El significado espiritual de la Ÿihad

El significado espiritual de la ÿihad
Seyyed Hossein Nasr
Vol. IX, No. 1 
And those who perform jihad for Us, We shall certainly guide them in Our ways, and God is surely with the doers of good. (Quran XXXIX; 69)
Tú has regresado de la guerra santa menor a la gran Guerra santa (Hádiz)
El término arábigo ÿihad, usualmente traducido en las lenguas europeas como Guerra santa, más en la base de su uso jurídico en el Islam que en sus muchos significados universales en el Corán y en los hádices, está derivada de la raíz ÿhd cuyo significado primario es esforzarse o ejercerse así mismo. Su traducción de la guerra santa, combinada con la noción errónea del Islam común en occidente como la “religión de la espada”, ha ayudado a eclipsar su significado interno y espiritual, distorsionado su connotación. No tiene aparición sobre el escenario de la historia durante el siglo pasado y, especialmente, durante los años previos de una selección de movimientos dentro el mundo islámico, que con frecuencia se enfrentan o aún se imponen el uno al otro utilizando la palabra ÿihad, o una de sus formas derivadas que ayudaron a hacer conocida la importancia total de su significado tradicional que por sí solo su uso aquí nos concierne. En lugar de las distorsiones recientes y aún la revocación total del significado de la ÿihad entendida a través de los años por los musulmanes, la ha hecho más difícil que antes para ganar la perspectiva dentro de este papel religioso y su concepto espiritual.        
Entender el significado espiritual de la ÿihad y su amplia aplicación a cada aspecto de la vida humana de acuerdo a lo que se entiende en el Islam, es necesario recordar que la base misma del Islam sobre la idea de establecer un equilibrio dentro del ser del hombre así como en la sociedad humana donde funciona y lleva a cabo los objetivos de su vida terrenal. Este equilibrio, que es el reflejo terrenal de de la Justicia Divina y la condición necesaria para la paz en el dominio humano, es la base sobre la cual el alma toma su lucha hacia esa paz que, en términos de uso cristiano, se denomina “entendimiento de paz”.  Si la moralidad cristiana ve el objetivo de la vida espiritual y su propia moralidad como base en la lucha vertical hacia esa perfección e ideal que está personificada en Cristo, el Islam la ve en el establecimiento de un equilibrio tanto externo como interno como la base necesaria para el ascenso vertical.
La estabilidad de la sociedad islámica sobre los siglos, la inmutabilidad de las normas islámicas encarnadas en la shari’ah, y el carácter eterno de la civilización islámica tradicional que es la consecuencia de su prototipo permanente e inmutable, son todas las reflexiones tanto del equilibrio como del ideal y su realización como son evidentes en las enseñanzas de la shari’ah (o Ley Divina) así como los trabajos de arte islámico, ese equilibrio que está inseparable del nombre del Islam como estar relacionado a la palabra salam que significa paz.
Sin embargo, la preservación del equilibrio en este mundo, simplemente no significa una pasividad estática o inactiva ya que la vida por naturaleza implica movimiento. En medio de las contingencias de un mundo de cambio de los efectos fulminantes del tiempo, de las vicisitudes de la existencia terrestre, permanecer en equilibrio requiere de esfuerzos continuos. Esto significa llevar a cabo la ÿihad en cada etapa de la vida. Lo que es la naturaleza del ser humano, dado a ser olvidadizo y a la conquista de nuestra alma inmortal por el alma carnal o de las pasiones, el mismo proceso de vida tanto individual como de la colectividad humana, implica el peligro presente de la pérdida del equilibrio y el hecho de caer dentro de un escenario de desequilibrio que si permitimos que continúe así llevará a la desintegración del nivel individual y del caos en la escala de la vida en comunidad. Para evitar este trágico final y cumplir con la visión del escenario humano el cual es la realización de la unidad (al-tawhid) o la integración total, los musulmanes como individuos y miembros de la sociedad humana deben realizar la ÿihad, eso es que deben esforzarse ellos mismos en todos los momentos de la vida para luchar una batalla tanto interna como externa, en contra de aquellas fuerzas que si no son combatidas, destruirán a la persona y el funcionamiento de la sociedad humana. Este hecho, especialmente es verídico si la sociedad es vista como una colectividad que carga las marcas de las Normas Divinas en lugar de argüir y oponerse a la unidad y a las fuerzas.          
