La belleza moral y la purificación del alma de los vicios en el Islam - II

La belleza moral y la purificación del alma de los vicios en el Islam - II

Por: Husain Ansâriyân

 

 La oración

La oración se emite desde lo interno y lo externo del ser humano. Su objetivo es que el hombre se purifique tanto material como moralmente. Controla la conducta del hombre cuando este está a punto de flaquear ante los deseos e incitaciones de esta vida y crea un sentimiento especial para que actúe y piense de una manera exaltada.

El Sagrado Corán invita a los hombres a hacer la oración como una obligación determinada por Dios, “Haced la azalá y dad el azaque. El bien que hagáis como anticipo a vosotros mismos, volveréis a encontrarlo junto a Dios. Dios ve bien lo que hacéis”. [Corán: 2:110]

El Corán invita a la gente a refugiarse en la oración y en la paciencia como armas para enfrentar los problemas y las tristezas y para sentir que hacer el bien y comportarse benévolamente no es difícil y no cuesta nada.

“¡Buscad ayuda en la paciencia y en la azalá! Sí, es algo difícil, pero no para los humildes”. [Corán: 2: 45]

La oración que puede encarrilar al hombre en el camino del bien es la que posee condiciones morales y legales. La oración, en la cual el hombre sigue las condiciones de la vestimenta, del lugar en el que la realiza, el agua con la que realiza su purificación [Uudu y Gusl], la tierra con la que hace el Taiammum y el tiempo y la tranquilidad con que la realiza...en fin, la oración que es ofrecida con sincera intención y completa concentración, es la oración que ayuda a que el hombre le dé la cara a sus problemas y vicisitudes, fortaleciéndolo a su vez para que no caiga en la tentación del deseo y la incitación al mal. El Sagrado Corán menciona en algunos versículos la oración como signo de salud espiritual y fe sincera,

“Son creyentes sólo aquéllos cuyos corazones tiemblan a la mención de Dios, que, cuando se les recitan Sus aleyas, éstas aumentan su fe, que confían en su Señor, que hacen la azalá y dan limosna de lo que les hemos proveído”. [Corán: 8:2-3]

El Corán prohíbe vehementemente ofrecer la oración estando adormilado, perezoso, indiferente o desatento. El Corán establece que los orantes deben ofrecer su rezo con entusiasmo, pureza, tranquilidad, sinceridad, concentración entre otras condiciones.

“¡Creyentes! No os acerquéis ebrios a la azalá. Esperad a que estéis en condiciones de saber lo que decís. No vayáis impuros -a no ser que estéis de viaje- hasta que os hayáis lavado. Y si estáis enfermos o de viaje, si viene uno de vosotros de hacer sus necesidades, o habéis tenido contacto con mujeres y no encontráis agua, recurrid a arena limpia y pasadla por el rostro y por las manos. Dios es Perdonador, Indulgente”. [Corán: 4:43]

El Corán también muestra que invitar a la familia y a los hijos a ofrecer oración es una virtud de los profetas. Por ejemplo habla sobre el Profeta Ismael (P) cuando invitó a los suyos a cumplir con la oración,

“Prescribía a su gente la azalá y el azaque, y fue bien visto de su Señor”. [Corán: 19:55]

El Sagrado Corán declara que la oración hace que uno se abstenga de la indecencia y de la maldad. Se ha probado con experimentos que la oración ofrecida con sinceridad posee un poder que previene al hombre de cometer pecado y purifica su alma de deseos no permitidos; igualmente, la oración fortalece los órganos para adorar a Dios y cumplir sus órdenes.

“¡Recita lo que se te ha revelado de la Escritura! ¡Haz la azalá! La azalá prohíbe la deshonestidad y lo reprobable”.

Aquellos que no ofrecen oración, que son tacaños y que niegan el Día de la Resurrección estarán entre la gente del infierno,

Dirán: “No éramos de los que oraban, no dábamos de comer al pobre,  parloteábamos con los parlones y desmentíamos el día del Juicio”. [Corán: 43-46]

Aquel que no es sincero en su oración, que no es atento a la esencia de esta, niega la religión,

“¡Ay de los que oran distraídamente, para ser vistos, y niegan la ayuda!” [Corán: 107: 4-7]

Respecto a la relación entre la oración, la moral y las condiciones jurisprudenciales se han narrado muchas tradiciones. He aquí algunas de ellas.

