Un resumen de los puntos de vista de distintas escuelas respecto al “Hombre Perfecto”

Un resumen de los puntos de vista de las distintas escuelas respecto al “hombre perfecto”
Por Ayatolá Murtada Mutahhari
 
“Él es quien ha enviado a los gentiles iletrados un Mensajero de entre ellos mismos para recitarles Sus revelaciones, para purificarlos y para instruirlos en las Escritura y la Sabiduría, aunque hasta ahora han estado en un grueso error”. (62:2).
 
Cada escuela de pensamiento que se preocupa por la humanidad tiene su propio punto de vista respecto a la perfección del hombre o el hombre perfecto. En el área de lo que se llama “ética”, discuten si ésta es “arte” o “conocimiento”. No es ciencia, significando con ello que no se ocupa de las cosas como son sino como deberían ser. Argumentan que si el hombre posee todas las cualidades y facultades que lo constituyen, se dice que es él realmente.
 
LA ESCUELA DE LA RAZÓN
En términos generales se pueden resumir los puntos de vista de las autoridades de distintas escuelas de pensamiento en varios conceptos básicos. Uno de ellos es la teoría o concepto de la razón, del hombre como “intelectual”. Es decir, el punto de vista de quienes consideran al hombre desde un ángulo intelectual o a través de la percepción racional. Este grupo considera la razón o intelecto como la única esencia real del hombre, significando el intelecto la capacidad de razonar y pensar. Algunos de los filósofos de la antigüedad, incluidos los nuestros, como Avicena, han adherido a este punto de vista. Aseguraban que el hombre perfecto era el filósofo, y sostenían, que la perfección del hombre yace en su conocimiento y en su capacidad de conocer (su “hikmat”, es decir, su sabiduría).
¿Qué entendían por hikmat? ¿Entendían lo que hoy día entendemos por ciencia? No. Por hikmat, teórica y no práctica, entendían una profunda y global comprensión de toda la escala de la existencia. Esto es distinto a la ciencia porque ella misma es parte de toda la existencia.
Analicemos un poco, con el objeto de clarificarla, la diferencia entre filosofía y ciencia. Por ejemplo, si se requiere información respecto a la ciudad de Teherán, se la puede conseguir o buscar de dos maneras. Una manera es la reunión de datos generales pero imprecisos o muy vagos. La otra manera es reunir datos con detalles específicos. Algunas veces nuestra información acerca de la ciudad es como la que nos suministra un responsable municipal, quien nos exhibe un plano general de Teherán y nos indica la disposición general de las calles, parques y distintas villas. Nos da con una descripción general que carece de detalles y especificaciones, un esquema de la ciudad donde no se puede localizar una casa determinada. Pero otra persona puede tener poco conocimiento o información de la ciudad, no conocer la numeración de las calles o nombres de los parques, cerros, etc., pero en cambio conocer perfectamente un lugar particular de la ciudad o de la vecindad. Puede conocer muy bien los nombres y números de los senderos y alamedas de esa vecindad, la cantidad de casas que existen en cada pasaje e incluso los colores de sus puertas.
La persona que tiene un conocimiento general de la ciudad generalmente no está enterada de nada de una alameda o paseo en particular. Y quien conoce ese paseo o sendero en particular puede no conocer nada de la ciudad en general. El filósofo es quien estudia la configuración total del ser o la existencia. Quiere ubicar el apogeo o zenit de la existencia o ser, su comienzo y su fin, y comprender los distintos estadios o niveles de la realidad y sus normas y leyes generales. Sin embargo, tal filósofo puede no saber nada acerca de una planta determinada, de un animal, la tierra, el sol, etc. En la visión del filósofo, hikmat significa conocimiento o conciencia de todo el mundo de la existencia y de los distintos componentes del universo en su conjunto. Todo el universo se refleja en el espejo mental del filósofo, o en su conciencia, pero de manera vaga.
Acostumbraban a decir que la perfección del alma del hombre consiste en la comprensión de toda la existencia, no de una parte, reflejada en su conciencia. En otras palabras, la perfección del hombre yace en la integridad (de la comprensión) de su desarrollo, convirtiendo al mundo intelectual en similar al mundo objetivo. Como dijo un poeta: “Su porción de conocimiento aseguró un universo en un lugar apartado y tranquilo”.
En la opinión de los filósofos, un hombre perfecto es aquel que ha desarrollado completamente su intelecto y obtenido la perfección. En otras palabras, un hombre perfecto es aquel en cuya consciencia se tiene en cuenta y registrado un compendio o perfil de la existencia. Pero, ¿cómo lo logra? por medio de la reflexión y la contemplación; por medio de la discusión y la prueba; por medio de la razón y la lógica. Va a través de esos estadios paso a paso, para llegar a tal condición.
Pero los filósofos no estuvieron satisfechos Con este argumento. Afirmaron la existencia de dos filosofías o hikmat. La teórica, es decir, la adquisición del conocimiento universal por el medio antes indicado, y la filosofía aplicada o hikmat-e-amali (sabiduría práctica). ¿Qué es hikmat-e-amali? Hikmat-e-amali o sabiduría práctica, implica el absoluto dominio del intelecto del hombre sobre todos sus instintos, energías y facultades de su ser. Se dice que, si por la filosofía teórica (hikmat-e-nazari) se llega a comprender el universo a través de la razón y el intelecto, y además se tiene éxito por medio de la filosofía aplicada (hikmat­e-amali) en conseguir que la razón y el intelecto dominen el alma y el ego de tal manera que, si se quiere, todos los deseos se someten al intelecto y a la razón, entonces se es un ser humano perfecto.
 
