Vamos a librar el mundo del Wahabismo (Artículo del Dr. Mohammad J. Zarif, cedido por New York Times)

Vamos a librar el mundo del Wahabismo

Dr. Mohammad Javad Zarif

El Ministro de las Relaciones Exteriores de la R. I. De Irán

Artículo del Autor Cedido por New York Times

Fuente: New York Times, Sep. 13, 2016

 

Las empresas de relaciones públicas, sin reparos en aceptar petrodólares contaminados, están experimentando una bonanza. Su último proyecto ha sido persuadirnos de que el Frente Al-Nusra, el grupo afiliado a Al-Qaeda en Siria ya no existe; y como anunció el portavoz de Al-Nusra en la CNN, la nueva rama del grupo rebelde, supuestamente separada de su familiar organización terrorista, ahora se ha convertido en “moderada”. Así pues, el fanatismo de la Edad Media se vende como una brillante visión para el siglo XXI.

El problema para las firmas ricas de relaciones públicas, principalmente de Arabia Saudí que han financiado generosamente Al-Nusra, es que la evidencia de esas políticas ruinosas no puede hacer un photo shop de su existencia. Si alguien tenía alguna duda, las últimas imágenes de vídeo sobre los recientes denominados “moderados” decapitando a un niño de 12 años fueron una horrible prueba de realidad.

Desde los ataques terroristas del 11 de septiembre, el Wahabismo militante ha sufrido varias limpiezas de cara, pero en el fondo, la ideología sigue siendo la misma, ya sea los talibanes, las diversas encarnaciones de Al-Qaeda, o los denominados como el Estado Islámico, que ni es islámico ni es estado. Pero los millones personas que se enfrentan a la tiranía del Frente Al-Nusra no compran esa ficción sobre su desunión.

La experiencia del pasado sobre esos intentos de blanquear puntos para lograr el verdadero objetivo era: permitir que el flujo de petrodólares a los grupos extremistas en Siria permanezca abierto, e incluso para atraer a los gobiernos occidentales al apoyo de esos “moderados”. El hecho de que Al-Nusra siga dominando la alianza rebelde en Alepo se burla del mensaje de esas relaciones públicas.

Los esfuerzos de Arabia Saudí para persuadir a sus clientes occidentales para apoyar sus tácticas con poca visión están basados en la premisa falsa de que podrían sumir al mundo árabe en un caos aún mayor y de alguna manera dañar a Irán. Las nociones de fantasía de que la inestabilidad regional ayudará a “contener” a Irán, y que las supuestas rivalidades entre los musulmanes Sunníes y Shiíes alimentan los conflictos, se contradicen con la realidad de que el peor derramamiento de sangre está causado por los Wahabíes que luchan contra sus compañeros árabes y asesinan a los seguidores Sunníes.

Si bien esos extremistas, con el apoyo de sus ricos patrocinadores han atacado a los Cristianos, Judíos, Shiíes y a otros “herejes”, son sus compañeros árabes Sunníes los que se han visto más asediados por esta doctrina exportada de odio. De hecho, no es el supuesto antiguo conflicto sectario entre Sunnies y Shiíes, sino la contienda entre el Wahabismo y la corriente principal del Islam la que tendrá profundas consecuencias para la región y más allá.

Si bien la invasión de Iraq liderada por EEUU en 2003 desencadenó la lucha que vemos actualmente, el principal impulsor de la violencia ha sido la ideología de odio promovida por Arabia Saudí, incluso si no era invisible a ojos occidentales hasta la tragedia del 11 de septiembre.

Los príncipes en Riad, la capital saudí, han estado desesperados para revivir el estatus quo de la región de los días del gobierno de Saddam Hussein en Iraq, cuando un represivo déspota, obteniendo riqueza y apoyo material de sus compañeros árabes y un Occidente crédulo, se oponía a la denominada amenaza iraní. Solo hay un problema: Saddam Hussein murió hace tiempo, y el reloj no puede volver atrás. Cuanto antes nuestros vecinos saudíes entiendan eso, será mejor para todos. Las nuevas realidades de nuestra región pueden incluso acomodar a Riad en caso de que los saudíes opten por cambiar sus actitudes.

¿Qué significaría ese cambio?

Durante las tres últimas décadas, Riad ha gastado decenas de miles de millones de dólares exportando el Wahabismo a través de miles de mezquitas y madrasas (escuelas religiosas) en todo el mundo. De Asia a África, y desde Europa a las Américas, esa perversión teológica ha hecho estragos. Como declaró un extremista kosovar al The Times: “Los saudíes cambiaron por completo el Islam de aquí con su dinero”. A pesar de que solo ha atraído a una mínima porción de los musulmanes, el Wahabismo ha tenido un impacto devastador.

Prácticamente todos los grupos terroristas abusan del nombre del Islam, desde Al-Qaeda y sus ramificaciones en Siria, el Boko Haram en Nigeria, han sido inspirados por este culto a la muerte. Hasta el momento, los saudíes han tenido éxito en inducir a sus aliados a seguir adelante con su locura, ya sea en Siria o el Yemen jugando la “carta iraní”. Eso sin duda va a cambiar, ya que aumenta la concienciación de que el patrocinio persistente del extremismo de Riad rechaza su pretensión de ser una fuerza de estabilidad.

El mundo no puede permitirse el lujo de sentarse y comprobar cómo los Wahabíes atacan, no solo a los Cristianos, Judíos, y Shiíes, sino también a los Sunníes. Con una gran parte de la región de Oriente Medio en el caos, existe un grave peligro de que los pocos focos de estabilidad se vean socavados por ese enfrentamiento del Wahabismo y la corriente Sunní mayoritaria del Islam.

Es necesario que haya una acción coordinada de las Naciones Unidas para cortar la financiación de las ideologías del odio y el extremismo, y la voluntad de la comunidad internacional de investigar los canales para el suministro del dinero y las armas.

En 2013, el Presidente Hassan Rohani propuso la iniciativa denominada “Un mundo contra la violencia y el extremismo” (WAVE).

Las Naciones Unidas deben aprovechar ese marco para fomentar un mayor diálogo entre las religiones y las sectas para contrarrestar ese fanatismo medieval peligroso.

 Los ataques en Niza, París y Bruselas deben convencer a Occidente de que la amenaza tóxica del Wahabismo no puede ser ignorada. Después de un año de noticias trágicas casi semanalmente, la comunidad internacional necesita hacer más que expresar indignación, tristeza y condolencias. Se necesita una acción concreta contra el extremismo.

Aunque gran parte de la violencia se comete en nombre del Islam, tiene su origen en el Wahabismo, y en modo alguno sugiero que Arabia Saudí no pueda ser parte de la solución. Más bien al contrario.

Invitamos a los gobernantes saudíes a dejar a un lado la retórica de la culpa y el miedo, y a unir las manos con el resto de la comunidad de naciones para eliminar el flagelo del terrorismo y la violencia que nos amenaza a todos.

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