La partida del Imam Husain (P) a Iraq y la masacre de Karbalá

...“Impide a Husain y a sus seguidores que obtengan agua. No los dejes que prueben una gota de ella, tal como fue hecho con ‘Uzmân Ibn ‘Affân”.

De inmediato ‘Umar Ibn Sa‘d envió a ‘Amr Ibn Al-Hayyây con 500 jinetes para ocupar el camino hacia el agua y evitar que Husain y sus seguidores consiguieran agua, para que no bebiesen ni gota de ella. Eso fue tres días antes de la bata­lla contra Husain (P).

‘Abdul.lâh Ibn Husain Al-Azdi, que se contaba entre Bayila, gritó lo más fuerte que pudo:

- Husain, ¿no ves que el agua está como si estuviera en medio del cielo? ¡Por Dios!, tú no probarás ni una gota de ella, y morirás de sed.

- Oh Dios, házlo que muera de sed, y no lo perdones ja­más, gritó- respondió Husain.

Humayd Ibn Muslim reportó:

Por Dios, después de eso yo visité a ‘Abdul.lâh Ibn Husain Al-Azdi cuando estaba enfermo. Por Dios, aparte del Cual no hay deidad alguna, yo lo vi beber agua sin ser capaz de sa­ciar su sed, y luego vomitar. Él gritaba: ‘¡Qué sed! ¡Qué sed!’ De nuevo volvía a beber agua sin poder saciar su sed, y de nuevo vomitaba. Entonces se quemaba de sed. Esto siguió así hasta que murió.

Cuando Husain vio la multitud de tropas acampadas con ‘Umar Ibn Sa‘d, a quien Dios maldiga, estacionadas en Nínive para combatir contra él (P), mandó a avisar a ‘Umar Ibn Sa‘d que quería tener un encuentro con él. Los dos se encontraron de noche y platicaron por largo tiempo. Cuando ‘Umar Ibn Sa‘d regresó a su campamento, le escribió a ‘Ubaydul.lah Ibn Ziyâd:

“Dios ha apagado el fuego del odio, ha unido a las gentes en una opinión, y ha dispuesto correctamente los asuntos de la comunidad.

Este hombre, Husain, me ha hecho una promesa de que se regresará al lugar de donde vino, o de que se irá a uno de los poblados fuera de nuestras fronteras y él se volverá como cualquiera otro de los musulmanes, con los mismos derechos y deberes que ellos, o irá a ver a Yazid, el Comandante de los Creyentes, y le dará la mano y verá si las diferencias entre ellos pueden ser reconciliadas. En esta oferta tienes el consentimiento a lo que demandaste y la comunidad se beneficia”.

Cuando ‘Ubaydul.lah leyó la carta, dijo:

- Ésta es la carta acerca de un hombre sincero que está ansioso por la suerte de su gente.

- ¿Vas a aceptar esto de él?- demandó Shimr Ibn Dhil-Yawshan, saltando-¿siendo que él acampó en tu territorio? Por Dios, si él fuera un hombre de tu país y no pusiese su mano en la tuya, ya fuese que él estuviese en una posición de poder y fuerza o que estuviera en una posición de debilidad e im­potencia, tú no le darías esta concesión, ya que ello sería una señal de debilidad. Mejor, haz que él y sus seguidores se sometan a tu autoridad. Entonces, si tú los castigas, será porque eres la persona más apropiada para castigar, y si los perdonas, tú tienes el derecho para hacerlo.

- Lo que has sugerido es bueno- replicó Ibn Ziyâd-Tu opinión es la correcta. Lleva este mensaje a ‘Umar Ibn Sa‘d y deja que él les ofrezca a Husain y sus seguidores la oportunidad de someterse a mi autoridad. Si ellos hacen eso, haz que me los envíe en paz. Si ellos se niegan, él debe combatirlos. Si ‘Umar Ibn Sa‘d actúa según mis instruc­ciones, escúchalo y obedécelo. Sin embargo, si él se niega a combatirlos, entonces tú serás el comandante del ejérci­to; ataca a Husain, córtale la cabeza y envíamela.