LA ESCUELA DEL AMOR
Otra escuela de pensamiento que se ocupa del hombre perfecto es la escuela del amor. Esta escuela sostiene que la perfección del hombre descansa en el amor. Por “amor” entienden el amor por las cosas que sólo el amor hace alcanzables. Contrariamente a la escuela de la razón, en la que no se involucra el movimiento, pues es contemplativa e intelectual (por lo que el hakim o filósofo no habla de movimiento ya que en su opinión todos los movimientos son mentales), la escuela del amor es una escuela de movimiento, pero de movimiento vertical y ascendente, no de movimiento horizontal. En los pasos iniciales que realiza el hombre hacia la perfección, su movimiento debería ser ascendente y vertical, es decir, en la dirección del Señor, en vuelo hacia Dios.
Los adherentes a esta doctrina argumentan que lo que se habla no es articulado o salido del pensamiento o intelecto, ni es el resultado de la discusión y el razonamiento, sino que proviene del alma del ser humano. Creen que el alma del hombre es activada realmente por algún movimiento moral o espiritual y que avanza hasta su encuentro o reunión con Dios. Es aquí donde empieza la disputa. ¿Cuál es el significado de “alcanzar a Dios o reunirse con Él”? De todos modos este argumento tiene valor en su contexto particular y por derecho propio. La escuela del amor esencialmente se burla de la escuela de la razón.
Uno de los capítulos más interesantes y excelentes en nuestra literatura es el debate entre el amor y el intelecto. Como los que siempre se han ocupado de argumentar en este tipo de debate han sido los gnósticos y sufís, siempre ha salido ganador el amor. La escuela del amor no considera suficiente al intelecto para que el hombre obtenga la perfección. Opina que el intelecto es parte de la existencia humana y que la verdadera esencia del hombre no se forma totalmente de razón e intelecto. Sostienen que el intelecto, al igual que un ojo, es una herramienta, un medio, pero que la esencia del hombre no es toda intelecto: la esencia y substancia del hombre es espíritu, y el espíritu es del mundo del amor. Es una substancia o existencia que está desprovista de todo, menos de movimiento hacia el Ser Supremo. Así es como se empequeñece al intelecto en esta escuela. Hafiz se refiere a este punto con una interpretación maravillosa:
“La razón, no tiene valor alguno para el rojo vino
En mejor posición está quien por medio de tal
ocupación se alimenta”.
Los ‘urafá (místicos, gnósticos, etc.) han preferido invariablemente la intoxicación o el extremo alborozo a la sobriedad del intelecto o razón. Tienen argumentaciones especiales al efecto. Por ejemplo, para ellos el monoteísmo tiene un sentido diferente. Su idea de monoteísmo significa panteísmo. Es un tipo de monoteísmo donde todas las cosas asumen la forma de “la palabra”. En esta escuela de pensamiento el hombre perfecto finalmente se vuelve como Dios, es en realidad Dios mismo. Y todo ser humano que se convierte en perfecto deja de ser tal y obtiene o logra la divinidad. Más adelante volveremos a hablar de este punto.
 
