La Peregrinación y los conceptos del Islam

La Peregrinación y los conceptos del Islam

Extracto del mensaje dirigido por Su Excelencia Aiatullah Seied ‘Ali Huseini Jameneí, a los peregrinos de la Casa de Dios en La Meca, en ocasión de celebrarse las ceremonias de la Peregrinación (1 / 4 / 1998).

 

La Peregrinación constituye cada año un evento tan grande que merece ser en esos días, centro de pensamientos, preocupaciones y sentimientos de todas las regiones del mundo islámico, que los musulmanes vivan junto a ella y que cada uno piense en la misma según su propia situación espiritual, intelectual y política.

Es natural que aquellos que fueron favorecidos con la peregrinación ocupan el centro de este precepto y esta expectativa; de ahí que sus cuerpos, espíritus, pensamientos y esfuerzos están entremezclados con la Peregrinación y sus bendiciones y efectos, por lo que lo más apropiado sería que tratasen de lograr en lo posible de las bondades espirituales, morales, personales y sociales de este precepto, lo cual conseguirán con la anuencia de Dios.

Las bendiciones de la Peregrinación, si bien abarcan todos los aspectos de la vida humana y su lluvia de misericordia comprende todas las esferas, comenzando por la intimidad del corazón y el pensamiento hasta llegar a los ámbitos de la política, la unión y grandeza de los musulmanes y la cooperación de los pueblos islámicos, enriqueciéndolas, revivificándolas y transmitiéndoles el empuje de la vida... Es posible decir que la llave de todo eso está en el «conocimiento».

La principal guía de la Peregrinación para quien quiere ver la realidad y explorar el poder que Dios le inspiró para entender los «fenómenos aparentes», es el conocimiento complementario, mediante el cual se distingue la Peregrinación y que generalmente los musulmanes no consiguen sino a través del cumplimiento de este precepto. Ningún otro fenómeno religioso puede ofrecer a la comunidad islámica ese repertorio completo de nociones, tal como lo hace la Peregrinación.

Entre las nociones de ese sistema concatenado están: el conocimiento de uno mismo en el ámbito personal, el conocimiento de uno mismo en el ámbito de pertenecer a la gran comunidad islámica, el conocimiento de esa comunidad única a través del ejemplo presente en la Peregrinación, el conocimiento de la majestuosidad y misericordia de Dios, el conocimiento del enemigo, etc.

El conocimiento de uno mismo en el ámbito personal significa que el ser humano reflexione en su existencia y examine los puntos de su propia fuerza y debilidad. Cuando todas las cosas materiales como el dinero, la posición, la raza, el estatus, el adorno y la vestimenta pierden su valor y lejos de todos estos referentes, el individuo realiza el tawaf (circunvalación alrededor de la Ka‘bah), el sai (recorrido entre las montañas de Safa y Marwah), reza, corre y se detiene junto a cientos de miles de personas, entre los que están el pobre y el rico, el mandatario y el súbdito, el ilustrado y el analfabeto, el negro y el blanco, todos con una única ropa y en una única explanada, dirigidos a Dios, sometidos a Él, contritos ante Su Esplendor, Majestuosidad y Poder... Allí toda persona reflexiva puede conocer completamente su debilidad y pobreza ante Dios, Glorificado Sea, así como su posición, su grandeza y su elevación al vincularse al Señor del Universo y alejarse de toda suposición falsa y envanecimiento en relación a su débil existencia y romper el ídolo de la soberbia y el egoísmo que

le impulsa a las más indignas actitudes y comportamientos morales; luego, esta persona prueba y experimenta por otro lado la dulzura del vínculo con la Fuente de la Majestuosidad, de la comunicación con Él y de despojarse de los ídolos de su interior.

Este conocimiento fundamental es el que constituye la esencia de toda adoración y es el contenido de toda súplica y es el que conforma la entera humildad que surge de los santos de Dios, pule al ser humano, suscita la pureza en su vida y le prepara para el resto de las diferentes clases de conocimiento, dotándole con la preparación para atravesar los caminos de perfección.

Los problemas mundanales, la dedicación exagerada al esfuerzo material y el imbuirse constantemente En la vida diaria, motivan la desidia en el corazón y el descuido, y alejándolo de ese espléndido conocimiento y haciéndolo caer en conjeturas que más se asemejan a los hilos de la tela de araña, originan en él las suposiciones falsas, enturbiando así la claridad de su corazón. Y el Hayy es el remedio decisivo para ese problema.

 

El conocimiento de uno mismo en el marco de pertenecer a la gran comunidad islámica, significa observar al conjunto de peregrinos y a todas las comarcas que han enviado a su gente a realizar la circunvalación a la Casa de Dios y ver reflejada a toda la gran comunidad islámica en el espejo de esos peregrinos, esa comunidad que está conformada hoy por decenas de pueblos y cientos de millones de personas de todos los confines del mundo y que goza de los más importantes recursos materiales y espirituales necesarios para la vida y el bienestar social. Toda la humanidad, toda la civilización industrial con todo su gran volumen, necesita de la misma y de sus grandes fuentes, de sus solicitados mercados y sus reliquias culturales y científicas.

