El Imam Al-Mahdi (P); Su existencia, ocultación, reaparición y la totalidad de su justicia

El Imam Al-Mahdi (P)
Su existencia, ocultación, reaparición y la totalidad de su justicia
Autor: S. Muhammad Baqir as-Sadr
Traducción: Rashid Busto marchante
Publicado por la Asamblea Mundial de Ahlul Bait (P)
Edición digital: Fundación Cultural Oriente
INTRODUCCIÓN
¿CÓMO EXPLICAR LA LONGEVIDAD DE AL-MAHDI?
EL MILAGRO Y LA LARGA VIDA
¿POR QUÉ QUERER PROLONGAR SU VIDA?
¿CÓMO HA TERMINADO LA FORMACIÓN DEL GUÍA?
¿CÓMO CREER QUE AL-MAHDI EXISTE REALMENTE?
¿POR QUÉ EL GUÍA NO HA REAPARECIDO?
¿PUEDE UN SOLO INDIVIDUO REALIZAR UN ROL TAN GRANDE?
¿CUÁL SEIÚA EL MÉTODO DE CAMBIO EL DIA PROMETIDO?
 
INTRODUCCIÓN
Al-Mahdi no es solamente la encarnación de una doctrina islámica de carácter religioso, sino también el tratamiento de una aspiración, que la humanidad ha suscrito en sus diferentes religiones y doctrinas, y la formulación de una aspiración innata a través de la cual todos los seres humanos, a pesar de la diversidad de sus doctrinas y la divergencias de sus caminos conduciendo al misterio, reconocen que la humanidad conocerá el Día Prometido cuando los Mensajes Divinos realicen su objetivo final revelando su significación grandiosa, y cuando la difícil marcha a través de la historia, desemboque en la estabilidad y en la tranquilidad tras tantos esfuerzos.
La consciencia del vencimiento inminente de ese día «metafísico» y de ese porvenir prometido, no es la propia de aquellos que creen religiosamente en el misterio; ella se extiende a otras categorías y ha encontrado también un eco en las ideologías y corrientes doctrinales, las más rebeldes a la metafísica y a los misterios, tal como el materialismo dialéctico, que explica la historia por las contradicciones y cree en la llegada de un Día Prometido en que desaparecerán todas esas contradicciones, para ceder el lugar al acuerdo y a la paz.
De esta manera, constatamos que la experiencia psicológica que la humanidad ha desarrollado de esta consciencia a través de la historia, es la mayor y la más generalizada de las experiencias de los seres humanos. Cuando la religión apoya ese sentimiento psicológico general de la venida de un día en que la tierra será cubierta de justicia y equidad, tras haber estado llena de injusticia y desigualdad, se confiere un valor objetivo y se erige (eleva) en una creencia firme en el porvenir de la humanidad, creencia que no es solamente una fuente de consolación, sino igualmente una fuente de fuerza e impulso inagotable, porque ella es un foco de luz que resiste a la desesperanza, brillando en el corazón del hombre a pesar de las tinieblas de los dramas y el gigantismo de la injusticia, pues el día prometido mostrará como la justicia puede afrontar un mundo impregnado de injusticia y desigualdad destruyendo sus pilares con el fin de reconstruirlos sobre una nueva base, consiguiendo que la injusticia, tan tiránica, tan poderosa y tan extendida no re-presente más que una anomalía condenada a desaparecer.
Esta derrota inevitable de la injusticia llega a encontrarse al so-metimiento de su gloria, devolviendo a todos los hombres y a todas las naciones víctimas de injusticias, una gran esperanza de poder modificar los «equilibrios» establecidos y reequilibrar la situación.
Si la idea de Al-Mahdi es anterior a la llegada del Islam y sobrepasa los límites de éste, sus detallados aspectos que el Mensaje islámico ha definido, son los más aptos a satisfacer la reunión de las aspiraciones ligadas a esta idea desde el alba de la historia, y los más exaltantes para los sentimientos de las víctimas de injusticias y los condenados de la tierra a lo largo de la historia. Pues el Islam ha transformado la idea del misterio en una realidad, y la ha conducido del futuro al presente.
Cuando no era más que una aspiración, la venida de un Salvador que este (bajo) mundo engendraría en un futuro lejano y desconocido, el Islam la ha transformado a una creencia en la existencia efectiva del Salvador que aspira, como todo el mundo, al Día Prometido cuando todas las condiciones objetivas serán reunidas para permitirle desarrollar su papel determinante.
Al-Mahdi no es sólo entonces una idea de la cual esperamos su nacimiento, ni una predicción a la realización a la que aspiramos, sino una realidad que queremos vivir y un hombre en carne y hueso que vive entre nosotros, que nos ve y en el que nosotros creemos, que vive nuestras esperanzas y nuestros dolores, que comparte nuestras tristezas y nuestras alegrías, que asiste con inquietud los suplicios de los afectados y la miseria de los miserables así como a las víctimas de la injusticia, esperando impacientemente el momento propicio que le permitirá tender la mano a todas las víctimas de los injustos, a todos aquellos que viven en la privación, a todos los miserables, poniendo término a las injusticias.
Dios ha querido que ese guía esperado no se manifestara en público, ni descubriera su vida a los demás aunque viva entre ellos y espere con ellos .el momento prometido.
Es evidente que la «idea» de Al-Mahdi, por sus aspectos islámicos, reduce el foso metafísico entre todas las víctimas de la in-justicia y el Salvador esperado, rehaciendo el puente que las une a él, cualquiera que sea la larga duración de la espera.
En cuanto a nosotros, cuando se nos pide creer en la idea de Al-Mahdi en tanto que hombre preciso y vivo, que vive como nosotros vivimos y que espera como nosotros esperamos, se nos quiere sugerir que la idea de rechazo absoluto a toda injusticia y a toda tiranía que él representa, está encarnada efectivamente por el Guía contestatario esperado que reaparecerá sin haber prestado Juramento de fidelidad a un injusto -como es mencionado en el hadiz-, y que creer en él, es creer y ajustar el paso a ese rechazo viviente que existe efectivamente.
En los hadices, se incita constantemente a la espera de la salvación y recomiendan a aquellos que creen en Al-Mahdi esperar su reaparición, pues dicha espera encarna el lazo espiritual o íntimo entre ellos y él. Tal lazo no podría existir si Al-Mahdi no se materializara efectivamente bajo su forma de hombre vivo contemporáneo.
Así, esta encarnación ha dado un nuevo impulso a la idea de Al-Mahdi, haciéndola una fuente de generosidad y de fuerza más poderosa. Por otro lado, todo contestatario se siente consolado, aliviado y sosegado de las penas y de la injusticia que soporta, cuan-do ve a su lmam y Guía probar y compartir -en tanto que hombre contemporáneo vivo como él y no como una simple idea futura- sus dolores.
Pero la personificación de la idea de Al-Mahdi ha suscitado al mismo tiempo, a los individuos que tenían dificultades en concebir esta idea, actitudes negativas. Ellos se preguntan, en efecto:
1. Si Al-Mahdi es la expresión de un hombre siempre vivo a través de las generaciones y desde más de diez siglos, continuando así hasta su reaparición, ¿cómo explicar una tal longevidad y cómo podría escapar a las leyes de la naturaleza que imponen a todos los hombres pasar por la etapa de la vejez y senilidad en un lapso de tiempo infinitamente más corto, etapa que le conduce irremediablemente a la muerte? Tal longevidad, ¿es posible en el plano de la realidad?
2. ¿Por qué Dios tomaría tanto cuidado de este hombre en particular, suspendiendo en él la ley de la naturaleza?, ¿por qué haría lo imposible para prolongar su vida guardándola para el Día Prometido?, ¿acaso la humanidad alcanza tal esterilidad quede es imposible engendrar a los dirigentes competentes?, ¿por qué Dios no confiaría el Día Prometido a un guía que naciera al alba de este día, que creciera como todo el mundo y que jugara progresivamente su rol hasta que llenara la tierra de justicia e igualdad, después que estuviera repleta de injusticia y desigualdad?
3. Si Al-Mahdi es el nombre de una persona precisa, en este caso el hijo del 11mo lmam de los Ahlul Bait (Gentes de la Casa, la familia del Profeta) nacido el año 256 de la Hégira, algunos años antes de la muerte de su padre en el 260 h., ello significa que era todavía un niño de apenas cinco años cuando murió su padre, y que a esta edad no pudo recibir de su padre una formación religiosa e intelectual completa; ¿cómo pudo entonces completar su formación en vistas a desarrollar intelectual, religiosa y científicamente su importante rol?