El Imam Bâqir (P) dice en una de sus recomendaciones, “no acortes tus oraciones porque el Mensajero de Dios dijo antes de su fallecimiento, quien acorta sus oraciones no es de los míos y no vendrá conmigo a la fuente (en el Paraíso). Por Dios que tampoco es de los míos quien consuma bebidas intoxicantes; ese no es merecedor de la fuente ni de mi compañía”.[1]

Se menciona que el Profeta Moisés (P) le preguntó a Dios: “Señor, ¿cuál es la recompensa para aquel que ofrece sus oraciones a tiempo?' Dios le dijo, 'le daré lo que me pida y le recompensaré con el Paraíso'“.[2]

Del Imam Sâdiq (P) dijo: “el más amado por Dios es aquel que es sincero en sus palabras, quien ofrece sus oraciones a tiempo, cumple con las obligaciones impuestas por Dios y le devuelve los depósitos [préstamos] a sus dueños”.[3]

Cierta vez Ibn Mas‘ud le preguntó al Profeta (BP): “¿cuál es la mejor acción para Dios?”. El Profeta Muhammad (BP) le contestó: “realizar la oración a tiempo”.[4]

El Profeta Muhammad (BP) también dijo: “no omitan sus oraciones. Quien omite una oración será resucitad con Qârún y Hâmân y Dios lo arrojará al infierno con los hipócritas. ¡Ay de aquel que no cumple con sus oraciones y no imita al Profeta!”.[5]

Del Imam Sâdiq (P) dijo: “el que sigue la verdad se conoce por tres aspectos: quiénes son sus amigos, cómo ofrece la oración y en qué tiempo; y si es rico, su riqueza se ve en la forma como la gaste”.[6] “Nuestros seguidores se conocen por tres cosas: ofrecen sus oraciones a tiempo, mantienen nuestros secretos y no los revelan a nuestros enemigos y gastan sus dineros en ayuda a los hermanos necesitados”.[7]

La dádiva

Entre las características de los creyentes se encuentra el hecho de gastar su dinero en el camino de Dios. Dios se refiere a aquellos

“Que creen en lo oculto, hacen la azalá y dan limosna de lo que les hemos proveído”. [Corán: 2:3]

Los verdaderos creyentes ofrecen su riqueza, su conocimiento, sus posiciones sociales y rangos para resolver los problemas de la gente; ofrecen todo lo que tienen por la causa de Dios sin ser orgullosos ni pretenciosos.

Los creyentes se ocupan del Zakât así como se ocupan en sus oraciones, su Haÿÿ y su Ayuno. El Zakât para los creyentes tiene la misma importancia que la oración. Los creyentes actúan de acuerdo a la misión de Dios y no de acuerdo a sus intereses personales. No son tacaños al dar su Zakât, al hacer caridad y al gastar su dinero en los necesitados. El Sagrado Corán le ordena a la gente a usar parte de su dinero en caridad e insiste tan vehementemente en este tema que considera al que no lo hace como a alguien que se lanza por sí solo a la perdición.

“Gastad por la causa de Dios y no os entreguéis a la perdición. Haced el bien. Dios ama a quienes hacen el bien”. [Corán: 2:195]

Abstenerse de dar el Zakât y de hacer caridad causa que uno pierda su derecho a la otra vida y que uno se vuelva incrédulo e injusto. La gente que es tacaña no tendrá intercesor en el Día de la Resurrección y nadie le tendrá misericordia.

