1. ¡Oh, Dios! Nos refugiamos en Ti de la incitación del demonio, maldito rechazado, de su astucia y de sus acechanzas, de con­fiar en sus falsos deseos arrojados sobre nuestros corazones, de sus promesas, engaños y estafas.
2. Nos refugiamos en Ti de aquel que anhela desviarnos de Tu obediencia y avergonzarnos a través de Tu desobediencia; o que engalana ante nosotros lo que nos parece lindo, o que nos muestra como detestable lo que nos resulta detestable y pesado (refúgianos en Ti de todas estas cosas).
3. ¡Oh, Dios! Apártalo de nosotros a través de Tu adoración, de­rríbalo a través del esfuerzo en el camino de Tu amor y estable­ce entre nosotros y él un velo que no pueda cortar y un dique fuerte que no pueda arruinar.
4. ¡Oh, Dios! Bendice a Muhammad y a su familia, y aleja al de­monio de nosotros, ocupándolo con algunos de Tus enemigos; presérvanos de él a tavés de Tu protección; repele su engaño de nosotros; hazlo huir de nuestra presencia y evita su presencia a nuesrtro alrededor...
¡Oh Dios!, concédenos el éxito de la obediencia, estar lejos de la rebeldía, la sinceridad de la intención y el discernimiento de lo sagrado. Sé Generoso con nosotros guiándonos mediante la Buena Guía y la recta constancia, y guía nuestras palabras con la rectitud y la sabiduría.
¡Oh Dios!, ... llena nuestros corazones con la ciencia y el saber, y purifica nuestros interiores de lo ilícito y lo dudoso, aleja nuestras manos de la injusticia y el robo, aparta nuestras miradas de la indecencia y la traición, y cierra nuestros oídos a las palabras vanas y a la maledicencia...
15. Refúgiame de los deseos malignos y de la codicia de los codi­ciosos; configura en mi corazón la imagen de lo que has reser­vado para mí de Tu recompensa y de lo que has preparado para mi enemigo de Tu retribución y castigo; y haz que esto sea una herramienta para mi conformidad respecto a lo que me has de­cretado, y para mi confianza respecto a lo que has dispuesto para mí.
No hay divinidad sino Dios, un Dios Único y a El estamos sometidos.
No hay divinidad sino Dios, no adoramos más que a Él y disponemos la religión sincera y exclusivamente para Él, aunque ello disguste a los idólatras.
No hay divinidad sino Dios, nuestro Señor y Señor de nuestros primeros padres.
No hay divinidad sino Dios, Único, Único, Único;
cumplió Su promesa, dio el triunfo a Su siervo,
fortaleció a su ejército, y derrotó a los coaligados (en su contra) El solo,
Suyo es el Reino y Suya es la Alabanza, da la vida y la muerte, y da la muerte y la vida,
y El es Viviente y jamás muere, en Su mano está el bien y El tiene poder sobre todas las cosas.
Oh Dios Nuestro, Ciertamente no queda para mis pecados más que la esperanza de Tu perdón,
a pesar de haber dispuesto frente a mi el instrumento para que me prives de ello.
Ciertamente que te pido lo que no merezco
te suplico lo que no me corresponde pedir y te imploro aquello que no soy digno de recibir.
Mi estado no Te está oculto, si bien el conocimiento a fondo de mi situación está oculto a la gente.
¡Oh Dios Nuestro! si mi sustento está en el cielo, hazlo descender, si está en la tierra hazlo manifestarse,
si está lejano has que se acerque y si está cerca haz que se facilite
y si es poco has que se acreciente, y haz que sea bendito para mí.
1. Recuerda con Tu favor y de forma satisfactoria, perdonando a aquellos que en la tierra fueron seguidores de los mensajeros y a los que creyeron en ellos en su ausencia, cuando sus enemi­gos se levantaron contra ellos desmintiéndolos.
2. A quienes, por la realidad de la fe, deseaban y esperaban a los mensajeros en todas las épocas y momentos en los cuales has mandado un mensajero y has establecido para su gente una guía, desde Adán hasta Muhammad (PB), de entre los Imames de la Buena Dirección y los Líderes de la gente piadosa, sobre todos ellos sea la paz.
3. ¡Oh, Dios! Bendice al grupo especial de los compañeros de Muhammad (PB), aquellos que realmente eran buenos com­pañeros, que resistieron, trabajaron y se esforzaron de manera conveniente para ayudarlo, soportando todas las pruebas en este camino, y lo socorrieron, apurando su llegada como Mensaje­ro, creyendo, confirmando su misión y rivalizando por aceptar su convocatoria...
Dios mío, Señor de la Sublime Luz, Señor del Trono Elevado, Señor del Mar incandescente. Aquél que ha hecho descender la Torah, el Evangelio y los Salmos.
Señor de la sombra y del calor. Quien ha hecho descender el Sublime Corán.
Señor de los ángeles próximos a Dios, de los Profetas y de los Enviados.
Dios mío, te imploro por tu Noble Rostro, por la Luz de Tu Rostro Luminoso, por tu Reino Eterno. ¡Oh Viviente!, ¡Oh Subsistente! Te imploro por Tu Nombre, aquél mediante el cual son reformados los primeros y los últimos...
El Sheij Kulainí en su libro Ta‘bîr ar-Ru’ia (“La Interpretación del sueño”) relata del Imam Rida (a.s.) que dijo: “Vi a mi padre en un sueño en el que me dijo: “Oh hijo mío, cuando te llegue una aflicción repite varias veces”:
“Oh Benevolente, Oh Misericordioso”

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