LA ESCUELA DE LA FUERZA O PODER
Otra escuela de pensamiento que se ocupa de la cuestión del hombre perfecto es la doctrina sobre la preeminencia de la fuerza. No se apoya ni en la razón ni en el amor, sino solamente en la fuerza. De acuerdo a dicha postura el hombre perfecto es el hombre fuerte, poderoso. Y “kamal” o perfección significa “qudrat” (fuerza), en cualquier sentido o forma que se use: poder, valor, etc.
En la Grecia antigua hubo un grupo llamado “sofistas” que decía franca y abiertamente que “lo correcto, bueno, es (lo que da) la fuerza, el poderío”. En otras palabras, donde hay fuerza y poderío hay razón, derecho, justicia. Dondequiera haya poder o fuerza el derecho o la razón es la fuerza misma, siendo la debilidad igual a la ausencia de derecho o razón. Para este grupo la justicia y la crueldad no tiene ningún sentido, por lo que dicen con su especial razón: “El derecho del poder es un derecho basado en la fuerza. Es decir todo lo que es correcto o justo emerge o resulta de la fuerza o energía”. Creen que el hombre debe dirigir todos sus esfuerzos solamente a adquirir fuerza, poder o vigor. Y el hombre debe establecer una meta u objetivo para su poder.
En el último par de siglos esta escuela fue revitalizada y seguida por Federico Nietzsche, el conocido filósofo germano, quien sostuvo abiertamente dicha doctrina. Sus seguidores argumentan que expresiones tales como “decir la verdad es bueno”, “ser honesto es bueno”, “hacer el bien es bueno”, etc., son parloteos sin sentido, de ningún valor. Para ellos: “dar una mano a una persona débil no tiene ningún mérito. Más bien lo que habría que hacer es darle una patada, pues el mayor pecado de la persona es ser débil. Y la debilidad debe sumarse como un agobio o carga más”. Nietzsche, él mismo antirreligioso y contrario a Dios, creía que la religión era un invento de los débiles. Es lo opuesto a lo dicho por Carlos Marx en cuanto a que la religión fue inventada por los fuertes y poderosos para mantener al débil sometido. Nietzsche dice que la religión fue inventada por los débiles con el objeto de limitar la fuerza de los poderosos. En opinión de Nietzsche el hombre ha sido inducido al error por la religión al desarrollar conceptos como los de perdón, generosidad, misericordia, equidad, justicia, etc., engañando así al poderoso y haciéndole reducir su poderío. Nietzsche asegura que la religión ha hablado de “impugnar el ego o ‘yo’”. ¿Por qué combatir el nafs, ego? Al contrario. ¡Hay que desarrollarlo! Las religiones hablan de igualdad. Nietzsche dice que eso no significa nada y que no tiene ningún sentido. Debe existir siempre un grupo que tenga el poder, tal es el grupo superior, y los otros deben someterse a él, luchando por vivir. El oprimido debe trabajar para que el grupo superior pueda desarrollarse y hacerse cada vez más grande, de manera que de ahí pueda emerger el superhombre. Las religiones han hablado de “la igualdad de los sexos”. En la opinión de Nietzsche esto no tiene sentido. El hombre es el sexo superior y fuerte. La mujer ha sido creada para servir al hombre y no hay ningún otro propósito en su creación, por lo que el concepto de igualdad del hombre y la mujer es un error. Esta escuela considera al hombre perfecto, el mejor, el más sublime, como equivalente al hombre fuerte, poderoso. Iguala perfección con poderío o fuerza.
 