Entonces le escribió a ‘Umar Ibn Sa‘d:

“Yo no te envié a ver a Husain para que te resistie­ras a combatirlo, ni a perder el tiempo con él, ni a prometerle paz y la conservación de su vida, ni a pre­sentar excusas de parte suya, ni a interceder por él ante mí. Así que mira que si Husain y sus seguido­res se someten a mi autoridad y se rinden, debes en­viármelos en paz. Si se niegan, entonces marcha con­tra ellos para combatirlos y castigarlos; ya que ellos merecen eso.

Si Husain es matado, haz que los caballos pisoteen su cuerpo, yendo hacia adelante y hacia atrás; ya que él es un rebelde desobediente, y yo no considero que sea de manera alguna incorrecto hacer esto después de su muerte.

Pero es mi opinión que debes hacerle esto si lo matáis.

Si cumples la orden que te doy en cuanto a él, nosotros te daremos la recompensa debida a quien es atento y obediente. Si te niegas, entonces te retiraremos el co­mando de nuestra provincia y nuestro ejército y deja­remos el ejército al mando de Shimr Ibn Dhil-Yawshan. Nosotros le hemos dado nuestra autoridad. Saludos”.

Shimr Ibn Dhil-Yawshan le llevó la carta a ‘Umar Ibn Sa‘d. Después de leerla, ‘Umar le dijo:

- Debería darte vergüenza. ¿Qué tienes que ver en esto? Que Dios nunca favorezca a tu casa. ¡Que Dios haga abo­minable lo que me has causado! Por Dios, yo no pensé que tú lo harías rechazar lo que escribí, y que nos echarías a perder un asunto que esperábamos haber dejado arregla­do. Husain no se rendirá, ya que hay en su cuerpo un espíritu como el de su padre.

- Dime lo que vas a hacer- demandó Shimr-¿Vas a llevar a cabo la orden del gobernador y combatirás a su enemigo, o vas a dejarme el mando del ejército?

- No. No habrá ventaja para ti. Ejecutaré esto, y no tú. Toma el mando de los soldados de a pie.

‘Umar Ibn Sa‘d se preparó para combatir a Husain (P) la noche del jueves 9 del mes de Muharram. Mientras tanto, Shimr salió y se paró frente a los seguidores de Husain (P).

- ¿Dónde están los hijos de mi hermana? -demandó él-.

‘Abbâs (S), Ya‘far, ‘Abdul.lâh y ‘Uzmân, hijos de ‘Ali Ibn Abi Tâlib (P) se presentaron ante él.

- ¿Qué quieres? -preguntaron ellos-.

- Hijos de mi hermana, os garantizo seguridad- dijo Shimr­

- Que Dios te maldiga, y que maldiga la seguridad que ofreces sin ofrecérsela al hijo del Mensajero de Dios- replicaron los jóvenes.

- Caballería de Dios, montad y anunciad las nuevas del Cielo (o sea, la muerte)- gritó ‘Umar Ibn Sa‘d-y entonces las gentes se montaron y él se acercó a los seguidores de Husain después de la oración de la tarde.

Mientras tanto, Husain (P) estaba sentado frente a su tienda, dormitando con la cabeza sobre las rodillas. Su hermana oyó el clamor de los soldados del enemigo. Fue a ver a Husain y dijo:

- Hermano mío, ¿no oyes el ruido que se acerca?

- Acabo de ver al Mensajero de Dios (PBD) en mi sueño­- dijo Husain (P) al levantar la cabeza-Él me dijo: “Tú vie­nes hacia nosotros”.

Su hermana se golpeó la cara con las manos y gritó lamentándose.

- No tienes razón para lamentarte, hermana- le dijo Husain (P)-Cálmate, que Dios tenga misericordia de ti.