El hombre es a la vez un ser espiritual y corporal, un micro-cosmos completo para él mismo; aún es el miembro de una sociedad dentro de ciertos aspectos de su ser desarrollado y ciertos de sus necesidades satisfechas. El ser humano posee a la vez una inteligencia cuya sustancia es en última instancia de carácter divino y de sentimientos que pueden velar su inteligencia o abrir su búsqueda por su propio Origen. En él están encontrados tanto el amor como el odio, la generosidad como la codicia, la compasión como la agresión. Además, hasta ahora han existido no solo una sino varias “humanidades” con sus propias normas religiosas y morales y sus grupos nacionales, étnicos y raciales con sus propios vínculos de afiliación. Como resultado, la práctica de la ÿihad aplicada al mundo de multiplicidad y las vicisitudes de la existencia humana en el mundo externo, ha llegado a desarrollar numerosas ramificaciones en los campos de la actividad política y económica y en la vida social llegando a tomar parte del nivel externo de la complejidad que caracteriza al mundo humano.
En su sentido más exterior, la ÿihad vino a significar la defensa de dar al-Islam; eso es, el mundo islámico, de la invasión y la intrusión de las fuerzas no islámicas. Las primeras guerras de la historia islámica que amenazaron la misma existencia de la joven comunidad llegaron a ser conocidas como la ÿihad por excelencia en este sentido exterior de la “guerra santa”. Sin embargo, fue al regresar de uno de estas guerras anticipadas, que fue de importancia primordial en la supervivencia de la recién comunidad religiosa establecida y por eso del significado cósmico, no obstante, el Noble Profeta (BPD) dijo a sus compañeros que ellos habían regresado de la guerra santa de menor grado a la gran guerra santa, la gran ÿihad es la batalla interior en contra de todas las fuerzas que prevendrían al hombre de vivir de acuerdo a la norma teosófica la cual es su primordial y naturaleza dada por Dios. En toda la historia islámica, la menor guerra santa ha resonado en el mundo islámico cuando en partes o en forma total ese mundo ha sido amenazado por las fuerzas internas y externas. Especialmente, este llamado ha sido persistente desde el siglo diecinueve con la llegada del colonialismo y la amenaza a la misma existencia del mundo islámico. Sin embargo, esto debe recordarse, que aún en tales casos cuando la idea de la ÿihad ha sido evocada en ciertas partes del mundo islámico, usualmente no ha sido una pregunta de la religión, simplemente autorizaciones de guerra pero que en el intento de una sociedad en el que la religión permanece como un asunto central para protegerse a sí misma de ser conquistada ya sea por fuerzas militares o económicas o por ideas de una naturaleza extranjera. Sin embargo, esto no significa que en algunos casos, especialmente en los tiempos recientes, los sentimientos religiosos no han sido usados o abusados para intensificar o legitimizar un conflicto. Pero para decir cuando menos, el mundo islámico no tiene un monopolio sobre este abuso como la historia de otras civilizaciones, incluyendo aún el occidente secularizado que lo demuestra con amplitud. Además, lo que es la naturaleza del ser humano, una vez que la religión cesa de ser de un significado central a una  colectividad humana particular, entonces los hombres luchan y se matan los unos a los otros por mucho menos temas exaltados que su fe celestial. Al incluir la pregunta de la guerra en su legislación sagrada, el Islam no condona pero limita la guerra y sus consecuencias como lo corrobora la historia del tradicional mundo islámico. 