4. Si este Guía estaba ya formado y dispuesto a asumir su misión, ¿por qué esperar cientos de años? Las calamidades y desastres sociales que el mundo ha conocido ¿no constituirían una razón suficiente para que reaparezca y haga reinar la justicia sobre la tierra?
S. Y aún, si suponemos que Al-Mahdi pueda existir, ¿cómo podríamos creer en él?, ¿puede el hombre creer en el fundamento de una hipótesis de ese género, sin basarse en una prueba científica o legítimamente incontestable? Algunos hadices atribuidos al Profeta de los cuales no se conocen su autenticidad, ¿son suficientes para admitir la hipótesis en cuestión?
6. ¿Cómo concebir que se ha preparado para el Mahdi ese colosal rol, determinante en la vida del mundo, cuando un individuo, por extraordinario que sea, no puede solitariamente hacer la historia ni llevarla hacia una fase nueva, siendo las circunstancias objetivas y sus contradicciones las que hacen madurar los granos y excitan el fuego del movimiento de la historia y no la grandeza del individuo, la cual no puede proponerse más que ser la fachada de dichas circunstancias y la expresión práctica de las soluciones que necesitan?
¿De qué forma este individuo podría realizar la considerable transformación y la victoria decisiva de la justicia y del mensaje de la justicia sobre todas las entidades de la injusticia, de la desigualdad y de la tiranía, las cuales poseen tanto poder e influencia y disponen de otros tantos medios de destrucción y aniquilamiento, tantos recursos científicos, tanta autoridad política, social y militar?
'Esas preguntas pueden plantearse a menudo, de una forma u otra. Sus verdaderos motivos no son únicamente de orden especulativo, sino también de orden psicológico. Lo que las suscita es el prestigio de la realidad que prevalece en el mundo y el sentimiento de tener poca suerte y poderla cambiar radicalmente. Y en tanto esta realidad que domina nuestro mundo suscite en nosotros este sentimiento, las dudas se refuerzan y las interrogaciones se multiplican. Así, el sentimiento de derrota, de oscuridad y de debilidad conduce al hombre al agotamiento psicológico desde que se dispone a pensar en el proceso de una gran transformación, con vistas a despojar el mundo de todas las condiciones y de todas las injusticias que hacen estragos a lo largo de la historia, y darle un contenido nuevo, basado en el bien y la justicia. Asimismo, su fatiga le incita a dudar de la posibilidad de ver esa gran transformación materializarse, impidiéndole esforzarse en apoyarla por una razón u otra.
En la continuación, responderemos, en los límites que esta breve exposición nos permita (recordemos que este libro originalmente, es el resumen de un exhaustivo estudio sobre AI-Mahdi), a cada una de las preguntas anteriores.
¿CÓMO EXPLICAR LA LONGEVIDAD DE AL-MAHDI?
O en otros términos, ¿es posible que un hombre pueda vivir varios siglos como ese gran Guía del que se espera que cambie el mundo, censado en edad en más de 1.140 años, es decir, 14 veces más que un hombre ordinario que cruza todas las fases normales de la vida, desde la infancia hasta la vejez?
La palabra posibilidad puede significar aquí, bien una posibilidad práctica (aplicada), bien una posibilidad científica, o bien una posibilidad lógica o racional. Por posibilidad práctica entiendo: lo que es realizable para las gentes como ustedes o como yo, o para todo hombre ordinario como nosotros.
Así, viajar a través del océano, alcanzar el fondo del mar, subir hasta la Luna... todo ello ha resultado ser en efecto realizable, pues hay gente que realmente lo hace, de una forma u otra.
Por posibilidad científica entiendo las cosas que las gentes, como ustedes y yo, no podrían poner en aplicación con los medios que dispone la humanidad contemporánea, pero cuya posibilidad de realización -en ciertas condiciones y con los medios especiales-, no puede ser descartada por la ciencia y sus orientaciones cambiantes.
Así, nada en la ciencia autoriza rechazar la posibilidad para el hombre de subir hacia el planeta Venus no es más que una cuestión de grado, sin representar más que el allanamiento de algunas dificultades suplementarias, debidas al suplemento de distancia entre el primero y el segundo planeta. Pues subir hasta Venus es posible científicamente, aunque no lo sea efectivamente. Por lo contrario, alcanzar el Sol, en pleno cielo, no es posible científicamente, es decir que la ciencia no tiene la esperanza de llegar a él, pues no se puede concebir científicamente ni experimentalmente, la posibilidad de fabricar la coraza protectora capaz de resistir .el calor del Sol), que representa una hoguera encendida al mayor grado que el hombre pueda imaginar.
Por posibilidad lógica o filosófica, entiendo aquella que la razón no puede rechazar según las leyes que ésta percibe «a priori».
Así, no se sabría dividir lógicamente tres naranjas en dos partes iguales, a la vez y sin fracción, pues la razón percibe previamente a toda experiencia, que el número tres es impar y no par, y que no puede ser dividido en dos partes iguales, cuando necesitaría ser par; de otra forma ese número sería a la vez par e impar, lo que es contradictorio; o la contradicción es lógicamente imposible.
No obstante, no es imposible, según la lógica, que el hombre pueda atravesar el fuego o subir al Sol sin abrasarse por el calor, pues no hay contradicción en la suposición de que el calor no pase del cuerpo más caliente al cuerpo menos caliente; aunque esta su-posición es contraria a la experiencia, la cual demuestra la transmisibilidad del calor del cuerpo más caliente hacia el cuerpo menos caliente, hasta que ambos cuerpos resultan a una temperatura igual.
- De lo que precede se puede concluir que la esfera de la posibilidad lógica, es más amplia que la de la posibilidad científica, y ésta a su vez es más amplia que la de la posibilidad práctica.
En lo que concierne a la posibilidad de una longevidad extendiéndose en varios miles de años, es lógicamente concebible, pues desde el punto de vista racional abstracto, no es contradictoria, dado que la vida, en tanto que concepto, no comporta una muerte rápida, y ello es indiscutible.
Igualmente, es indiscutible que esta larga vida no es posible en el plano práctico, ni sabría ser identificada a la posibilidad de descender al fondo del mar o de subir a la Luna; porque la ciencia, en el estado que se encuentra actualmente, y por los medios e instrumentos que dispone efectivamente hasta el presente, no puede prolongar la vida del hombre en varios centenares de años. La prueba es que las gentes, las más apegadas a la vida y las más calificadas para servirse de las posibilidades de la ciencia, no pueden gozar de una vida más larga que la normal.
En cuanto a la posibilidad científica de tal longevidad, nada en la ciencia permite rechazarla teóricamente. De hecho, se trata aquí de un problema en relación con la calidad psicológica del fenómeno de la senilidad y la vejez en el hombre: ese fenómeno que se traduce en una ley natural que impone a los tejidos y a las células del hombre un desgaste progresivo, y una regresión del funcionamiento, una vez que alcanzan el término de su desarrollo máximo, que lleva a un paro total de toda actividad.;.. ¿Aún si estuvieran al abrigo de toda influencia exterior? O bien, este desgaste y esta regresión en los tejidos y las células del cuerpo, ¿derivan de una lucha que opone a éste con los factores exteriores, tales como los microbios o el envenenamiento que le seguirían tras una nutrición excesiva, de un trabajo excesivo, o de cualquier otro factor?
Esta es una pregunta que la ciencia se plantea hoy día y a la cual se propone aportar respuestas serias y numerosas. Si nos atenemos al punto de vista científico que tiende a interpretar vejez y senilidad como el resultado de una lucha o de un contacto entre el cuerpo y los factores exteriores determinados, debemos admitir que es posible teóricamente que los tejidos del cuerpo puedan continuar viviendo, sobreviviendo al fenómeno de la vejez, venciéndola definitivamente si se previene ponerlos al abrigo de esos factores.