¿ES LA VIDA UNA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA?
El decir que “la vida es una lucha por la supervivencia” ha sido un argumento que circuló entre nosotros, pero no es así. La lucha por la supervivencia significa defender lo que es justo y correcto. Algunos sabios islámicos como Farid Waydi han dicho que la guerra es una necesidad para el hombre y que mientras haya hombres habrá guerras. Que la guerra es una ley de la vida humana. Tales personas creen también que esto está confirmado por el Sagrado Corán: “...si Allah no hubiera repelido a unos hombres por medio de otros, los monasterios y las iglesias, las sinagogas y las mezquitas, hubieran sido destruidas completamente” (22:40). O: “Si Allah no hubiera derrotado a unos a manos de otros, la tierra habría sido totalmente corrompida” (2:251). Sostienen que en estos dos versículos el Sagrado Corán ha declarado explícitamente que combatir es esencial.
Pero dichos versículos coránicos han sido mal comprendidos por quienes dicen que ellos decretan la guerra. Esos versículos coránicos se ocupan de la defensa. Se presentan frente a la afirmación cristiana que habla de “la paz absoluta”, planteada por algunos sacerdotes o autoridades en condenación de la guerra. El Sagrado Corán dice que lo que está condenado es la guerra de agresión y no las que se llevan a cabo en defensa de la verdad y la justicia. Que los sacerdotes sepan que serían incapaces de ir a sus iglesias a realizar sus cultos de no haber existido guerras defensivas, así como los fieles musulmanes no podrían haber ido a sus mezquitas. Si los musulmanes creyentes pueden realizar el culto en las mezquitas es debido a los valerosos soldados que defendieron el derecho y la verdad. Y los cristianos que realizan el culto en las iglesias, deben estar agradecidos con los soldados que los defendieron. Por lo tanto, nada impide que el hombre alcance tal grado de perfección sin que haya ninguna guerra, ni siguiera legal. Así, la afirmación de que la vida es una lucha por la supervivencia, en el sentido que la vida necesita de la lucha, no es válida.
Me gustaría mencionar algo, que a algunos les puede desagradar, ya que hay jóvenes que se turban cuando oyen algo que va contra sus tendencias. En los cuarenta o cincuenta años pasados se ha atribuido una manifestación al Imam Husein (P) que no tiene sentido y ningún libro ha incluido. Dice: “La vida significa tener una opinión o idea y luchar por ella”. ¡No! Tal pensamiento es característico de los occidentales que dicen que se debe tener una idea y combatir por ella. El Corán habla de los derechos (haqq) y la justicia. La “yihad” (lucha, defensa) y la vida, en la perspectiva del Sagrado Corán, implican servir a la justicia y combatir por ella en el camino de Dios. Lo cual es distinto a tener una idea u opinión y combatir por ella, pues así como una idea puede ser justa y correcta, también puede ser errónea y falsa.
Una idea u opinión es una concepción. La mente del ser humano concibe miles de ideas y supuestos. Es una ideología distinta a la islámica la que dice que, en un análisis final, se debería tener una opinión y combatir por ella. ¿Cuál sería la naturaleza de esa opinión? Dicen que puede ser cualquiera. Pero los argumentos del Sagrado Corán son precisos y acabadamente expresados. El Islam siempre habla de lo que es justo y cierto, y habla de la yihad en el camino de la verdad. No habla de una opinión y de luchar por ella. El Islam llama al hombre a revisar y rectificar primero su opinión, sostener la yihad con su propia opinión hasta obtener el punto de vista válido y correcto de haqq o verdad, última, y recién luego de haberla descubierto emprender la yihad en consideración a la misma.
De cualquier manera, la afirmación de que el hombre perfecto es lo mismo que el hombre vigoroso, el hombre fuerte físicamente, se ha fundado en el principio darwiniano de la lucha por la supervivencia. Este punto de vista (el de Darwin) ha sido muy recalcado, al punto tal que la vida no es sino luchar por sobrevivir, cosa en la que siempre están ocupados los seres humanos y los animales. Pero nosotros no queremos colocar al ser humano junto a los animales y decir que la vida del hombre no es otra cosa que una lucha por su perpetuación. Tal afirmación excluye la cooperación para la supervivencia.
Si lo que aseguran (los darwinistas) es cierto, ¿cuál es el sentido de la sinceridad, la unidad, la cooperación, la afabilidad, etc., entre los hombres? Ellos nos dicen que estamos en un error porque la cooperación ha sido impuesta por la lucha y que por detrás de la misma, la amistad, la sinceridad, etc., acecha la lucha. Y si pedimos que nos expliquen eso, nos responden que lo esencial en la vida de un hombre es la lucha o el combate, pero cuando éste encuentra un enemigo más fuerte, él mismo impone la amistad entre los más débiles. Pero tal amistad no es real, no es sincera y no puede ser cierta. Simplemente es una cooperación para enfrentar a un enemigo mutuo más fuerte (como se dice, subsiste la tesis y la antítesis).
Eliminemos al enemigo común y quienes han cooperado se dividirán inmediatamente en campos enemigos. Frente al más fuerte se unirán los más débiles y una vez eliminado el más fuerte el proceso se seguirá repitiendo hasta que solamente queden dos individuos. Si no existe un tercero, esos dos combatirán uno contra otro. Quienes adhieren a este punto de vista aseguran que la amistad, la paz, la sinceridad, el humanismo, la unidad, etc., son impuestas al hombre por las hostilidades. De esta manera, para quienes piensen así, la cuestión esencial es luchar, combatir, y la cooperación es su producto.
 
