerzas para triunfar en Tu obediencia...
1. ¡Oh, Dios! Tú, has impuesto sobre mí una obra para la cual Tú mismo posees más capacidad que yo para realizarla y Tu fuerza sobre ella y sobre mí es superior a la mía. Entonces, otorga a mi alma lo que Te complace de mí y toma de ella para Ti lo que Te conforma a través del otorgamiento de la salud y la fuerza.
2. ¡Oh, Dios! No tengo capacidad para soportar las dificultades ni tengo paciencia ante las calamidades, y carezco de fuerza para resistir la pobreza. Entonces, no me niegues el sustento ni hagas que necesite de Tu creación, sino que cubre Tú solo mi necesidad.
3. Hazte responsable de mi manutención y atiende todos mis asun­tos. Pues si me dejas conmigo mismo, seré incapaz de dominar mi alma, y no observaré aquello en lo que está el interés de ella; si me dejas a Tu creación, fruncirán su ceño ante mí; si me dejas para que mis parientes me mantengan, me privarán, y cuando me den algo, será insuficiente y sin bendición, y luego me lo echarán siempre en cara y mi lo reprocharán intensamen­te.
1. ¡Oh, Dios! Nos refugiamos en Ti de la rebeldía, de la codicia, de la violencia, de la ira, del dominio de la envidia, de la debi­lidad de la paciencia, de la escasez de la conformidad, del mal carácter, de la exageración de los anhelos, del dominio del fa­natismo.
2. De seguir a las pasiones, de oponernos a la buena dirección, del sueño de la negligencia, de emprender aquello que no puede hacerse, de elegir la falsedad por sobre la verdad, de reincidir en los pecados, de considerar pequeño las desobediencias, de sobredimensionar las obediencias (abandonándolas)...
El Sheij Kulainí en su libro Ta‘bîr ar-Ru’ia (“La Interpretación del sueño”) relata del Imam Rida (a.s.) que dijo: “Vi a mi padre en un sueño en el que me dijo: “Oh hijo mío, cuando te llegue una aflicción repite varias veces”:
“Oh Benevolente, Oh Misericordioso”
No hay divinidad sino Dios, un Dios Único y a El estamos sometidos.
No hay divinidad sino Dios, no adoramos más que a Él y disponemos la religión sincera y exclusivamente para Él, aunque ello disguste a los idólatras.
No hay divinidad sino Dios, nuestro Señor y Señor de nuestros primeros padres.
No hay divinidad sino Dios, Único, Único, Único;
cumplió Su promesa, dio el triunfo a Su siervo,
fortaleció a su ejército, y derrotó a los coaligados (en su contra) El solo,
Suyo es el Reino y Suya es la Alabanza, da la vida y la muerte, y da la muerte y la vida,
y El es Viviente y jamás muere, en Su mano está el bien y El tiene poder sobre todas las cosas.
Relata el Imam Ya’far As-Sadiq (a.s.), “Cuando quieras relatar un dicho nuestro (o cualquier otra cosa que desees recordar), y Satanás te haya hecho olvidar, pon la mano en tu frente y di:
Bendice Dios a Muhammad (s.a.w.) y su descendencia.
Te pido Oh, Dios mío, Oh, Quien hace recordar el bien, lo practica y lo ordena.
Hazme recordar lo que Satanás me hizo olvidar.
1. ¡Oh, Dios! Bendice a los portadores de Tu trono, quienes no se cansan de glorificarte, ni se aburren de santificarte, ni se fati­gan por adorarte. En cuanto a Tu orden no eligen la negligencia en vez del esfuerzo, ni son desatentos en cuanto al amor hacia Ti.
2. A Israfil (Rafael), el dueño del cuerno, quien está esperando Tu autorización y la llegada de la orden para que así, soplándolo, despierte a quienes están rehenes en sus tumbas (es decir, a los muertos el Día de la Resurrección).
3. A Mikail (Miguel), el poseedor de un alto grado y una gran jerarquía ante Ti por obedecerte.
4. A Yibril (Gabriel), el Fiel (al Amin: digno de toda confianza) a Tu revelación, quien es obedecido por la gente de los cielos y ante Ti es muy digno y próximo. Al Espíritu (Ruh).
5. Quien está por encima de los ángeles de los velos...
Cuando te pares en la tumba para la zyarat de la Señora Fátima az-Zahra debes decir lo siguiente:
Oh Tú, la examinada (puesta a prueba), te puso a prueba Aquel que te creó antes de haberte creado, pues te halló paciente frente a la prueba.
Admitimos serte fiel, creer en ti y ser pacientes frente a todo lo que nos ha llegado de parte de tu padre, la paz sea con él y su familia, y todo lo que su Sucesor nos ha traído.
Entonces, te preguntamos si en realidad hemos creído en ti; de tal forma que nos unas a aquellos que creyeron en ambos (el Santo Profeta y el Imam Ali), para que así podamos sentirnos felices por haber sido purificados como resultado de nuestra lealtad a ustedes...

1. ¡Oh, Aquel a Quien no se le terminan ni agotan las maravillas de Su grandiosidad! Bendice a Muhammad (PB) y a su fami­lia, e impide que nos apartemos de Tu majestuosidad.
2. ¡Oh, Aquel a Quien el tiempo de Su reino es interminable, Bendice a Muhammad y a su familia, y libera nuestros cuellos de Tu castigo!
3. ¡Oh, Aquel a Quien los tesoros de Su misericordia no desapare­cen! Bendice a Muhammad y a su familia, y establece para no­sotros una parte de Tu clemencia...

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