Y si tomamos en consideración otro punto de vista científico, aquel que tiende a suponer que la vejez es una ley natural inherente a las células y a los tejidos vivientes -es decir, que éstos llevan sustancialmente el germen de su perecimiento inevitable, pasando por la fase de vejez y senilidad para terminar en la muerte-, nada nos impide excluir la inflexibilidad de esta ley. Si suponemos que esta ley es coherente, pensamos que es seguramente también flexible. Porque, tanto en nuestra vida habitual como a través de las observaciones de los sabios en los laboratorios científicos, se puede remarcar que la vejez, en tanto que fenómeno fisiológico, es atemporal: puede sobrevenir prematura o tardíamente. Tampoco es extraño de ver a un hombre de avanzada edad que posee los miembros ágiles y en estado de juventud, como lo afirman los propios médicos. Los sabios también han podido aprovecharse de la flexibilidad de esta ley para prolongar la vida de ciertos animales en cientos de veces su longevidad ordinaria, creando las condiciones y los factores que retrasan el efecto de la ley de la vejez.
Luego está establecido por la ciencia, que los efectos de esta ley pueden ser científicamente retrasados gracias a la creación de condiciones y factores particulares, aunque la ciencia no haya podido, hasta el presente, aplicarlo sobre seres tan complejos como el hombre. La diferencia entre la posibilidad científica y la aplicación efectiva, se traduce en este caso en una diferencia de grado de dificultad entre la aplicación (de esta posibilidad) sobre el hombre y su aplicación sobre otros seres vivos. Ello indica que en el plano teórico, la ciencia y sus orientaciones móviles, no tienen nada que les permita rechazar la posibilidad de prolongar la edad del hombre, y también si interpretamos la vejez como el producto de una lucha y de contactos entre las células humanas y los factores exteriores, o la emanación de una ley natural inherente a la propia célula, ley que la condene a encaminarse hacia el aniquilamiento.
Se puede pues concluir que la prolongación de la longevidad humana en varios siglos, es posible lógica y científicamente, aunque no lo sea todavía en el plano de la aplicación, aun cuando ' la orientación científica se dirige hacia la realización de esta última posibilidad a largo término.
A la luz de esas premisas, abordaremos a continuación la cuestión de la edad de Al-Mahdi, y la sorpresa y la interrogación que levanta. Habiendo demostrado la posibilidad científica y lógica de tal longevidad, así como la dirección de la ciencia hacia la traducción progresiva de esta posibilidad teórica a otra realizable y aplicable , la sorpresa nos parece que no tiene más razón de ser, salvo en lo que concierne a la dificultad de admitir que Al-Mahdi ha precedido a la ciencia, transformando la posibilidad teórica en posibilidad real, por medio de su propia persona y antes de que la ciencia alcance el nivel requerido para poder efectuar realmente esta transformación, pues ello equivaldría a decir que alguien se ha adelantado a la ciencia en el descubrimiento del cáncer y la meningitis.
Si el problema reside en la cuestión de saber cómo el Islam –que, ha planificado esta longevidad de Al-Mahdi-, ha podido avanzar al movimiento científico en lo que concierne a esta transformación (de la posibilidad teórica a posibilidad real), la respuesta es la siguiente: El Islam no sólo ha precedido al movimiento cien-tífico en este dominio, sino en muchos otros también.
¿No ha lanzado postulados que han servido de planes de acción que la marcha independiente de la humanidad no habría podido concebir hasta varios siglos más tarde?
La Sharia (legislación islámica revelada), en su conjunto, ¿no ha atrasado en varios siglos al movimiento de la ciencia y del desarrollo natural del pensamiento humano?
¿No aportó las legislaciones llenas de sabiduría cuyos secretos no han podido ser «cogidos» hasta hace poco tiempo? ¿No ha desvelado el Mensaje Divino los secretos del Universo que no podrían aflorar en el espíritu de nadie, y que la ciencia ha terminado por reconocer? Si creemos en todos estos hechos, ¿por qué excluiremos que Dios pueda adelantar a la ciencia en lo que concierne a la longevidad de un hombre, en este caso Al-Mahdi? No se trata más que de manifestaciones de pre-ciencia que podemos percibir directamente. Se pueden añadir otros ejemplos que el Mensaje Divino nos ha revelado. Así, éste nos relata como el Profeta fue transportado durante una noche desde la Mezquita de Medina a la Mezquita Al-Aqsa en Palestina. Si queremos comprender este suceso en el cuadro de las leyes naturales, necesitará seguramente para la aplicación de éstas varios cientos de años antes que la ciencia pueda alcanzarlo. Pues la misma experiencia divina que ha permitido al Profeta desplazarse tan rápidamente, bien antes que la ciencia pueda lograr tal hazaña, ha permitido igualmente al último de los sucesores Pre- designados del Profeta (el Imam Al-Mahdi), tener una vida prolongada antes que la ciencia no ponga en aplicación dicha posibilidad.
Ciertamente, esta larga vida que Dios ha acordado al Salvador Esperado parece extraordinaria hasta hoy, en relación a la realidad de la vida de las gentes y a las experiencias de los sabios. Pero el rol transformador decisivo para el cual ese Salvador está preparado, no es tan extraordinario .en comparación con la vida familiar y ordinaria, y las diversas evoluciones históricas que la humanidad ha vivido. ¿No está encargado él justamente de transformar el mundo y de reconstruir su estructura de civilización sobre los principios del bien y de la justicia? ¿Por qué asombrarse del hecho que la preparación de ese rol extraordinario sea acompañado de ciertos fenómenos extraordinarios e inhabituales, como la larga vida del Salvador Esperado? Tan extraordinario e inhabitual que pueda aparecer ese fenómeno (la longevidad de Al-Mahdi), no es mucho más extraño que el rol extraordinario en sí, que el Salvador debe realizar el Día Prometido.
Si admitimos la posibilidad de este gran rol, único en su género en la historia de la humanidad, ¿por qué no admitiríamos una longevidad que no tiene parecido en nuestra vida habitual?
No sé si es por pura coincidencia que los dos únicos hombres encargados de vaciar a la humanidad de su contenido corrompido y reconstruirla, fueran dotados de una longevidad sin mesura común con la naturaleza. El primero fue Noé que jugó su rol en el pasado de la humanidad y del cual el Corán dice que vivió «mil menos cincuenta años» entre su pueblo, y que gracias al diluvio, pudo reconstruir el mundo. El segundo es Al-Mahdi, que ha vivido hasta el presente más de mil años entre su pueblo, y que deberá jugar el rol de reconstruir el mundo, en el porvenir de la humanidad, en el Día Prometido.
¿Por qué aceptar a Noé que vivió casi mil años y rechazar Al-Mahdi?
EL MILAGRO Y LA LARGA VIDA
Hasta ahora, establecimos que la larga vida es científicamente posible. Pero supongamos que no lo fuera (en el plano científico) y que la ley de la vejez y caducidad resultara rigurosa, que la humanidad no pudiera modificarla, ni cambiarle las condiciones y las circunstancias, ni hoy ni a largo término. En este caso, ¿qué significa la larga vida de Al-Mahdi?
Significa que la larga vida de un hombre -Noé o Al-Mahdi-extendida en varios siglos, es un desafío a las leyes naturales cuya demostración es hecha por la ciencia y los medios modernos de la experiencia y la inducción.
De ello se deduce que ese fenómeno es considerado como un milagro, haciendo caduca una ley natural en un caso particular, con el fin de permitir preservar la vida de una persona encargada de salvaguardar el Mensaje Divino, y que ese milagro no es ni único en su género, ni extracto en la doctrina musulmana proviniendo del texto coránico o de la Sunna. Pues, de hecho, la ley de la vejez y la senilidad, no es más rígida que la ley de la transmisión del calor de un cuerpo más caliente a otro menos caliente, hasta que su temperatura sea igual, ley que fue revelada para proteger la vida de Abraham en el momento que ese medio era el único adecuado para lograrlo.
Así, cuando Abraham fue lanzado al fuego:
«Dijimos: "Oh fuego, sé sobre Abraham frío y seguridad"», saliendo indemne de él. Muchas otras leyes naturales fueron sus-pendidas para proteger la vida de los Profetas y de los Apóstoles de Dios sobre la berra. Es el caso de cuando Dios partió el mar para Moisés, o cuando hizo creer a los romanos que había detenido a Jesús cuando no lo habían hecho, o cuando salió el Profeta Muhammad en su misión sin descubrirlo sus enemigos Quraishitas que cercaban su casa y la guardaban vigilantes, esperando el momento propicio para atacarle.
Todos estos ejemplos traducen la suspensión de las leyes naturales, en vistas a proteger a alguien cuya vida quiere preservar la Providencia.