LA ESCUELA DE LA DEBILIDAD
Así como las escuelas de la razón y clamor tenían doctrinas que las contradicen, lo mismo pasa con la escuela de la fuerza. Algunas se burlan en exceso de la fuerza al punto que la perfección del hombre pasa a ser su debilidad. En tal doctrina, el hombre perfecto es aquel que no tiene ninguna fuerza o poder, porque si el hombre tiene fuerza o poder los usará para la agresión. El mismo Saadi ha caído en este error en su poesía, cuando dice:
“Como una hormiga aplastada por el pie
No (puedo) picarte y producirte dolor
No (tengo) poder con el cual dañarte.
Gracias al Señor, no lo puedo hacer”.
No Saadi, no es así, no seas hormiga ni abeja y agradece al Señor por no dañar a otros teniendo poder para hacerlo. En otro poema Saadi ha dicho:
“(Hay) un adorador solo en los cerros
contento en una cueva
lejos de todas las enfermedades sociales
¿Por qué no viene a la ciudad
los deseos del corazón a cumplimentar?
Dijo él: en ella hay hermosas damiselas
con abundante fango en realidad
(por donde) los elefantes en grupo tranquilamente pueden pasar”.
Escuchando la respuesta del asceta, Saadi no continúa desarrollando ese punto, aunque admite que uno puede corromper mucho más rápidamente en la ciudad que en el campo.
¡Qué magnífico! ¿¡Por qué un hombre se va a autoaislar en una cueva para alcanzar la perfección!? Saadi debería haber recordado “el más bello de los relatos” (Ahsan ul Qasas) contado en el Sagrado Corán, es decir, la historia de José (Yusuf, sura 12), quien tuvo todos los medios para entregarse a los deseos carnales a su disposición, pero resistió y preservó su pureza y corrección, incluso bajo la persecución de una mujer seductora en una habitación aislada. Cuando José fue duramente presionado para que se someta a la pasión carnal, rogó al Señor: “Prefiero la cárcel a acceder a lo que ellas me sirvieron como un manual de conducta a lo largo de mi vida”.
El primer principio que menciona Gandhi es que en el mundo existe solamente una realidad que es el conocimiento del “nafs” o ego, en otros términos: conocerse uno mismo. Sobre esta base Gandhi hace un cautivante ataque a los occidentales cuando dice: “El occidental llegó a conocer el mundo pero no a sí mismo. Y como no se conoce a sí mismo, ha hecho desdichado al mundo y a sí mismo”.
(Ver la continuación en archivo pdf)
 
Extraído del libro El Hombre Perfecto Desde la visión del Islam y otros pensamientos;
Editorial Elhame Shargh
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Fundación Cultural Oriente
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