El conocimiento de uno mismo en el marco de formar parte de esa gran realidad, vincula al peregrino con su hermano y su gente de una forma emotiva y real y anula el embrujo de la separación que fuera lanzada por el viejo y el nuevo imperialismo bajo el nombre de raza, lengua, tendencia escolástica y nacionalismo.

Los políticos que se esfuerzan para que el mundo permanezca dividido en dos polos: el del fuerte y el del débil o el del opresor y el oprimido, para que de esa forma se dividan los centros de hegemonía entre ellos a costa de los pueblos oprimidos, desde hace dos siglos hasta hoy, temen la unificación de la comunidad islámica y disponen los impedimentos para que ello no se concrete. Esos mismos son quienes pretenden disponer a una Europa que sólo sea cristiana, mediante la matanza de musulmanes en los Balcanes y a través de arrojar diferentes tipos de discriminación y opresión contra las minorías musulmanas en Europa.

El conocimiento del ideal representado por los peregrinos representantes de los miembros de esa comunidad única, significa dar un paso práctico en pro de la materialización de esa gran esperanza que es la unión islámica y por consiguiente la puesta en marcha de una única fuerza islámica en el plano internacional. Ver al gran conjunto de los peregrinos provenientes de las diferentes regiones del mundo con sus diferentes idiomas, razas y géneros, amplía los horizontes de la visión de los musulmanes y les hace traspasar los marcos individuales, nacionales y regionales. La obligación del comportamiento fraternal islámico empuja a los musulmanes a conocerse mutuamente y a unificar sus palabras y corazones, a difundir los conocimientos relacionados a los pueblos de las diferentes partes del mundo y a desbaratar las conspiraciones informativas de los enemigos que constantemente procuran -y especialmente en estos días- trastocar las realidades y difundir mentiras y rumores.

Ello también impulsa a eliminar los distanciamientos de lugar y de idioma. La concentración de los peregrinos en la ceremonia de la Peregrinación en un mismo punto y especialmente durante la permanencia en Arafat, en el Mash‘ar y el pasar la noche en Mina, dispone completamente las condiciones para ese conocimiento constructivo y fructífero.

El conocimiento de la Majestuosidad y Misericordia de Dios en la Peregrinación, significa reflexionar en el enaltecimiento de los fundamentos de esa casa que es la Casa de Dios y que al mismo tiempo también es la Casa de la gente:

«Ciertamente que la primera casa que fue dispuesta para la gente es la que está en La Meca como bendición y guía para la humanidad»! (3: 96)

Ese es el paraje hacia el cual se dirige la persona piadosa y arrepentida. También es el lugar en que se manifiesta la grandeza de la religión divina, en una amalgama de majestad, integridad y simpleza, que hace recordar la primera proclama hacia el monoteísmo, que es la estación para concretar la unión de palabra. Porta las huellas de los muyahidin (combatientes) de los albores del Islam, quienes lucharon en ese lugar, habiendo sido expatriados, obligados a emigrar u oprimidos y quienes volvieron a esa comarca como grandes conquistadores y la purificación de la vileza de la época de la ignorancia de los árabes (yahiliiah). Luego, es el lugar en el que se percibe el aroma de los adoradores y el lugar de prosternación de los devotos.

Es el lugar anhelado por los corazones de los agradecidos. Es el saliente de la alborada del Islam surgido para las naciones y el levante por donde emergerá el Mahdi prometido al final de los tiempos.

Es el lugar de esperanza de las almas descontentas. La prescripción de la obligación del Hayy y la ordenación de sus rituales, portan indicios de grandeza al igual que signos de misericordia.

Mediante ese conocimiento, se agitan los corazones al ver la sagrada Ka‘aba en la gran mezquita de Masyid-ul Haram y retornan los extraviados al sendero recto, produciéndose un cambio en las almas de la gente. El reconocimiento del enemigo es el resultado de todos esos tipos de conocimiento y los complementa y perfecciona. Sin ello, el depósito del corazón y la mente del creyente se encontrará sin muralla y expuesto al saqueo de los agresores y traidores.

Durante los mismos actos de la Peregrinación, el arrojar las piedras al yimar (monolito que simboliza a Satanás) representa el conocimiento del enemigo y la lucha en su contra. El Santo Profeta (BP) elevó el llamado a la bara’ah (repudio al enemigo) durante la Peregrinación y fueron recitadas las aleyas de la bara’ah en la ceremonia de la Peregrinación mediante el Príncipe de los Creyentes, Ali ibn Abi Talib (P). Si es que la comunidad islámica algún día se libra ...

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