¿Qué ley de la vejez se encuentra entre esas leyes?
De todo lo que precede, podríamos deducir un concepto o una regla general en virtud de la cual, cada vez que la salvaguarda de la vida de un enviado de Dios sobre la tierra depende de la suspensión de una ley natural, y que el mantenimiento de la vida de ese individuo es necesaria en la realización de una misión que le ha sido confiada, la Providencia interviene para suspender esta ley, con el fin de permitir el cumplimiento de esta misión. E inversamente, cuando la misión de un individuo -a la cual Dios lo ha predestinado- ha terminado, éste, fallece naturalmente o martirizado según las leyes de la naturaleza.
A propósito de esta regla general, se podría poner la cuestión siguiente: ¿cómo puede ser suspendida una ley, y cómo puede ser cortada la relación necesaria que se establece entre los fenómenos naturales? Tal suposición, ¿no contradice la ciencia que ha descubierto dicha ley natural y determinado dicha relación necesaria, sobre una base experimental e inductiva?
La respuesta a estas preguntas se abastece por la propia ciencia que ha renunciado a la idea de la necesidad en la ley natural. Expliquémoslo a continuación. La ciencia descubre las leyes naturales sobre la base 'de la experiencia y la observación regular. Cuando el suceso de un fenómeno es seguido siempre de otro fenómeno, se deduce de esta sucesión regular una ley natural, estipulando que cada vez que un fenómeno aparece, otro debe seguirle. Pero la ciencia no supone la existencia, en esta ley, de una relación necesaria entre los dos fenómenos e inherente en el uno y el otro; porque la necesidad es un estado metafísico que no pueden descubrir ni la experiencia ni los medios de investigaciones científicas e inductivas. Asimismo, la lógica científica moderna afirma que la ley natural -en cuestión- aunque definida por la ciencia, no estipula la existencia de una relación necesaria, sino solamente de una concomitancia constante entre dos fenómenos.
Pues si se produce un milagro que separa los dos fenómenos de una ley natural, no se trata de una ruptura de una relación necesaria entre los dos fenómenos.
En realidad, el milagro en su aceptación religiosa resulta más comprensible a la luz de la lógica científica moderna, que según el punto de vista clásico de las relaciones causales. Porque dicho punto de vista clásico suponía que cada vez que la concomitancia entre dos fenómenos era constante, había forzosamente una relación de necesidad entre ellos. O la necesidad significa aquí, la imposibilidad de separar los dos fenómenos el uno del otro. Pero esta relación se ha transformado, en la lógica científica moderna, en ley de concomitancia o de sucesión constante entre los dos fenómenos, que no supone la existencia de la necesidad metafísica.
De esta forma, el milagro es un caso excepcional en esta constancia en la concomitancia o la sucesión, sin chocarse en una necesidad ni conducir a una imposibilidad.
Pero a la luz de los fundamentos lógicos de la inducción, estamos de acuerdo con el punto de vista científico moderno, según el cual la inducción no demuestra una relación de necesidad entre los dos fenómenos; no obstante, estimamos que ella indica la existencia de una explicación común en la constancia de la concomitancia o de la sucesión continuada entre los dos fenómenos. Esta explicación común puede ser formulada tanto sobre la base de la suposición de una necesidad intrínseca, como sobre la de una sabiduría conducida por el Regulador del Universo, uniendo continuamente ciertos fenómenos a otros, y que necesita a veces la excepción; en cuyo caso el milagro se produce.
¿POR QUÉ QUERER PROLONGAR SU VIDA?
Abordaremos ahora la segunda cuestión: ¿por qué Dios mantiene a este hombre en particular, hasta el punto de suspender por él las leyes de la naturaleza? ¿Por qué la dirección del Día Prometido no sería confiada a un individuo que el futuro engendrara, cuando las circunstancias en este día estuvieran maduras para surgir sobre la escena y realizar el rol que se espera de él? En una palabra: ¿por qué esta larga desaparición y cuál es su justificación?
Muchas gentes se preguntan estas cuestiones sin atender una respuesta que recoge la metafísica. Ciertamente, para nosotros la respuesta es evidente: nosotros creemos que los doce Imanes constituyen un conjunto soldado del cual ninguna parte puede ser remplazada. Pero para quienes reclaman una explicación sociológica de esta cuestión, explicación basada sobre las verdades tangibles de la gran operación de cambio que Al-Mahdi deberá desarrollar el Día Prometido, y las exigencias concretas de éste, dejaremos de lado provisionalmente nuestra creencia en las características de este conjunto de doce Imames infalibles -del que forma parte Al-Mahdi-, y abordaremos la cuestión de la forma siguiente: en la medida en que dicha operación de cambio puede explicarse ella misma a la luz de las leyes y las experiencias de la vida, nos queda saber si la prolongación de la edad del dirigente que deberá conducirla, constituye uno de los factores de su éxito y correcto desarrollo.
Respondemos afirmativamente a esta cuestión por muchas razones: el gran cambio radical necesita que su dirigente esté en un estado psicológico excepcional favorable, en el cual pruebe un sentimiento de superioridad frente a las entidades orgullosas que Dios le ha preparado destruir, reemplazándolas por una civilización nueva y un mundo nuevo. Porque, más la civilización que el guía combate le parece banal y más sea consciente que ésta no forma más que un punto ínfimo en la larga trayectoria de la civilización humana, más apto psicológicamente se siente para afrontarla, resistir y seguir su lucha contra ella hasta la victoria.
Es claro que la fuerza de ese sentimiento debe ser proporcional a la de la entidad y de la civilización que se quiere cambiar: más sólida sea esta entidad, y más enraizada y orgullosa sea esta civilización, más fuerte debe ser este sentimiento. Dado que el mensaje del Día Prometido viene a cambiar radicalmente un mundo impregnado de injusticia y desigualdad, así como todos sus valores .de civilización y sus diferentes entidades, es natural que ese mensaje exija un ejecutor cuya voluntad de cambio sea más fuerte que el mundo a cambiar, y que no haya nacido bajo la civilización que se quiere reemplazar en una civilización de justicia y rectitud. De otra forma, un ejecutor que ha crecido en el seno de una civilización enraizada cubriendo el mundo de su poder, de sus valores y de sus ideas, experimenta hacia ella un sentimiento de inferioridad dado que ha nacido bajo su reino, que la vio muy grande desde que era demasiado pequeño, y que no veía más que sus diferentes aspectos desde que había abierto los ojos. Por lo contrario, es otra situación para alguien -como Al-Mahdi- que se hundió en las profundidades de la historia y ha vivido el mundo antes que esta civilización hubiera visto la luz, alguien que ha visto las grandes civilizaciones reinar sobre el mundo la una tras la otra, para derrumbarse cada una tras la otra; alguien que, tras haber visto todo esto por sus propios ojos y no a través de los libros de historia, y vivido todas las fases de formación de esta civilización (que el destino ha querido hacer el último capítulo de la historia, la cual debe acabar llegando al Día Prometido), después que asistió en su nacimiento en forma de pequeños gérmenes casi invisibles, en su primera fase de formación en las entrañas de la sociedad humana, aguardando la ocasión para salir y desarrollarse; en su fase de desarrollo cuando comenzó a crecer y a ensayar de arrastrarse tropezando ,en fin ,en su fase de enderezamiento, cuando prosperaba y tendía hacia el gigantismo y la dominación sobre el destino del mundo entero. Sí, un individuo que ha vivido con una sagacidad y una lucidez perfectas todas estas fases, que ha vivido tangiblemente y no a través de los libros de historia, la larga extensión histórica. No considera ese gigante ni como ineludible ni a la manera de J. Rousseau viendo la monarquía en Francia (Se dice que Rousseau se sentía horrorizado con la idea de una Francia sin rey, aun cuando él fue uno de los grandes pensadores y filósofos que llamaban a desarrollar la situación política en vigor en aquella época, habiendo vivido y crecido bajo la monarquía). Contrariamente a Rousseau, el hombre cuyas raíces se hunden en la historia, al prestigio y a la fuerza de ésta; y el puro sentimiento de la entidad y la civilización que le rodean, son producto de un día de la historia en el que las circunstancias propicias favorecieron su nacimiento, volviendo otro día en que otras circunstancias las borrarán del mapa y desaparecerán todos sus trazos del pasado próximo y lejano, y en que la edad histórica de las civilizaciones y las entidades, tan larga sea, no constituye más que días contados en relación a la larga vida de la historia.