“¡Creyentes! Dad limosna de lo que os hemos proveído antes de que venga un día en que no sirvan ni comercio ni amistad ni intercesión. Los infieles, ésos son los impíos”. [Corán: 2: 254]

El Corán invita al hombre a ser generoso y de esta manera ser exitoso,

“¡Temed cuanto podáis a Dios! ¡Escuchad! ¡Obedeced! ¡Gastad! Es en vuestro propio beneficio. Los que se guardan de su propia codicia, ésos son los que prosperarán”. [Corán: 64:16]

Quien use su dinero por la causa de Dios, Él le recompensará setecientas veces la cantidad que invierta. Este tema es uno de los hechos naturales en el mundo, y es bastante claro para la gente. Dios da un ejemplo al respecto para que la gente crea en esta recompensa:

“Quienes gastan su hacienda por Dios son semejantes a un grano que produce siete espigas, cada una de las cuales contiene cien granos. Así dobla Dios a quien Él quiere. Dios es Inmenso, Omnisciente”. [Corán: 2:261]

Es recomendable para los creyentes que gasten su hacienda por Dios en el día y en la noche, en secreto y abiertamente; este acto es altamente admirado por Dios y tiene grandes recompensas en el Día de la Resurrección, además que preserva al hombre de la pena al momento de la muerte y en el Día de la Resurrección.

“Los que gastan su hacienda de noche o de día, en secreto o en público, tendrán su recompensa junto a su Señor. No tienen que temer y no estarán tristes”. [Corán: 2:274]

La recitación del Corán, la oración y la inversión en el camino de Dios son consideradas como ganancias.

“Quienes recitan la Escritura de Dios, hacen la azalá y dan limosna, en secreto o en público, de lo que les hemos proveído, pueden esperar una ganancia imperecedera”. [Corán: 35:29]

El Imam Sâdiq (P) narró: “en cada parte tuya hay un Zakât obligatorio para Dios. En realidad, en cada raíz de tu cabello y en cada momento de tu vida hay un Zakât. El Zakât de los ojos es mirar cosas de las que se pueda aprender y bajar la mirada ante las tentaciones. El Zakât del oído es escuchar palabras sabias, el Corán, enseñanzas religiosas, discursos, consejos, lo que lleva a tomar la mejor decisión y no escuchar mentiras, chismes, y demás. El Zakât de la lengua es aconsejar a los musulmanes, llamarle la atención a los desatentos, glorificar a Dios, etcétera. El Zakât de la mano es dar generosamente de lo que Dios te brinda, usarla para escribir palabras sabias de las cuales los musulmanes puedan aprender y mantenerla alzada en contra de la maldad. El Zakât de las piernas es caminar para llevar a cabo los oficios o tareas que Dios dispone, como visitar a los piadosos, ir a reuniones religiosas, reconciliar a la gente, visitar a los familiares, participar en la Ÿihâd y en lo que purifica el corazón y salva a la religión del peligro [de los opresores]...”1

Del Imam ‘Askari (P), al interpretar la frase “...da el azaque...” que se menciona en tantos versículos del Corán, “...de tu riqueza, de los altos rangos y del poder corporal. Pagar el Zakât de la riqueza es ayudar a los hermanos musulmanes; de los rangos es en cuanto a darles lo que necesitan cuando no pueden alcanzarlo dada su debilidad; del poder corporal es ayudarle a aquel hermano que ha perdido su equipaje en el desierto o que en su camino pide ayuda y nadie se la brinda; o ayudarle con su equipaje para que pueda unirse a la caravana. Dios purificará tus acciones y los multiplicará por tu fidelidad a Muhammad y su descendencia (P) y por tu rechazo a los enemigos del Islam.”[8]

Amir-ul Mu’minin (P) narró del Profeta (BP): “la recitación del Corán en la oración es mejor que en otro tiempo. Mencionar a Dios es mejor que dar caridad. Dar caridad es mejor que ayunar y ayunar lo protege a uno del Fuego.”[9]

El Imam Zain-ul ‘Âbidin narró que el Imam ‘Alí (P) dijo: “en el Paraíso habrá un árbol lleno de joyas, cuyas joyas de su parte superior sobresaldrán y debajo del cual habrá caballos de manchas blancas y negras, ensillados con riendas y alas; estos caballos no orinan ni defecan. Los guardianes de Dios los montarán en el Paraíso por doquier. Los que los miren dirán: “Señor, ¿qué le ha dado toda esa dignidad a esta gente?”. Dios les responderá: “ellos Me adoraban en la noche pasándola en vela, ayunaban todo el día, peleaban contra el enemigo sin ser cobardes y daban caridad sin ser tacaños'“.[10]

El Profeta Muhammad (BP) dijo: “el que haya dado caridad será recompensado con las bendiciones del Paraíso, tanto como el tamaño de la montaña de Uhud por cada dirham que haya dado”.