Entonces se volvió hacia ‘Abbâs Ibn ‘Alí (S) y le dijo:

- Hermano, los enemigos han llegado, así que alístate, pero antes, ‘Abbas, sal tú mismo sobre tu caballo a encontrar­los para hablarles acerca de lo que tienen en mente y lo que les parece apropiado, y pregúntales acerca de lo que los ha traído contra nosotros.

‘Abbâs (S) fue hacia ellos con unos 20 jinetes, entre los cuales estaba Zuhayr Ibn Al-Qayn.

 - ¿Cómo veis la situación?- preguntó él-¿Qué queréis?

 - Ha llegado la orden del gobernador de que te ofrezca­mos la oportunidad de que os sometáis a su autoridad o que, de lo contrario, os ataquemos- respondieron.

- No os apresuréis a hacer algo sino hasta que haya regre­sado a Aba Abdil.lah y le diga lo que habéis dicho- pidió ‘Abbâs (S).

Ellos se detuvieron donde estaban y le dijeron:

- Ve a él e infórmalo, y dinos lo que te diga.

‘Abbâs (S) regresó galopando hacia Husain (P) para darle la información. Mientras, sus compañeros se quedaron intercambiando palabras con el enemigo, tratando de probarlos y disuadirlos de luchar contra Husain (P). ‘Abbâs (S) le dijo lo que el enemigo había dicho.

- Regresa a ellos- dijo él (P)-Si puedes, entretenlos hasta la mañana y convéncelos de que se abstengan de atacar­nos durante la noche. Entonces, tal vez, podamos rezar a nuestro Señor durante la noche para invocarlo y solicitar Su Perdón. Él sabe que yo siempre he amado hacer la ora­ción formal para Él, la recitación de Su Libro, y hacerle muchas invocaciones y súplicas buscando Su Perdón.

‘Abbâs (S) volvió hacia las gentes, y regresó después de estar con ellos, acompañado de un mensajero de parte de ‘Umar Ibn Sa‘d, que decía:

- Te concederemos un día hasta mañana. Entonces, si te rindes, te enviaremos a nuestro gobernador, ‘Ubaydul.lah Ibn Ziyâd, pero si te niegas, nosotros ya no te dejaremos.

Después de que éste partió, hacia la noche, Husain reunió a sus seguidores alrededor suyo.

‘Alí Ibn Husain, Zain Al-‘Abidin (P) reportó:

Me acerqué a escuchar lo que él les iba a decir, aun cuando yo estaba enfermo entonces. Oí que mi padre decía a sus se­guidores:

“Glorifico a Dios con la alabanza más perfecta y lo alabo en la felicidad y en la desgracia.

¡Oh Dios!, te ruego que nos bendigas con la profecía, enseñándonos el Corán y haciéndonos entender la Religión. Tú nos diste el oído, la vista y los sentimien­tos, y nos pusiste entre quienes te dan gracias.

Yo no conozco seguidores más leales y virtuosos que mis seguidores, ni familia alguna más leal y virtuosa que mi Familia. Que Dios os recompense bien por amor a mí.

En verdad, yo no creo que nos queden más días concedidos por esos hombres. Os permito que me dejéis. Os podéis ir todos vosotros con la absolución de vues­tro juramento de seguirme, ya que no habrá más obli­gación de vosotros hacia mí. Ésta es una noche cuya oscuridad os cubrirá; usadla como camello (o sea, os podéis ir aprovechando la oscuridad de la noche)”.

Sus hermanos e hijos, los hijos de sus hermanas y los hijos de ‘Abdul.lâh Ibn Ya‘far dijeron:

- Nosotros no te dejaremos para poder seguir viviendo después de tu muerte. Dios nunca nos verá hacer tal cosa.

‘Abbâs Ibn ‘Alí (S) fue el primero de ellos en hacer esta declaración. Entonces todo el grupo lo siguió en declarar lo mismo.

-Hijos de ‘Aqil- dijo Husain (P)-ya bastantes de vues­tra familia han sido matados. Así que os podéis ir como os lo he permitido.