¿Han leído la sura de la «Cueva» que relata la historia de esos jóvenes a quienes Dios «aumentó la guía» después que habían creído en El?
¿Conocen que les hizo Dios cuando cayeron en la desesperanza y la dejadez tras haber chocado con una entidad gobernante pagana, impía y determinada a sofocar cualquier intento de unicidad, refugiándose en la gruta para implorar a Dios y resolver su problema, desesperados para hallar una solución, e indignados de ver lo Falso continuando en el gobierno persistiendo en la injusticia, y eliminando al que buscara lo verdadero? Dios les durmió durante 339 años en esta gruta; después les despertó y devolvió a la vida -después que la entidad que les había encarcelado a la fuerza e injustamente, hubo desaparecido y llegaran a un futuro sin revueltas ni turbaciones para nadie- y todo ello, para que esos jóvenes asistieran a su fin y constataran su banalidad.
Si los jóvenes de esa gruta pudieron asistir a dicha escena en este suceso excepcional que prolongó su vida 300 años, la misma cosa puede realizarse para el Guía Esperado, a través de una larga vida que le permitirá ver al gigante desde que éste no era más que un grano, ver el ciclón desde que éste no era más que una brisa.
Por otro lado, la experiencia que el Guía del Día Prometido adquiere asistiendo al proceso de tantas civilizaciones sucesivas y observando directamente su movimiento y su desarrollo, juega un rol importante en la formación intelectual de ese Guía, así como en la experiencia futura que debe desarrollar, poniéndole en contacto con muchas situaciones que comportan los puntos fuertes y los puntos débiles, los errores y las pertinencias, y confiriéndole una mayor capacidad de apreciar los fenómenos sociales, siendo perfectamente consciente de sus causas y de sus compromisos históricos.
La operación de cambio asignada al Guía Esperado, reposa sobre un mensaje determinado, en este caso, el Islam.
Es, pues, natural que esta operación exija un dirigente próximo a las primeras fuentes del Islam y con una personalidad forjada independientemente al abrigo de todas las influencias de la civilización que ha sido destinado a combatir. Pues un individuo que nace y crece en el seno de dicha civilización, y cuyas ideas y sentimientos se forman en su cuadro, generalmente no sabría desembarazarse de las secuelas y los impactos que deja sobre él, aun cuando esté decidido a llevar un combate de cambio contra ella.
Para que un líder destinado a realizar una batalla de cambio en una civilización sin estar bajo su influencia, necesitaría que su personalidad estuviera completamente formada en una fase de civilización anterior y más o menos próxima -en el espíritu general y en el principio- de aquella que debe ser instaurada bajo su dirección, el Día Prometido.
¿CÓMO HA TERMINADO LA FORMACIÓN DEL GUÍA?
Se trata de responder a continuación, la tercera cuestión de la serie: ¿cómo se pudo acabar (completar) la formación del Guía Esperado, cuando no vivió cerca de su padre, el Imam al-Askari, más que hasta la edad de cinco años apenas, es decir durante la primera infancia que no basta normalmente para madurar su personalidad?
La respuesta es que Al-Mahdi fue lmam de los musulmanes sucediendo a su padre a una edad muy temprana. Además, no podría acceder a esta dignidad (el Imamato) sin desarrollar las cualidades intelectuales y espirituales requeridas.
Destaquemos a este respecto que el Imamato prematuro fue un fenómeno corriente en sus parientes, dado que muchos de ellos lo conocieron antes que él.
Así el Imam Muhammad lbn Ali al-Yawad se responsabilizó de esta dignidad a la edad de 8 años; el imam Alí lbn Muhammad al-Hadi, a la edad de 9 años; el Imam Abu Muhammad al-Hassan al-Askari, el padre del Guía Esperado, a la edad de 22 años.
Decimos «Fenómeno» del Imamato, pues éste había tomado, bajo algunos de los parientes de Al-Mahdi, una significación concreta y práctica que los musulmanes han vivido en su experiencia con esos Imames. También es absurdo buscar la prueba o la demostración de un fenómeno tan evidente y claro como experiencia de toda una nación.
Nos explicaremos a través de los puntos siguientes:
A. El Imamato de los Imames de Ahlul-Bait no constituía un centro de poder e influencia transmitido hereditariamente de padres a hijos, y sostenido por un gobierno, como fue el caso de los Fatimidas y de los Abasidas. Lejos de eso, el lmam obtenía la confianza de las bases populares penetrándolas espiritualmente y convenciéndolas intelectualmente del mérito de su imamato, y de acuerdo a su aptitud en guiar y dirigir a la Umma sobre las bases espirituales e intelectuales.
B. Esas bases populares se han formado desde la primera época del Islam y se extendieron y ampliaron bajo los imamatos de Al-Baqir y de su hijo As-Sadiq. La escuela que esos dos Imames han dirigido entre esas bases, constituye una corriente intelectual extensamente repartida en el mundo islámico, comprendiendo cien-tos de faquihs, teólogos y sabios especialistas en los diversos dominios del saber musulmán y humano. A este propósito, Al-Hassan lbn Al-Washa dijo:
«Entré en la mezquita de Al-Kufa y vía novecientos sheijs que citaban todos a Ja'far lbn Muhammad».
C. Las condiciones que esta escuela representativa de bases populares en la sociedad islámica ponía en la nominación de un Imam y asegurarse de su cualificación y competencia para tal puesto, eran muy severas, pues creían que un lmam no merecía ese título, excepto si era el más sabio de los sabios de su época (Recordemos que la palabra Imam significa, etimológicamente, aquel que camina delante, y por extensión, el guía que se imita).
D. La escuela y sus bases populares han ofrecido grandes sacrificios para poder defender su fe en el Imamato , pues éste representaba para el Califato (el poder oficial) de la época, un peligro que amenazaba su concepto, sobre todo en el plano ideológico; y es lo que condujo a las autoridades en organizar regularmente las campañas de liquidación y persecución contra los adeptos de esta escuela, los cuales serían asesinados, encarcelados o extendidos por centenares en las tinieblas de las prisiones. Ello significa que creer en el Imamato de Ahlul Bait costaba caro a sus adeptos, sin ofrecérseles como recompensa más que el supuesto acercamiento a Dios.
E. Los Imames a los cuales esas bases han jurado fidelidad no estaban distanciados de sus partidarios, ni enclaustrados en las torres de marfil como Jo hacen los sultanes con sus pueblos. No se separaban de ellos más que cuando las autoridades les alejaban, encarcelándolos o desterrándolos. Se puede constatar la existencia de esos contactos permanentes entre los Imames y sus adeptos, a través de sus correspondencias, a través de las visitas que los fieles hacían los Imames cuando iban a Medina durante la estación de la peregrinación, a través de los viajes que los Imames efectuaban, a través de los representantes que enviaban a las cuatro esquinas del mundo islámico. Un gran número de relatores y transmisores de hadiz mencionan los diversos contactos que muestran como había un intercambio constante entre cada Imam y sus bases ramificadas a través de las diferentes regiones de la nación musulmana y las diferentes categorías sociales.
F. El Califato contemporáneo de los Imames, consideraba a éstos y su autoridad espiritual como una fuente de peligro para su entidad y su poder. Es por ello que hizo todo lo posible para mantener su autoridad y conducido a cometer excesos mostrándose cruel y tiránico, cuando la necesidad de reforzar sus posiciones se hacía sentir. Las campañ.as de encarcelamiento y persecución contra los Imames no cesaron jamás, en tanto que tales agitaciones suscitaban el descontento y la indignación de los musulmanes y los partidarios de los imames de todos los niveles.
Si consideramos esos seis puntos, los cuales constituyen las verdades históricas incontestables, podemos llegar a la conclusión siguiente: el fenómeno del «lmamato prematuro» es un fenómeno muy real y no tiene nada de ficticio; pues cuando un Imam aparecía en la escena de la vida pública aún joven y se anunciaba como el Imam espiritual o intelectual de los musulmanes, y lograba constituir un movimiento seguido por tantos adeptos, necesariamente debía hacer prueba de conocimiento singular en los dominios de la ciencia y del saber, así como de amplitud de espíritu y competencia en el dominio del Fiqh (jurisprudencia islámica), del sentido y las doctrinas; sino, las bases populares del Imamato (que estaban, como hemos indicado, en permanente contacto con sus Imames, y por consiguiente, podían conocer los detalles de su vida y de su personalidad), no lo habrían aceptado como Imam.