El Imam Sâdiq (P) narró de sus padres que el Profeta (P) dijo: “cada favor es considerado como caridad. El que se guíe por el camino del bien es como el que lo hace y Dios ama la ayuda a los necesitados”.

Una maravillosa historia acerca de la caridad y la dádiva

El Imam Kâdzim (P) narró: “cierto día el Imam Sâdiq (P) andaba de viaje con algunas personas que llevaban dinero consigo. Él les advirtió que había ladrones que atacaban a los viajeros. Ellos se asustaron. Él les preguntó por qué se asustaban tanto y ellos le dijeron: llevamos mucho dinero con nosotros y tememos que nos lo roben. ¿Podría usted llevarlo para que los ladrones al ver que usted lo tiene piensen que es suyo y no se lo lleven? El  Imam (P) les dijo: pero ellos querrán atacarme; ¡así que tendré que enfrentar el peligro a causa de su dinero! Entonces, ¿qué hacemos? Inquirieron los viajeros. ¿Enterramos el dinero? El Imam les dijo: eso sería peor. Alguien lo encontraría o ustedes podrían olvidar el camino de regreso y dónde lo escondieron. Finalmente  dijeron: ¿podría usted decirnos qué hacer con el dinero? El Imam Sâdiq (P) les dijo: confíenselo a Quien lo guardará, lo cuidará y hará cada unidad más grande que este mundo y se lo devolverá cuando estén ustedes en la más grande necesidad. Le preguntaron, ¿y quién es? Es el Señor de los Mundos. ¿Y cómo podemos confiarle nuestro dinero a Él? Gástenlo en caridad para los musulmanes pobres. ¿Cómo podemos encontrar musulmanes en esta situación? Tengan la intención de gastar un tercio de su dinero y Dios les protegerá el resto. Tenemos la intención. Entonces su dinero estará a salvo.

Siguieron su camino. Los ladrones aparecieron y los viajeros se atemorizaron. El Imam Sâdiq (P) les preguntó: ¿por qué temen si están bajo la protección de Dios?. Los ladrones se acercaron, se bajaron de sus caballos y besaron la mano del Imam Sâdiq (P). Le dijeron: vimos en un sueño anoche que el Mensajero de Dios (BP) nos ordenaba ponernos a su servicio y aquí estamos. Lo acompañaremos a usted y a sus compañeros de viaje para protegerlos de los ladrones y los enemigos. El Imam Sâdiq (P) dijo: No los necesitamos. Dios, Quien nos ha protegido de ustedes, nos protegerá de los demás.

Terminaron su viaje seguros. Los viajeros pagaron su tercio prometido en caridad. Dios bendijo su caridad y obtuvieron una ganancia de diez dirhames por cada dirham. Dijeron, ¡qué grande es la bendición de Sâdiq (P)! El Imam les dijo, han obtenido esa bendición por negociar con Dios. Sigan haciéndolo”.1

Una carta importante del Imam Rizâ (P) al Imam al- Ÿawâd (P)

Al Bazanti, quien es uno de los más famosos narradores de tradiciones, y quien tiene una gran personalidad y un alto reconocimiento, dice: “he leído una carta del Imam Rizâ (P) a su hijo el Imam Ÿawâd (P), la cual hubo escrito en su viaje de Marw a Medina que decía: querido Abu Ÿa‘far, se me ha informado que cuando cabalgas tu caballo los mawali[11] te hacen salir por la pequeña puerta del jardín. Es por su mezquindad que no permiten que nadie obtenga algo bueno de ti. Te pido por el derecho que tengo sobre ti que no salgas o entres en la villa excepto por la puerta grande. Inshâallâh, cuando cabalgues tu caballo lleva algo de oro y plata contigo. Nadie te pide nada a menos que tú se lo des. Si uno de tus tíos te pide ser piadoso con él no le des menos de cincuenta dinares y si quieres dale más. Si alguien de los Quraish[12] te pide, no le des más de veinticinco dinares; dale más si así lo deseas. Yo solo quiero que seas mejor cada día, así que teme a Dios y no seas mezquino”.