-¡Gloria a Dios!- replicaron-¿qué diría la gente? Ellos dirían que nosotros desertamos de nuestro Sheij, de nues­tro señor, al hijo de nuestro tío, el cual fue el mejor de los tíos, y que no disparamos flechas junto con él, que no arro­jamos lanzas junto con él, que no usamos las espadas jun­to con él. Ante esa acusación no sabemos qué podríamos hacer. No, por Dios, nosotros no haremos tal cosa. Antes daríamos por ti nuestras vidas, nuestras propiedades y nues­tras familias. Nosotros lucharemos por ti hasta que llegue­mos a nuestro destino. ¡Que Dios nos haga aborrecer la vida si es que vivimos después de tu muerte!

Entonces Muslim Ibn ‘Awsaya se levantó y habló:

-¿Podríamos dejarte solo? ¿Cómo podríamos excusarnos ante Dios en cuanto al cumplimiento de nuestro deber hacia ti? Por Dios, yo los atacaré con mi lanza hasta que ésta se rompa, los golpearé con mi espada en tanto que la empuñadura esté en mi mano. Si no me queda arma alguna para combatirlos, les arrojaré piedras. Por Dios, nosotros nunca te dejaremos, y Dios sabrá que nosotros protegi­mos, defendiéndote, la compañía de Su Mensajero en su ausencia. Por Dios, si yo supiera que iba a morir y luego iba a ser revivido, y luego quemado y revivido de nuevo, y luego mis cenizas iban a ser dispersadas, y que eso me iba a ser hecho 70 veces, yo nunca te dejaría, y lucharé por ti hasta encontrar la muerte combatiendo por tu causa. En­tonces, ¿cómo podría no hacerlo, siendo que sólo puede haber una muerte, la cual es una gran bendición que nunca puede ser rechazada?

Zuhayr Ibn Al-Qayn, que Dios tenga piedad de él, dijo:

“Por Dios, yo preferiría ser matado y luego ser vuelto a la vida, y luego matado 1.000 veces de esta forma para que, de esta manera Dios, el Todopoderoso y Al­tísimo, protegiese tu vida y las vidas de estos jóvenes de tu Familia”.

Todos sus seguidores hablaron de manera similar, uno tras otro. Husain (P) invocó a Dios pidiéndole que los recom­pensara bien, y luego regresó a su tienda.

‘Ali Ibn Husain (P) reportó:

Yo estaba sentado esa noche antes de la mañana del día en que mi padre fue matado. Conmigo estaba mi tía Zainab (S), quien me atendía, cuando mi padre salió para ir a su tienda. Con él estaba Yown, el sirviente de Abu Dharr Al-Gifâri, prepa­rando su espada, y mi padre recitó:

“¡Tiempo!, vergüenza me das como amigo. Al amane­cer el día y al ponerse el sol, ¡cuántos compañeros serán cadáveres! El tiempo no estará satisfecho con sustituto alguno.

El asunto estará en manos del Todopoderoso, y toda criatura viviente tendrá que viajar a lo largo de mi camino”.

Él lo repitió dos o tres veces. Yo lo entendí y me di cuenta de lo que él quería decir. Las lágrimas me ahogaron y las contu­ve. Me quedé callado y supe que la tribulación había llegado a nosotros.

En cuanto a mi tía, ella oyó lo que yo escuché -pero ella es una mujer y la debilidad y los lamentos son parte de las ca­racterísticas de las mujeres- y no se pudo controlar. Saltó, rasgó sus vestiduras y, sollozando, fue hacia él.

- Así que voy a perder un hermano- le dijo Zainab (S)-¡Ojalá que la muerte me privara hoy de la vida, ya que mi madre Fátima (P) está muerta, y mi padre ‘Alí está muerto, así como mi hermano Hasan, la paz sea con todos ellos!