¿Cómo suponer e imaginar que las masas, compuestas por estas bases populares, se juntaran a un «lmam niño» que se pronunciaba ante ellas como el Imam de los musulmanes y el Estandarte del Islam, aceptando sacrificar por él su seguridad y su vida, sin verificar de qué era capaz y sin que estuvieran suficientemente conscientes de su Imamato prematuro y para ser tentadas a sondear la realidad de sus cualificaciones y evaluar su personalidad?
Aún si se supone que esas masas no hubieran intentado sondear su situación, ¿es posible que acabaran sin conocer la verdad después de meses y años durante los cuales estuvieron en permanente contacto con este «Imam-niño»? Este, ¿habría podido disimular su pensamiento y su saber de niño, a pesar de los frecuentes contactos que tenía con sus fieles, si su pensamiento y su saber hubieran sido verdaderamente los de un niño? Suponiendo que las bases populares del Imamato de Ahlul Bait no hubieran tenido la ocasión de descubrir la verdad de la situación (o el hecho de que el niño fuera un niño y nada más y no poseyera las cualidades de Imam), ¿por qué el califato de la época (para el cual el Imam representaba un verdadero peligro) mataba esa verdad y no lo explotaba en su provecho? Por lo tanto, ello habría sido realmente fácil para las autoridades de la época -el califato- si el Imam Al-Mahdi hubiera sido un niño sin su pensamiento y su cultura, como todo niño ordinario en esa edad, ¿Qué mejor denuncia que mostrar a los chiítas y a los otros que el pretendiente del Imamato era un niño y nada más, y demostrar así su incompetencia para el liderazgo espiritual e intelectual de los musulmanes?
Si fuera difícil convencer a las gentes de la incompetencia -para el Imamato- de un hombre de cuarenta o cincuenta años empapado de la cultura de su época, tal dificultad no se habría presentado si se trataba de convencerlos de la incapacidad de un niño -cualquiera que fuera su inteligencia y su sagacidad- para asumir la responsabilidad de un Imamato tan exigente y duro en los chiítas imamitas.
En todo caso, ello habría sido mucho más fácil que los complicados y arriesgados métodos que las autoridades de la época adoptaron para combatir el Imamato.
La única explicación a la abstención del califato en jugar esta carta, es que conocía que el «lmamato prematuro» era una realidad y no tenía nada de artificial. De hecho, llegó a esta conclusión después de haber tratado vanamente de desacreditarla.
La historia nos relata las tentativas de ese género dirigidas en ese sentido, sin mencionar ninguna situación en la cual el «Imamato prematuro» hubiera sido trastornado o inquietado, ni ningún caso donde el «Imam niño» hubiera hallado una dificultad que sobrepasara su competencia o empañar la confianza de los fieles.
A$Í se explica nuestra afirmación de que el «Imamato prematuro» fuera un fenómeno real en la vida de Ahlul Bait y no una simple suposición.
Recordemos igualmente que ese fenómeno real no es un hecho sin precedente: se hallan sus raíces y casos similares en el patrimonio divino aparecido a través de los diferentes mensajes celestes; labia (Juan) es un ejemplo: «Oh Juan, coge el Libro con fuerza. Nosotros le dimos la sabiduría cuando no era más que un niño» (Corán XIX, 12).
Habiendo establecido que el «Imamato prematuro» fue un fenómeno que existió realmente en la vida de Ahlul Bait, no hay duda del Imamato prematuro de Al-Mahdi y al hecho de que hubiera sucedido a su padre desde su infancia.
 
¿CÓMO CREER QUE AL-MAHDI EXISTE REALMENTE?
He aquí el cuarto problema: aun admitiendo que la hipótesis del «Guía Esperado» es posible con todo lo que comporta de longevidad, de lmamato prematuro y de ausencia silenciosa, queda adquirir la convicción de la existencia efectiva de Al-Mahdi. ¿Qué hacer, pues, para tener esta convicción? Algunos hadices atribuidos al Profeta y relatados por las fuentes, ¿son suficientes para persuadirnos perfectamente de la existencia efectiva de Al-Mahdi? ¿Cómo probar que Al-Mahdi tuvo una existencia histórica real y que no fue una simple suposición suscitada en realidad en el espíritu de un gran número de individuos como continuación de las circunstancias psicológicas particulares?
Notemos que la idea de Al-Mahdi, en tanto que Guía Esperado para el cambio del mundo hacia lo mejor, es sacada de los hadices del Profeta en general, de los Imames de Ahlul Bait en particular y confirmada en muchos textos incuestionables.
Así, se han contado 400 hadices proféticos establecidos a este respecto por las cadenas de transmisión sunnitas (ver obra de Sayd Sadr al-Din As-Sadr: «Al-Mahdi»), y más de 6.000 en las cadenas chiítas y sunitas conjuntas (ver Muntajab Al-Atzar fil Imam Azna Ashar de Sheij Lutfal.lah As-Safi). Se trata de una cifra record en relación a muchas otras cuestiones islámicas evidentes sobre las cuales los musulmanes no cuentan con reservas normalmente.
En cuanto a la encarnación de esta idea por el doceavo lmam en persona, hay suficientes argumentos sólidos que la hacen convincente y a la que se puede referir en dos tipos de pruebas: la prueba islámica y la prueba científica. La primera nos permite demostrar la existencia del Guía Esperado, y la segunda debe conducirnos a constatar que Al-Mahdi no es un mito, ni una vista pura del espíritu, sino una verdad establecida por la realidad histórica.
La prueba islámica consiste en los cientos de hadices atribuidos al Profeta y a los imames de Ahlul Bait, descendiente de Fátima, de la línea de Al-Hussein y el noveno descendiente de éste, y que los Imames sucesores del Profeta serían en número de doce. Esos hadices precisan la «idea general» de Al-Mahdi, materializándolo en la persona del doceavo Imam de Ahlul Bait. Son numerosos y extensos, a pesar de la prudencia de los Imames de Ahlul Bait y la consigna de no divulgar demasiado en público la predestinación del futuro del Guía Esperado, para evitarle cualquier tentativa de asesinato o eliminación.
El gran número de hadices concordantes no es el único criterio de su credibilidad. Otros indicios y características militan igualmente en favor de su veracidad. Tomemos el ejemplo de ese hadiz profético que habla de futuros Imames (califas o príncipes, según las diferentes cadenas de transmisión). Se relata según ciertos autores que serían en número de doce (con ciertos matices en el texto según la fuente). En más de 270 Riwaya (cadena de transmisión) que son citados en las más célebres colecciones de hadiz, sunnitas y chiítas, como Al-Bujari, Muslim, At-Tarrnidi, Abi Dawud, así como en el Masnad Ahmed, Mustadrak al-Hakim As-Sahihein ... Lo que hay que retener sobre todo de ese hadiz, es que el hecho de ser transmitido por Al-Bujari, contemporáneo del Imam al-Hadi y del Imam al-Askari, significa que fue relatado por el Profeta anteriormente y que la idea de doce Imames no fuera completamente materializada. Ello significa también que no se puede suponer que ese hadiz fuera transmitido -y por tanto formulado- bajo la influencia de la realidad imamita duodécima, o del reflejo de dicha realidad. Pues los falsos hadices atribuidos al Profeta no eran muy anteriores, en su aparición y registro, en la realidad en que ellos eran el reflejo o la justificación. Dado que es materialmente establecido que el hadiz fue registrado anteriormente a que la predicción del suceso de los doce Imames no estuviera aun completamente realizado, se puede asegurar que no es el reflejo de una realidad, sino la expresión de una verdad divina, pronunciada por alguien cuyas palabras eran las revelaciones y que dijo: «Los califas que me sucederán serán en número de doce.» La realidad duodécima comienza con el Imam Alí y termina con Al-Mahdi, única encarnación razonable de ese hadiz profético.
En cuanto a la prueba científica, consiste en una experiencia que las gentes han vivido durante un período de aproximadamente 70 años: la Pequeña Ausencia (primera ocultación de Al-Mahdi), Antes de entrar en los detalles de esa cuestión, conviene explicar esquemáticamente lo que es la Pequeña Ausencia.