Debemos hacer hincapié en que el Corán ha prohibido que la gente que da caridad agraviar al que la recibió. Dar caridad debe hacerse por Dios y para ganar Su complacencia. Así es que el que recibe la caridad debe estar a salvo de ser lastimado o humillado por el que le ha dado la caridad; de lo contrario esa caridad no será permitida y por lo consiguiente no será recompensada por Dios.

“Quienes gastan su hacienda por Dios sin hacerlo seguir de alarde ni agravio tendrán su recompensa junto a su Señor. No tienen que temer y no estarán tristes”. [Corán: 2:262]

“¡Creyentes! No malogréis vuestras limosnas alardeando de ellas o agraviando, como quien gasta su hacienda para ser visto de los hombres, sin creer en Dios ni en el último Día. Ese tal es semejante a una roca cubierta de tierra. Cae sobre ella un aguacero y la deja desnuda. No pueden esperar nada por lo que han merecido. Dios no dirige al pueblo infiel”. [2:264]

En fin, ofrecer oración y pagar el Zakât se halla entre las acciones y conductas morales por las cuales Dios ha garantizado Su misericordia y protección. Estas a su vez son las causas por las cuales uno se reforma interior y exteriormente llevándolo al arrepentimiento y a tornarse a Dios. Además, la creencia en lo oculto, en el Corán y en los Libros Divinos, al igual que la creencia en la otra vida llevan al hombre a la prosperidad en esta vida y en la otra,

“Ésos son los dirigidos por su Señor y ésos los que prosperarán”. [Corán: 2:5]

La prosperidad, como la definen los sabios como ar-Râgib Isfahâni, es en una vida después de la muerte, en el honor sin ignominia, en la sabiduría sin ignorancia y en la riqueza sin pobreza. Todas estas virtudes las tendrá el hombre en su otra vida en razón a su creencia en los elementos anteriormente mencionados.

Debe notarse que arrepentirse no es dejar de cometer pecados y desobediencias sólo para ser aceptado por Dios. De acuerdo a los versículos coránicos ya citados el arrepentido debe reformarse a sí mismo en acción y en palabra. En otras palabras, el arrepentido debe explotar todas sus capacidades en el camino de Dios por medio de buenas acciones y buena moral para que su arrepentimiento sea completo y sus malas acciones sean reemplazadas por buenas.

“No así quien se arrepienta, crea y haga buenas obras. A éstos Dios les cambiará sus malas obras en buenas. Dios es Indulgente, Misericordioso”. [Corán: 25:70]

Dado que me he basado en los versículos coránicos y en las tradiciones para este libro, sólo hablaré de la belleza moral en este caso; es decir, no repetiré los temas de los versículos que cité con anterioridad sino que hablaré sobre algo más en el tema que sigue.

La bondad con el padre y la madre

En cuanto a las buenas acciones y la moral, siendo estos factores que hacen que se dé un cambio interior y exterior en el hombre después de su arrepentimiento,  el Sagrado Corán enfatiza en hacer el bien y ser benevolente con los padres, con los familiares, con los huérfanos y necesitados, en hablar cortésmente y educadamente a las personas, además de ofrecer la oración y pagar el Zakât.

“... ¡No sirváis sino a Dios! ¡Sed buenos con vuestros padres y parientes, con los huérfanos y pobres, hablad bien a todos, haced la azalá dad el azaque!...” [Corán: 2:83]

Existen muchos versículos en el Sagrado Corán que mencionan, después de invitar al monoteísmo, el tema de ser bueno con los padres y con las personas que nos rodean. Esta es una obligación moral y legal. Seguir esta orden es someterse a Dios; por el contrario, desobedecerla, es merecerse el castigo en el Día de la Resurrección.