-¡Oh hermana!- le dijo Husain (P) al verla con sus ojos llenos de lágrimas- no dejes que Satanás te quite la perseveran­cia. Recuerda: si se deja a los gansos de noche, éstos dor­mirán (es decir, la naturaleza toma su curso).

- ¡Ay, qué sufrimiento!, tu vida te será violentamente arrebatada y eso es lo que hiere más a mi corazón y es lo más duro para mi alma- se lamentó ella, y entonces se golpeó la cara.

Ella se inclinó y tomó la orilla de su vestido y empezó a rasgarlo. Luego cayó desmayada.

Husain (P) se levantó, le enjugó la cara con agua, y en­tonces le dijo:

- Hermana, teme a Dios y consuélate en Él. Haz de saber que las gentes del mundo morirán y que los habitantes del cielo (los astros)no continuarán existiendo por siempre, ya que todo será destruido, excepto la Presencia de Dios, Quien creó todo por Su Poder. Él produce a las criaturas y Él las hace regresar; Él es Uno y Único. Mi abuelo fue mejor que yo, mi padre fue mejor que yo y mi madre fue mejor que yo. Yo y todos los musulmanes tenemos un modelo ideal en el Mensajero de Dios (PBD).

Con esto y argumentos similares él trató de consolarla y le dijo:

- ¡Oh, hermana!, te lo juro, y yo siempre mantengo mis ju­ramentos, que no debes rasgar tus ropas, ni arañarte la cara, ni gritar de dolor y pena cuando yo sea destruido.

Entonces la trajo y la hizo que se sentara conmigo. Él salió a ver a sus seguidores y les ordenó que acercaran mucho sus tiendas, tanto que sus estacas quedasen unas dentro del área de las otras tiendas, y así si ellos permanecían entre sus tiendas, el enemigo sólo podría acercarse a ellos por un lado, ya que ellos tendrían tiendas detrás, así como a la izquierda y la derecha. De esta manera las tiendas los rodeaban por com­pleto, excepto por el único camino por el que el enemigo po­dría llegar contra ellos.

Después de eso, él (P) regresó a su tienda y pasó toda la noche haciendo oración, pidiendo el Perdón de Dios, y ha­ciendo invocaciones. De la misma manera sus seguidores hi­cieron oración, hicieron súplicas y solicitaron el Perdón de Dios.

Dahhâk Ibn Abdil.lah reportó:

Un contingente de ‘Umar Ibn Sa‘d pasaba continuamente ante nosotros vigilándonos, mientras Husain recitaba:

«Que los infieles no piensen que el que les demos una tregua es mejor para ellos mismos. Nosotros les concederemos un receso sólo para que puedan incremen­tar su maldad. Ellos tendrán un castigo humillante. Dios no deja a los creyentes en la situación en que estáis sino hasta que Él haya hecho que el mal se dis­tinga del bien por sí mismo»[1]

Un hombre llamado ‘Abdul.lâh Ibn Sumair, que estaba entre aquellos jinetes oyó eso. Él era muy dado a la risa, y era un combatiente valeroso y un caballero de la nobleza. Él gritó:

- ¡Por el Señor de la Kaaba!, nosotros somos el bien y nos hemos distinguido de vosotros.

- ¡Oh terrible pecador!- gritó Burayr Ibn Judayr- ¿Te ha hecho Dios uno de los buenos?

- ¡Maldito seas, quienquiera que seas!- respondió gritando­

- Yo soy Burayr Ibn Judayr- replicó él, y ambos se maldijeron mutuamente.

A la mañana siguiente, Husain (P) movilizó a sus seguido­res después de la oración del amanecer. Tenía consigo 32 jinetes y 42 soldados de a pie. Puso a Zuhayr Ibn Al-Qayn a cargo del flanco derecho y a Habib Ibn Muzâhir a cargo del izquierdo, y le dio su estandarte a su hermano ‘Abbâs (S). Ellos se apostaron con las tiendas detrás. Él (P) ordenó que la leña y las cañas que había detrás de las tiendas fueran puestas en una zanja que había sido excavada y que le prendieran fue­go, temiendo ser atacados por la retaguardia.