En cualquier caso, la idea de la guerra total y las prácticas actuales de la exterminación de todas las poblaciones civiles no perdió una civilización cuyas religiones dominantes vieron la ÿihad en una luz positiva. En un nivel más externo, la ÿihad de menor grado también incluye el dominio socio-económico. Esto significa la reiteración de la justicia en el ambiente externo de la existencia humana empezando con el mismo hombre. Para defender los derechos de uno y su reputación, para defender el honor de uno mismo y el de la familia que es por sí misma una ÿihad y una obligación religiosa. Por eso es el fortalecimiento de todos aquellos vínculos sociales de la familia a toda la gente musulmana (al-ummah) en la que enfatiza la shari’ah. Para buscar la justicia social de acuerdo con los principios del Corán y, por supuesto, no con el sentido secular moderno es una manera de restablecer el equilibrio en la sociedad humana, eso es, de realizar la ÿihad, como es la economía constructiva del sector privado que proporcionó el bien estar de todas las personas para mantener en mente el bien estar material que no se convierte en un final por sí mismo; que proporcionándolo no se perdió la vista del versículo del Corán: “El otro mundo es mejor para ti que este”. Para olvidar la relación apropiada entre los dos mundos sería por sí misma un instrumento en traer el desequilibrio y sería un tipo de ÿihad invertida.
Todas esas formas externas de ÿihad quedarían incompletas y de hecho, contribuirían a una externalización excesiva del ser humano, si ellos no estuvieran complementados por la gran o interna ÿihad en la que el hombre debe realizar de forma continua dentro de sí mismo, para la nobleza del estado humano reside en la constante tensión entre lo que aparentamos ser y lo que realmente somos y la necesidad de trascender nosotros mismos en todo este viaje de la vida terrenal con el fin de convertirnos en lo que “somos”.
Desde el punto de vista espiritual, todos los “pilares” del Islam pueden ser vistos como que están relacionados con la ÿihad. La declaración fundamental, “No hay divinidad excepto Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah”, a través de las palabras con las que una persona que se convierte al Islam no solo las declaraciones sobre la Verdad son vistas en la perspectiva islámica, sino también como armas para la práctica del interior de la ÿihad. La misma forma de la primera declaración (en árabe La ilaha illa' Llah) cuando la caligrafía escrita en árabe es como una espada torcida con la que todos los demás son quitados de la Realidad Suprema, mientras todo eso es positivo en la manifestación que es regresada a esa Realidad. La segunda declaración es la deslumbrante reafirmación de la poderosa y majestuosa pendiente de todo eso que constituye en una manera positiva del cosmos, el hombre y la revelación desde esa Realidad Suprema. Para invocar las dos declaraciones en la forma del idioma sagrado en el que fueron revelados, es practicar la ÿihad interna y traer conciencia de quienes somos, de dónde venimos y cuál es nuestra última morada.
Las oraciones diarias (salat o namaz) que constituyen el corazón de los ritos islámicos, otra vez son una ÿihad interminable que interrumpe la existencia humana en un ritmo continuo en conformidad con el ritmo del cosmos. Para realizar las oraciones con regularidad y la concentración requiere el esfuerzo constante de nuestra voluntad y una batalla interminable y esfuerzo para alcanzar algo en contra del olvido, la disipación y la pereza. Es por sí mismo una forma de guerra espiritual.
Asimismo, el ayuno de Ramadán en el que uno viste la armadura de la pureza interna y el desapego contra las pasiones y las tentaciones del mundo exterior, requiere una piedad y una disciplina interna que no puede suceder excepto a través de una guerra santa interna. No es posible hacer el hayy en el centro del mundo islámico en Meca sin una larga preparación previa, sin un esfuerzo, sufrimiento frecuente y resistencia a los tiempos difíciles. Se requiere de un gran esfuerzo para que el Noble Profeta (BPD) haya dicho: “El hayy es la más excelente de todas las ÿihads”. Como el caballero en la búsqueda del Santo Grial, el peregrino a la casa del Amado debe engranar en una guerra espiritual cuyo final hace que todo sacrificio y todo tiempo difícil entre en un sentido, para realizar el hayy a la Casa de Dios implica que la persona que practica el encuentro interno de la ÿihad con el Maestro de la Casa, que también reside en el centro de esa otra Ka’aba que es el corazón.