“¡Servid a Dios y no Le asociéis nada! ¡Sed buenos con vuestros padres, parientes, huérfanos, pobres, vecinos -parientes y no parientes-, el compañero de viaje, el viajero.”. [Corán: 4:36]

Ser bueno con los padres es sólo una muestra pequeña de gratitud por todo el amor y cuidados que han tenido para con nosotros desde que nacimos. Los padres se sacrifican demasiado y prefieren a sus hijos por encima de ellos mismos en todas las etapas de sus vidas; en todos los momentos de dificultad los padres tratan de proteger a sus hijos más que a ellos mismos; permanecen en vela muchas noches para cuidar de sus hijos cuando los necesitan; experimentan el cansancio para que sus hijos permanezcan conformes y tranquilos; experimentan penas y dificultades para criar a sus hijos; alimentan a sus hijos de su cuerpo y su alma; toleran a sus hijos y se preocupan por ellos incluso hasta después de que son adultos...por todo esto, los hijos deben tratar a sus padres con toda benevolencia para compensar un poco todos los esfuerzos que han hecho en su propio bien.

“Tu Señor ha decretado que no debéis servir sino a Él y que debéis ser buenos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos envejecen en tu casa, no les digas: “¡Uf!” y trates con antipatía, sino sé cariñoso con ellos. Por piedad, muéstrate deferente con ellos y di: “¡Señor, ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron cuando me educaron siendo niño!” [Corán: 17: 23-24]

Cierta vez se le preguntó al Imam Sâdiq (P) acerca de la bondad de la que se habla en este versículo y él dijo: “se bueno en tu compañía con ellos y no les niegues nada incluso si ellos son ricos. Dios dice:

“No alcanzaréis la piedad auténtica mientras no gastéis algo de lo que amáis. Y Dios conoce bien cualquier cosa que gastáis”. [Corán: 3: 92]

“...no les digas: “¡Uf!” y trates con antipatía...” [Corán: 17:23]

“Si te hacen enojar, no les digas “uf”, y si te golpean, no les contestes ni reacciones en su contra. Siempre refiérete a ellos de buena manera. Si te golpean, diles: “que Dios te perdone”, por eso la generosa frase,...Por piedad, muéstrate diferente con ellos. No los mires de otra forma que no sea piadosa y misericordiosa y no alces tu voz en su contra, ni tu mano en contra suya y no camines en frente suyo”.

“Si Dios supiera que existe algo menos que “uf”, también lo hubiese prohibido; esta expresión es la impiedad más fea”. Esta tradición ha sido mencionada con una adición: “es impiedad mirar a los padres con insolencia”.

Alguien le preguntó al Profeta (BP) acerca de cuál es el derecho de los padres con los hijos, y él (BP) contestó: “el hijo no debe llamar a sus padres por su nombre, ni sentarse en frente suyo ni causar que la gente abuse de ellos”.

Luego el Profeta Muhammad (BP) vio a una persona y dijo tres veces: “¡ay de él!” Los compañeros le preguntaron, “Mensajero de Dios, ¿quién es ese hombre?” “Es uno que ha vivido con sus padres siendo estos ancianos pero irá al infierno (por maltratarlos)”.

En una de las batallas lideradas por el Profeta Muhammad (BP), Huzaifa le pidió permiso para matar a su propio padre quien estaba con los politeístas, pero el Profeta (BP) le dijo: “déjalo por otro como tú”.1

Se menciona en el tafsir del Imam ‘Askari (P) que el Profeta Muhammad (BP) dijo: “los mejores de ustedes en cuanto al trato con sus padres y los más merecedores de la gratitud son Muhammad y Alí”.2

Amir-ul Mu’minin (P) relató que escuchó al Profeta (P) diciendo: “Yo y Alí somos los padres de esta Umma y nuestro derecho sobre ella es más grande que el de sus propios padres ya que le salvamos del Fuego si nos siguen y los sacamos de la esclavitud y los unimos a los mejores hombres libres”.3

La Caridad con los parientes.