‘Umar Ibn Sa‘d empezó la mañana de ese día -era viernes, o sábado, como dicen algunos- a movilizar a sus seguidores. Salió con sus hombres hacia Husain (P). ‘Amr Ibn Al­-Hayyây iba al mando de su flanco derecho, Shimr Ibn Dhil-Yawshan a cargo del izquierdo, ‘Urwa Ibn Qays tenía la ca­ballería a su cargo, y Shabaz Ibn Rib’i comandaba a sus soldados de a pie. ‘Umar le dio su estandarte a Durayd, su sirviente.

‘Alí Ibn Husain, Zain Al-‘Abidin (P), reportó:

Cuando la caballería empezó a acercarse a Husain, él le­vantó las manos y dijo:

“¡Oh Dios!, es en Ti en Quien yo confío en medio de todo el sufrimiento.

Tú eres mi esperanza entre tanta violencia.

Tú eres mi confianza y provisión en todo lo que me suceda, sin importar cuánto parezca que el corazón se debilite por ello, que las trampas hagan que parezca que mi fuerza disminuye, que los amigos puedan de­sertar y que el enemigo se regocije por ello.

Ello viene sobre mí por Tí y cuando me quejo de ello ante Ti es por mí deseo de Tí, sólo de Tí.

Tú me has consolado en todo y me has revelado el sig­nificado de ello.

Tú eres el Dueño de toda gracia, el Poseedor de toda bondad y la Satisfacción Final de todo deseo”.

Cuando el enemigo empezó a moverse alrededor de la tienda de Husain (P), ellos vieron la zanja detrás y el fuego de la leña y las cañas ardiendo. A esto, Shimr Ibn Dhil-Yawshan gritó tan fuerte como pudo:

- Husain, ¿vas corriendo hacia el Fuego del Infierno antes del Día de la Resurrección?

¿Quién es ése?- preguntó Husain (P)-Suena como Shimr Ibn Dhil-Yawshan.

-Sí, es él- le dijeron.

- Hijo de una pastora de cabras, tú eres más adecuado para arder en él -contestó el Imam (P).

Muslim Ibn ‘Awsaya quiso dispararle una flecha a Shimr, pero Husain (P) lo detuvo.

-Déjame dispararle ahora que Dios ha hecho posible matarlo- pidió-ya que él es un malvado pecador, uno de los enemigos de Dios, y un gran tirano.

- No le dispares- ordenó Husain (P)- ya que yo no estoy dispuesto a empezar la batalla contra ellos.

Entonces Husain mandó a por su caballo y lo montó. Gritó tan fuerte como pudo:

“¡Oh gentes de Iraq!- y la mayoría de ellos empezaron a escucharlo-Gentes, escuchad mis palabras y no os apresuréis a atacarme, pues quiero recordaros los de­beres que tenéis hacia mí y os quiero decir las verda­deras circunstancias y librarme así de cualquier culpa si me atacáis.

Si me hacéis justicia, seréis más felices debido a ello. Si no me hacéis justicia por vuestra propia voluntad, como individuos, «entonces poneos de acuerdo acerca de vuestros asuntos y vuestros asociados; que vuestro asunto no esté oscuro para vosotros. Entonces, llevadlo a cabo contra mí y ya no reflexionéis más».[2]«Ciertamente, mí Guardián es Dios, el Cual creó El Libro. Él cuida a los que son justos».[3]

Luego alabó y glorificó a Dios y mencionó lo que se debe rendir a Dios. Pidió bendiciones para el Profeta (PBD) y para los ángeles y los otros profetas. Ningún orador ha sido oído, ni antes ni después de él, que sea más elocuente que él en su discurso. Él continuó:

“Recordad mi linaje y considerad quién soy. Luego miraos a vosotros mismos y reconoced quiénes sois. Con­siderad si es correcto para vosotros el matarme y des­honrar a mis parientes.