Finalmente, la caridad del zakat o el impuesto religioso y el khums otra vez son una forma de ÿihad no solo ese que sale de la riqueza del hombre que debe luchar contra la codicia y la gula de su alma carnal, sino también es eso a través del pago del zakat y el khums en sus muchas formas que el hombre contribuye al establecimiento de la justicia económica en la sociedad humana. Aunque la ÿihad no es uno de los “pilares del Islam”, en un sentido reside dentro de todo de los otros “pilares”. Desde el punto de vista espiritual, de hecho todos los “pilares” pueden ser vistos a la luz de una ÿihad interna la cual es esencial en la vida del hombre desde el punto de vista islámico y que no se opone pero complementa la paz que resulta desde la contemplación del Único.                     
La gran estación de perfección en la vida espiritual, también puede ser vista a la luz de la ÿihad interior. Para ser indiferente de las impurezas del mundo con el fin de reposar en la pureza de la Presencia Divina, requiere una intensa ÿihad para nuestra alma que tiene sus raíces profundamente sumergidas dentro del mundo fugaz en la que el alma de los hombres caídos comete errores de verdad. Para vencer la apatía, la pasividad y la indiferencia del alma, cualidades que se han convertido en la segunda naturaleza del hombre como resultado de su olvido de lo que es, constituye asimismo una constante ÿihad. Para arrastrar los reinos del alma de disiparse a sí misma en la apariencia como resultado de sus tendencias centrífugas y regresarlas al centro donde reside la Paz Divina y toda la belleza que busca el alma; en vano del dominio de multiplicidad es nuevamente una ÿihad interna. Para fundir la dureza del corazón en una corriente fluyente de amor que abrazara a toda la creación en virtud del amor a Dios, es llevando a cabo el proceso alquimista de solve et coagula a través de un “trabajo” que no es otro más que una lucha interna y una batalla en contra de lo que el alma ha convertido para transformarlo en eso que “es” y que nunca ha cesado de ser si solamente se enterara de su propia naturaleza. Finalmente, para darse cuenta que lo único Absoluto es absoluto y solo uno mismo puede a la larga decir “yo” voy a realizar la suprema ÿihad de despertar el alma del sueño del olvido y permitirle ganar el conocimiento principal supremo para el bien de lo que fue creado. La ÿihad interna o la guerra vista espiritualmente y esotéricamente puede ser considerada de este modo, como la clave para el entendimiento de todo el proceso espiritual, y el camino para la realización del único que cae en el corazón del mensaje islámico visto en su totalidad. El camino islámico hacia la perfección puede ser concebido a la luz del simbolismo de la gran ÿihad, la cual el Profeta del Islam (BPD) que fundó este camino sobre la tierra, se refería a él mismo.
De la misma manera que con cada aliento que realizamos, el principio de vida que funciona en nosotros es independiente a nuestra voluntad en tanto que sea la voluntad de Dios quien nos creó, se ejerce así mismo a través de la ÿihad para inculcar vida dentro de todo nuestro cuerpo, en cada momento de nuestra vida consiente debemos buscar llevar a cabo la ÿihad, no solo en el establecimiento del equilibrio en el mundo, sino también en despertar a esa Realidad Divina que es la misma fuente de nuestra conciencia. Para el hombre espiritual, cada aliento es un recordatorio de que debe continuar la ÿihad interna hasta despertar de todo el sueño y hasta el mismo ritmo de su corazón resuene ese primordial Nombre sagrado por el que todas las cosas fueron hechas y a través del cual todas las cosas regresarán a su Origen. El Noble Profeta (BPD) dijo: “El hombre está dormido y cuando muere se despierta”. A través de la ÿihad interna, el hombre espiritual muere en esta vida con el fin de cesar todos los sueños, con el fin de despertar a esa Realidad que es el origen de todas las realidades, con el fin de contemplar esa Belleza de la que toda belleza terrenal es un reflejo pálido, y con el fin de lograr esa Paz buscada por todos los hombres pero que de hecho puede ser encontrada solamente a través de la ÿihad interior.
 
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