Pariente es el familiar por parte de padre y de madre como tíos, primos, nietos... ser caritativo con ellos es visitarlos y resolver sus problemas y necesidades. Esta es una de las obligaciones morales que serán recompensadas; mientras no hacerlo lleva al tormento en el Día de la Resurrección. El Corán enfatiza en que la ruptura de relaciones con los parientes y la corrupción en la tierra se hallan entre los signos de la gran pérdida, y entre tanto, los que lo hacen se convierten en grandes perdedores,

“Quienes violan la alianza con Dios después de haberla concluido, cortan los lazos que Dios ha ordenado mantener y corrompen en la tierra, ésos son los que pierden”. [Corán: 2:27]

Cortar las relaciones con los parientes está terminantemente prohibido, incluso si uno ha sido lastimado u ofendido por ellos. Visitar a los familiares y ser bueno con ellos se hallan entre las conductas más admirables y son señas de buena moral. Si alguno de nuestros familiares es incrédulo y existe una esperanza de guiarlo, debemos tratar de orientarlo.

Muchas tradiciones han sido narradas desde el Profeta Muhammad (BP) y los Imames (P) en cuanto a este tema, cuyas recomendaciones requieren de toda la atención de los creyentes. Presentaremos algunas de estas hermosas tradiciones del Profeta (BP) respecto a mantener las relaciones filiales,

“El bien que obtiene la más rápida recompensa es mantener los lazos familiares”.[13]

“Mantener las relaciones con la familia facilita la rendición de cuentas (en el Día de la Resurrección) y lo protege a uno de una mala muerte”.[14]

“Mantén la relación con tu familia en este mundo incluso por medio del saludo”.[15]

“Mantén tu relación con el que ha cortado su relación contigo, haz el bien al que te haya malogrado y haya dicho la verdad incluso si fue en tu contra”.[16]

“Dios cambia los tres años que le quedan de vida a alguien que mantiene sus buenas relaciones con la familia por treinta años, y cambia los treinta años que le quedan de vida por tres a alguien que no mantiene sus lazos familiares”.

“Dios abroga o confirma lo que quiere. Él tiene la Escritura Matriz”.

El Imam ‘Alí (P) dijo: “sé generoso con tu gente, pues ellos son las alas con las cuales vuelas, tu origen al cual has de regresar y la mano con la que atacas”

El Imam Hâdi (P) narró: “cierta vez el Profeta Moisés (P) le preguntó a Dios, ¿cuál es la recompensa para aquel que mantiene sus lazos familiares? Dios le respondió, prolongo su vida y facilito las agonías de su muerte”.

La Bondad con el Huérfano

La acción de ser bueno, caritativo y misericordioso con el huérfano se menciona en el Sagrado Corán por lo menos dieciocho veces. Por ejemplo,

“Te preguntan acerca de los huérfanos. Di: “Está bien mejorar su condición; pero, si mezcláis vuestra hacienda con la suya, tratadles como a hermanos”. Dios distingue al corruptor del reformador. Y si Dios hubiera querido os habría afligido. Dios es Poderoso, Sabio”. [Corán: 2:220]

“Dad a los huérfanos los bienes que les pertenecen. No sustituyáis lo malo por lo bueno. No consumáis su hacienda agregándola a la vuestra. Sería un gran pecado”. [Corán: 4:2]

“Quienes consuman injustamente la hacienda de los huérfanos, sólo fuego ingerirán en sus entrañas y arderán en fuego de la gehena”. [Corán: 4:10]

“y a propósito de los niños débiles, y que tratéis con equidad a los huérfanos. Dios conoce perfectamente el bien que hacéis”. [Corán: 4:127] ... (Ver la continuación en archivo pdf)

 

 

Fuente: libro El arrepentimiento, la cuna de la Misericordia

Editorial Elhame Shargh

Fundación Cultural Oriente

 

 

 

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www.islamoriente.com

Fundación Cultural Oriente

 

 

[1]Bihâr ul-Anwâr, Vol. 80, p. 9

[2]Ibíd.

[3]Ibíd., p. 11

[4]Jisâl, Vol. 2, p. 78

[5]‘Uyun Ajbâr ar-Riza, vol. 2, p. 31.

[6]Bihâr ul-Anwâr, Vol. 80 p. 20

 

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