¿No soy acaso el hijo de la hija de vuestro Profeta; el hijo de su legítimo heredero; el primero de los creyen­tes en Dios y el primer hombre que creyó en lo que Su Mensajero (PBD) trajo de parte de su Señor? ¿No fue Hamza, el señor de los mártires, mi tío? ¿No fue Ya‘far (At-Taiiar), el que vuela en el cielo, mi tío? ¿No escuchasteis las palabras del Mensajero de Dios (PBD) acerca de mí y de mi hermano. Estos son los dos señores de los jóve­nes del Paraíso?

Ya sea que creáis en lo que os digo- y es la verdad, ya que, ¡por Dios!, yo nunca he dicho una mentira pues sé bien que Dios odia a las gentes que las dicen- o que me consideréis un embustero, hay entre vosotros quie­nes, si les preguntáis, os podrán informar. Preguntad a Yâbir Ibn ‘Abdul.lâh Ansâri, Aba Sa‘id Al-Judri, Sahl Ibn Sa‘d As-Sâ‘idi, Zayd Ibn Arqam y Anas Ibn Mâlik, que os digan que oyeron estas palabras del Mensajero de Dios (PBD) acerca de mí mismo y de mi hermano. ¿No hay en esto razones suficientes para que evitéis derramar mi sangre?”.

- Si entiendo lo que estás diciendo- dijo Shimr Ibn Dhil-Yawshan-entonces yo adoro a Dios muy escasamente, a penas.

- Yo creo que tú adoras a Dios muy escasamente, 70 veces menos que cualquier otro- dijo Habib Ibn Muzâhir- y yo testifico que tienes razón; tú no entiendes lo que él está di­ciendo ya que Dios ha impreso la ignorancia sobre tu corazón.

“Si no tenéis duda alguna acerca de eso- les dijo Husain (P)-vosotros estáis dudando que yo sea el hijo de la hija de vuestro Profeta. ¡Por Dios!, no hay otro hijo de profeta además de mí entre vosotros y entre las gentes desde el Este hasta el Oeste. Os debería dar vergüenza. ¿Acaso estáis buscando de mí que pague la expiación por alguno de vuestros muertos a quien yo hubiera matado, o por propiedad que yo hubiera usurpado, o por alguna herida que yo hubiese infligi­do?”.

Ellos no le dijeron nada. Entonces continuó:

- Shabaz Ibn Rib’í, Hayyâr Ibn Abyar, Qays Ibn Ash‘az, Yazid Ibn Al-Hâriz: ¿Acaso no me escribisteis: ‘La fruta está madura; los dátiles se han puesto verdes; ven a por un ejército que ha sido reunido para ti’?

- Nosotros no sabemos de qué hablas- dijo Qays Ibn Ash‘az-Sométete a la autoridad de tus parientes (los Omeyas). Ellos nunca te han tratado sino con lo que quie­res.

- ¡Por Dios!, yo nunca os daré la mano como un hombre que ha sido humillado, ni huiré como un esclavo- dijo Husain (P)-.

Entonces gritó:

“« ¡Oh siervos!, me refugio en mi Señor y en vuestro Señor en contra de vuestro apedreamiento»[4]

«Me refugio en mi señor y vuestro Señor en contra de todo hombre soberbio que no cree en el Día del Recuento»”.[5]

Hizo a su caballo que se agachara y ordenó a ‘Uqba Ibn Sim’an que atara las riendas. Entonces las gentes de Kufa empezaron a avanzar contra Husain.

Cuando Hurr Ibn Yazid se dio cuenta de que las gentes esta­ban determinadas a combatir a Husain (P), le dijo a ‘Umar:

- ¿Vas a pelear contra este hombre?

- Si- contestó él- será una batalla terrible, de la cual lo menos grave serán cabezas cayendo y manos cortadas volando.

- ¿No tienes ninguna otra manera de obtener lo que quieres? -dijo Hurr.