La Pequeña Ausencia traduce la primera etapa del Imamato del Guía Esperado. En efecto, la Providencia quiso que ese Imam desapareciera de la escena pública cuando recibió la misión del Imamato, y que guardara el anonimato frente a los sucesos; aunque estuviera siempre cerca, de corazón y espíritu. Pero si esta desaparición hubiera sido súbita, habría provocado un gran shock en las bases populares del Imamato en la Umma; pues esas bases estaban acostumbradas a tener los contactos con su Imam en todas las épocas, uniendo las relaciones mutuas con él, y llamarle para resolver sus diferentes problemas. Si el Imam hubiera desaparecido de improviso de la vista de sus chiítas sintiéndose cortados de su dirección espiritual e intelectual, esa súbita desaparición hubiera creado un gran vacío que habría podido segar y derribar la entidad chiíta. Fue preciso, pues, sentar las bases en esta ausencia con el fin de que se habituasen a ello, adaptándose progresivamente. De aquí, el suceso de la Pequeña Ausencia durante la cual el Imam desaparecía de la vida pública aunque continuaba comunicándose con sus bases y sus chiítas por medio de sus representantes, sus lugar-tenientes y sus hombres de confianza, constituyendo así el trato de unión entre él y las gentes que creían en su línea imamita. Los representantes del Imam durante este período fueron cuatro. Las bases que les frecuentaban permanentemente eran unánimes en constatar su piedad, su integridad y su entereza. Estos representantes fueron:
1. Uzman Ibn Said Al-Omari  
2. Muhammad Ibn Uzman Ibn Said Al-Omari
3. Abul Qassim Al-Hussein Ibn Ruh    
4. Abul Hassan Alí Ibn Muhammad As-Samri
Ellos realizaron la tarea de representantes del Imam sucesiva-mente y en el orden establecido anteriormente. Cada vez que uno de ellos moría, otro le sucedía por orden del Imam. Su tarea consistía en tomar contacto con los chiitas, transmitir sus cuestiones al Imam y llevarles las respuestas tanto oralmente como por escrito. Las masas que estaban apenadas por la desaparición de su Imam, hallaban en esas correspondencias y contactos indirectos, asegurados por los «representantes», compensación y consuelo. Se ha remarcado que todas las firmas y cartas provenían del Imam durante el mandato de los cuatro representantes que duró aproximadamente 70 años, descubriendo una misma escritura y los mismos caracteres, grafológicamente uniformes.
Fue As-Samari, el último de los cuatro representantes, quien anunció el fin de la fase de la Pequeña ausencia caracterizada por la presencia de un representante nombrado. A partir de la Gran Ausencia no habría más representantes nombrados y encargados de servir de intermediarios entre el Imam Guía y los chiítas. El paso de la Pequeña Ausencia a la Gran Ausencia destaca el fin de las misiones de la primera, dado que ésta, por su carácter progresivo y transitorio, ha permitido prevenir a los chiítas contra el choque y el sentimiento de vacío que habrían de soportar a continuación de la desaparición del Imam, adaptarles al hecho de la Ausencia, y prepararles progresivamente en la aceptación de la idea de «la representación general», que significa que la representación del Imam no está asegurada por los individuos nominalmente designados, sino por una línea general, la línea del Muytahid (doctor en ley islámica que alcanza un nivel en que puede deducir los estatutos a partir de las fuentes de la legislación) justo y perfecto conocedor de las cuestiones de la vida temporal y de la religión, conformemente al paso de la Pequeña a la Gran Ausencia.
Dicho esto, se puede observar claramente, a la luz de lo que precede, que Al-Mahdi fue una verdad vivida por toda una comunidad musulmana y expresada por los embajadores y representantes (del Imam), a lo largo de 70 años a través de las relaciones que han establecido con las gentes. Durante este período, nadie pudo remarcar la menor inexactitud en las palabras de dichos representantes, ni el menor índice de error en su conducta, ni el menor error en su trasmisión de los mensajes. ¿Puede concebirse que un «mentiroso» pudiera seguir durante 70 años y ser sostenido sucesivamente por 4 personas que sin ninguna relación particular y privilegiada, le trataran como una verdad vivida por ellos mismos y vista por sus propios ojos, sin que nada de anormal o sospechoso apareciera en todo ello, cuando alcanzaron, por la credibilidad de su actitud, la confianza de todo el mundo en la causa que pretendían vivir y sentir concretamente?
Se dice que ¡«la cuerda de la mentira es corta»! También la lógica de la vida muestra como es prácticamente imposible, si se atiende al cálculo de las probabilidades, que un embustero pueda mantenerse de esta forma, durante tanto tiempo y en tales condiciones; sin atraer la desconfianza de aquellos que le experimentan.
Así, el fenómeno de la Pequeña Ausencia puede ser considera-do como una «experiencia científica» y una realidad objetiva vivida, que nos permite creer en la existencia real del Imam Guía, en su nacimiento, en su vida, en su desaparición y en el anuncio general que hizo de la Gran Ausencia, que marca su desaparición de la escena pública y de la vida de todo el mundo.
¿POR QUÉ EL GUÍA NO HA REAPARECIDO?
¿Por qué no ha reaparecido el Guía durante este largo período, si ya está verdaderamente formado y preparado en la acción social? ¿Qué le habría impedido reaparecer sobre la escena pública durante, o al final de la Pequeña Ausencia, y anunciar la Gran Ausencia, sobre todo en aquella época, cuando las circunstancias relativas a la acción social y al cambio eran mucho más fáciles y menos complejas, y cuando sus contactos reales con las gentes le habrían permitido, gracias a las organizaciones de la Pequeña Ausencia, juntar sus bases en vistas a empezar sólidamente su acción, en un momento en que las fuerzas del poder no habían alcanzado el nivel que lograría la humanidad a continuación, gracias al desarrollo científico e industrial?
La respuesta es que el éxito de toda operación de transformación social, depende de las circunstancias y las condiciones objetivas, y que no podría alcanzar su objetivo excepto si se presentan estas circunstancias y condiciones.
Las operaciones de transformación social que la Providencia desencadena sobre la tierra tienen características que no dependen, en cuanto al mensaje que comportan, de las circunstancias objetivas, porque sus mensajes son divinos y no el fruto de dichas circunstancias. Por el contrario, su ejecución está subordinada a las condiciones objetivas de la situación a cambiar; es decir, que esas determinan su minuciosidad y su éxito (de esas operaciones). Porque si el Cielo ha dejado pasar cinco siglos de reino anti-islámico y obscurantista (Yahilía) antes de revelar su último Mensaje a través del Profeta Muhammad (cuando la tierra necesitaba ese Mensaje desde mucho antes), fue porque las circunstancias objetivas de las que dependía esa revelación, exigían tal alcance.
Las condiciones objetivas que influyen sobre toda operación de cambio, son de dos categorías: la primera, creado el terreno propicio y el ambiente general favorecen la operación de cambio; la segunda, al objeto del movimiento de cambio y a los rasgos secundarios que toma. Pongamos el ejemplo de la operación de cambio que Lenin dirigió con éxito en Rusia: de un lado, estaba ligada al resorte de la primera guerra mundial y a la caída del imperio zarista -lo que contribuyó a la creación del terreno propicio al cambio- y de otro lado, en algunos factores secundarios y accesorios, tales como la llegada sano y salvo de Lenin a Rusia, tras el viaje que le permitió volver a su país para conducir la Revolución. La importancia secundaria de ese factor, reside en que si un accidente cualquiera le hubiera ocurrido a Lenin susceptible de impedirle llegar a Rusia, la Revolución probablemente habría perdido la posibilidad de imponerse tan rápidamente sobre la escena.
El Camino divino que nada puede afectar, en cuanto a las operaciones de cambio que El decide, quiere que ésas sean afluentes, en cuanto a su ejecución, de las condiciones objetivas fue crear el terreno propicio y el ambiente general que favorecen su éxito. Es en este sentido que hay que comprender como el Islam no fue revelado más que después de un período de vida penosa desde muchos siglos y caracterizada por la ausencia de apóstoles. Ciertamente, el Todo-Poderoso divino era capaz de levantar los obstáculos y allanar todas las dificultades que se presentarían ante el Mensaje, y crear preliminar y milagrosamente el terreno favorable necesario para su éxito. Pero si Dios no ha juzgado a bien utilizar este medio, es porque se impone en la acción de cambio, evolucionar natural y objetivamente. La ilustración de esta intervención se encuentra en el auxilio y apoyo sobrenaturales que Dios aportó algunas veces a sus buenos servidores cuando chocaban ante numerosas dificultades y cuando fuera del interés vital del Mensaje. Así, es gracias a la intervención divina que «el fuego de Nemrod resultó frescor y paz para Abraham»; que la mano traidora del Judío que levantaba la espada sobre la cabeza del Profeta, fuera paralizada e inmovilizada; que el ciclón violento invadiera los campamentos de los infieles y politeístas que rodeaban Medina el día de Jandaq, horrorizándoles ... Todas estas intervenciones divinas, no representan más que auxilios aportados en los momentos decisivos, en las peripecias de las operaciones de cambio y no en su terreno propicio, el cual se constituyó de una forma natural y  gracias a las condiciones objetivas.
Examinando la actitud de Al-Mahdi, a la luz de esas premisas, constatamos que la operación de cambio para la cual está preparado, está ligada, en cuanto a su realización, a las condiciones objetivas que contribuyen a crear el terreno favorable en su desarrollo.
Asimismo es natural considerar la minuciosidad de esta operación. Se sabe que Al-Mahdi no está solamente preparado para una acción social limitada, ni para realizar un cambio total en aquella o aquella otra parte del mundo. La misión para la cual lo ha reservado, viene a cambiar el mundo radicalmente y a conducir a la humanidad, a toda la humanidad, de las tinieblas de la injusticia, hacia la luz de la justicia. Para conseguir el éxito en una operación de cambio de tal envergadura, no basta con hacer reaparecer el Guía y su Mensaje sobre la escena, sino habría sido cumplida en la época del Profeta (pues había ya un Guía -el Profeta- y su mensaje -Islam-). Lo que necesita, es una atmósfera planetaria propicia y un ambiente general favorable para la reunión de las condiciones requeridas para la realización de un cambio universal. Tal atmósfera planetaria se presentará mejor a medida que se progrese en el tiempo.
En el plano humano, el sentimiento de agotamiento que prueba el hombre de la civilización, es considerado como un factor esencial de esta atmósfera favorable en la aceptación del nuevo mensaje. Este sentimiento de cansancio nace y enraíza en el hombre (de civilización), cuando éste culmina las diferentes experiencias de civilización que atraviesa, agobiado por los resultados negativos de todo cuanto habrá edificado y descubriendo una necesidad de salud, que le lleva a volverse instintivamente hacia lo metafísico o lo desconocido.
En el plano material, las condiciones objetivas de la vida material moderna podrían ser más propicias que las de la época de la Pequeña Ausencia, en la realización del mensaje a escala planetaria, en razón a abreviar las distancias, de la larga posibilidad de interacción entre los pueblos, de la disponibilidad de los medios y los instrumentos necesarios en la creación de un órgano central cuyo objetivo sería sensibilizar a los pueblos del mundo al nuevo, mensaje y educarles a ese respecto.
Ciertamente, es innegable que las fuerzas e instrumentos militares a los cuales el Guía debería hacer frente, se desarrollan a medida que se acerca el día de su reaparición. Pero dicho esto, ¿de qué sirve el desarrollo de la forma material de la fuerza, si está asociada a una derrota psicológica interior y en el estallido de la estructura espiritual del hombre que la posee?
¿Cuántas veces una estructura de civilización dirigida orgullosamente, se ha derribado bajo el primer golpe de un invasor, pues estaba ya interiormente deshecha, habiendo perdido la confianza en su existencia, la convicción de su entidad y la seguridad de su realidad?
¿PUEDE UN SOLO INDIVIDUO REALIZAR UN ROL TAN GRANDE?
Llegamos a la penúltima cuestión de la serie: un solo individuo, tan grande sea, ¿es capaz de jugar ese rol extraordinario? ¿El gran hombre en cuestión, será el individuo que las circunstancias escojan como fachada para realizar su movimiento?
La idea que comporta esta cuestión está ligada a un concepto preciso de la historia, concepción según la cual el hombre es un factor secundario en la historia cuando las fuerzas objetivas que le rodean constituyen el factor esencial.
En cuanto a nosotros, hemos explicado en otras obras que la historia tiene dos polos: de un lado, el hombre, de otro, las fuerzas materiales que lo envuelven, que al igual que las fuerzas materiales, las condiciones de la producción y la naturaleza afectan al hombre, al igual que éste afecta a su vez a esas, y que no hay ninguna razón para suponer que el movimiento comienza por la materia y termina con el hombre, sin suponer del mismo modo lo contrario. El hombre y la materia se encuentran a la larga, en relación. Además hemos visto lo que se ha producido ya a través de la historia de las misiones proféticas en general, la misión profética final en particular, donde el Mensajero Muhammad, en virtud de su lazo misionero con el Cielo, ha tenido él mismo las riendas del movimiento histórico, y ha fundado una gran civilización que las condiciones objetivas que le rodean no habrían podido en ningún caso producir, tal como lo hemos explicado en la segunda introducción de nuestra obra «Al-Fatawa Al-Wadhiha» (los decretos religiosos claros).
Lo que se produjo con el Gran Mensajero, podrá producirse con su descendiente, el Guía Esperado que él mismo ha anunciado su venida y el gran rol.
¿CUÁL SEIÚA EL MÉTODO DE CAMBIO EL DIA PROMETIDO?
He aquí la última pregunta de la serie: ¿de qué forma ese hombre podrá conseguir la victoria decisiva de la justicia sobre las entidades injustas?
Una respuesta precisa a esta cuestión dependería del conocimiento del período o de la fase histórica en que el Imam Al-Mahdi rea-parecerá sobre la escena de la vida, y de la posibilidad de concebir o de suponer las características y las peripecias de esta fase, con el fin de que pudiera hacerse una idea de la forma que tomaría la operación de cambio y del camino que emprendería. En tanto que lo ignoramos todo de esta fase, de sus circunstancias y peripecias, no podemos prevenir científicamente lo que pasará el Día Prometido; y si lo hiciéramos, sería especulación basada más bien en las operaciones puramente intelectuales, que sobre fundamentos reales y concretos. La única suposición que se puede admitir a la luz de los hadices relativos a ese respecto, y de las experiencias de las grandes operaciones de cambio que se han producido a través de la historia, es aquella según la cual Al-Mahdi reaparecería a continuación de un gran vacío debido a una crisis aguda de la civilización que la humanidad sufriría. Es ese vacío el que permitirá al nuevo mensaje ver el día; y es esa crisis la que creará el ambiente (o el terreno) propicio para su aceptación. Pero la crisis en cuestión no se producirá accidentalmente por un puro azar de la historia de la civilización humana. Será más bien el resultado natural de las contradicciones históricas (en las cuales no habría intervención divina), que, incapaces de conducir una solución decisiva, desencadenarán el fuego que lo arrasará todo, antes que brote la luz que permitirá extinguir ese fuego, y establecer la justicia celeste sobre la tierra.
FIN
 
NOTA DEL AUTOR
Esta es una breve exposición de las ideas que son detalladas en la obra enciclopédica sobre Al-Mahdi, obra para la cual he reseñado este prefacio y que ha sido escrita por uno de nuestros queridos discípulos, el sabio Saiid Muhammad As-Sadr (pariente del autor, Ayatola Saiid Muhammad Baqir As-Sadr). Se trata de una enciclopedia inigualable en la historia de la bibliografía chiíta sobre AI-Mahdi, en cuanto a su integridad, los conocimientos extensos que explica, la amplitud de espíritu, y el aliento científico que atestigua, en cuanto a las palabras adecuadas y a las observaciones pertinentes que contiene; es decir, cuantos esfuerzos que el autor ha desarrollado para realizar esta obra única en su género. No puedo estar más que satisfecho pensando en el vacío que su obra llenará, el servicio inestimable que conllevará, y en el autor brillante e inteligente que descubrirá. Imploro a Dios para ver a éste convertirse en una de las celebridades del Islam. Alabanzas a Dios, Señor de los mundos. Que la salud sea sobre Muhammad y a los purificados miembros de su familia. Que Dios me guíe en el recto camino.
Najaf (IRAK), Jumada Az-zeni 1397 h.
Muhamrnad Baqr As-Sadr
 
El Imam Al-Mahdi, Su existencia, ocultación, reaparición y la totalidad de su justicia.jpg
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