- Si la decisión me perteneciera- contestó ‘Umar- yo haría otra cosa, pero vuestro gobernador ha rechazado cual­quier alternativa.

Hurr se fue y se quedó apartado de la gente. Con él esta­ba un hombre de su tribu llamado Qurra Ibn Qays.

- Qurra, ¿has dado de beber hoy a tu caballo?- preguntó Hurr.

-No- contestó.

- ¿Quieres darle de beber?Dijo Hurr.

Qurra reportó después:

Yo pensé que Hurr iba a dejar la batalla, y no quería estar presente durante ella, pero no quería ser visto cuando se fue­ra, así que dije: “No le he dado de beber e iba a darle”. Entonces lo dejé donde estaba. Por Dios, si él me hubiera dicho lo que intentaba hacer, yo habría ido con él a Husain (P).

Hurr empezó gradualmente a acercarse a Husain.

- ¿Qué quieres Ibn Yazid? -preguntó Muhâyir Ibn Aws

Pero él no respondió. En vez de ello, empezó a estremecerse.

- Tu comportamiento es sospechoso- dijo Muhâyir-¡Por Dios!, nunca antes te vi actuar así Si me preguntaran quién es el más valiente de los hombres de Kufa, por lo general yo no dejaría de mencionarte. ¿Qué es lo que veo hoy en ti?

- ¡Por Dios!, le estoy dando a mi alma a que elija entre el Cielo y el Fuego del Infierno -contestó Hurr-¡Por Dios!, yo no escogeré nada que no sea el Cielo, aun cuando sea cortado en pedazos y quemado.

Entonces él fustigó su caballo y galopando fue a unirse a Husain (P).

- ¿Puedo ser tu rehén, hijo del Mensajero de Dios? -dijo él­.Yo soy el compañero que te impidió regresar. Yo te acom­pañé a lo largo del camino y te hice detenerte en este lu­gar. Pero yo no creí que las gentes se negarían a respon­der a lo que les ofreciste y que ellos llegarían a esta posi­ción a la que han llegado con respecto a ti. ¡Por Dios!, si yo hubiera sabido que ellos terminarían haciendo lo que veo que te hacen, yo nunca habría cometido lo que hice contra ti. Me arrepiento ante Dios por lo que he hecho. ¿Aceptarás tú también mí arrepentimiento?

-Sí- contestó Husain (P)-que Dios te perdone. Así que desmonta.

- Tú no tendrás otro jinete mejor que yo, ni, mientras esté desmontado, otro mejor soldado de a pie -dijo él- Conti­nuaré luchando a pie hasta el amargo final.

-Hazlo- dijo Husain (P)-Que Dios te conceda miseri­cordia por lo que Él te ha revelado.

Él avanzó, frente a Husain (P) y gritó:

“¡Gentes de Kufa! vuestras madres se verán priva­das de sus hijos y las lágrimas acudirán a sus ojos.

¿Pedisteis a este hombre justo que acudiera a voso­tros y luego, cuando él vino, lo entregasteis a sus ene­migos? ¿Afirmasteis que pelearíais por él con vues­tras propias vidas, y ahora habéis empezado a atacar­lo para matarlo? Os habéis apoderado de su vida; habéis atrapado su garganta; lo habéis rodeado por todos lados para evitar que regrese a la amplia tierra de Dios (el Hiyâz). Él cayó en vuestras manos como un prisionero que ya no tiene poder para usar su vida y no puede defenderse del daño. Habéis impedido que él, las mujeres de su Familia, sus hijos y sus gentes obtengan el agua del Éufrates,...(ver la continuación en archivo pdf)

 

[1]Corán, 3:117-118

[2]Corán, 10:71

[3]Corán, 7:16

[4]Corán, 44:20

[5]Corán, 40:27

La partida del Imam Husain (P) para Iraq y la masacre de Karbalá.jpg
Bajar el archivo PDF: 
Tema: