La doctrina de la Escuela Mística respecto al Hombre Perfecto

La doctrina de la Escuela Mística respecto al Hombre Perfecto
Profesor Ayatola Murtada Mutahhari
 
 “EI (Dios) es quien ha suscitado entre los gentiles a un Enviado salido de ellos, que les recita Sus aleyas, les purifica y les enseña la Escritura y la Sabiduría. Antes estaban, evidentemente, extraviados”(62:2).
Advertimos ya que los filósofos, los místicos y muchos pensadores modernos tienen cada uno su propia visión del hombre perfecto. Desde el punto de vista místico esto tiene un significado especial para nosotros. El hombre perfecto como ha sido pensado por Aristóteles y Avicena (Ibn Sina) no ha tenido gran aceptación entre la gente. Ha sido registrado en los libros como un punto de vista más pero no ha tenido mucha influencia. Sin embargo, la escuela sufí o mística, o ambas, a través de la poesía o la prosa, hizo conocer más extensamente su visión al respecto y seguramente goza de más influencia. Esto es así especialmente porque los textos místicos expresan ciertos puntos, cuestiones y argumentos que son aceptables para el Islam, aunque no escapan a la crítica. El hombre perfecto del Islam no se ajusta un cien por cien al hombre perfecto de los místicos o sufís.
EL AMOR COMO ES VISTO POR LOS MÍSTICOS
Ya mencionamos que los filósofos consideran el intelecto como la esencia misma de la existencia humana. Excepto el intelecto, todas las demás cosas son consideradas como instrumentos o medios. Para ellos el “yo” del ser humano es su facultad de pensar, su poder intelectual de razonamiento. Los ‘urafá o místicos, sin embargo, no consideran que la razón o el intelecto sea el “yo” (como núcleo esencial) del ser humano. Más bien lo consideran un medio, y no muy confiable. Los místicos consideran que el “corazón” es el “yo” real del ser humano. Por supuesto, ni hace falta decir que por corazón no se entiende el órgano que bombea sangre. Así como el intelecto es el núcleo en el cual tienen lugar todos los pensamientos, la contemplación y los cálculos, de la misma manera el corazón es el núcleo para los sentimientos y esperanza en el ser humano. El intelecto es un centro y el corazón es otro.
El ‘aref o místico asigna gran valor a los sentimientos y al amor, que es la “emoción más potente en el hombre”. Así como los hakims o filósofos enfatizan el valor del razonamiento y la argumentación intelectual, de la misma manera, los ‘urafá o místicos insisten en el valor del amor. No cabe duda que el amor que tienen presente los místicos es muy distinto al amor común de las personas, que generalmente se refiere a lo físico o sexual. El amor que es el objetivo de los ‘urafas o sufís llega a su cenit en el hombre en su unión con Dios, el real amado del ‘aref. De todos modos, el amor del místico no se constriñe al hombre. El sufí o místico cree que el amor existe y atraviesa e impregna todas las cosas y seres. En algunos de los textos sobre filosofía y misticismo se dedica todo un capítulo a “El amor impregna todas las cosas”. Los defensores de esta doctrina creen que el amor es una realidad, una verdad, que existe y acciona en cada molécula de agua, de piedra, en todas las cosas y objetos, en toda partícula y antipartícula. No creen en nada real, excepto el amor, como dice  Moulavi:
“El amor es un mar infinitamente grande.
El ciclo, la tierra y todo lo que entre ellos hay
lo llevan como rostros llenos de espuma”.
El místico ve el amor como “un océano ilimitado y que el ciclo y toda la naturaleza yace sobre su superficie como espuma”. En relación con el amor, del que hablan los sufís o místicos, dice Hafiz:
“A este umbral hemos arribado
no buscando posición, pompa o bienes.
Los malos vientos han hecho que busquemos refugio
Como timoneles en el sendero de reposo del amor
(Yendo) desde las orillas de la nada.
Hacia el dominio de la existencia
Tal distancia ‘a pie’
No ha sido cubierta en vano”.
Esta es una excelente interpretación de Hafiz de una sentencia del rezo primero del “Sahifa Sayyadiáh” (libro de súplicas del Imam Sayyad –P-), en el cual, después de glorificar al Señor, dice que Dios creó el mundo de la nada, queriendo expresar que no tenía ningún precedente, y luego inspiró todas las cosas dentro del mismo con amor, lo cual movió a las cosas a la acción.
EL CAMINO PARA OBTENER LA PERFECCIÓN
Dado que el ‘aref considera una Verdad para todo el universo, el amor, por lo tanto, en su visión, el pensamiento o reflexión no puede ser la esencia real, como aseguran los filósofos. Más bien el místico considera que el corazón es la esencia íntima, la expresión más recóndita en el ser humano de la verdad y la realidad, es decir, la esencia del amor divino. Así, existe una diferencia entre la escuela de la razón y la escuela del amor, y esa diferencia se apoya en el “yo” (o núcleo esencial) de estas escuelas. ¿El “yo” del hombre es aquello que piensa o lo que lo hace amar? El ‘aref o místico dice que el “yo” real del hombre es aquello que ama y no aquello que piensa.
Si alguien quiere usar el punto de vista de los filósofos para obtener la perfección, ¿cuál debería ser su herramienta? El filósofo recomienda que para llegar a ese estado se necesita de la ayuda de la lógica, la reflexión intelectual, la argumentación con premisas principales y secundarias, y un razonamiento inductivo y deductivo. Pero el ‘aref o sufí dice que no, que no es cuestión de conocimiento, condición literaria, palabras y discusiones sobre argumentos y términos lógicos lo necesario para el saber verdadero.
“Para leer el libro de un sufí
No necesitas ninguna palabra o escrito
Solamente un corazón blanco
Como la nieve, puro y brillante”.
El ‘aref o místico aconseja purificar el alma y el corazón, el filósofo recomienda el estudio y la reflexión. El ‘aref dice que hay que dirigir la atención solamente a Dios, purificar el ego de ideas sin valor, limpiar el corazón de cualquier cosa, cualquier pensamiento que no se ocupe del Señor o no conduzca a Él. Los pensamientos sobre lo que no es divino es una cosa mala y donde existe el mal no desciende la luz de Dios. Como ha dicho Hafiz:
“Si yo pudiera por medio de mis manos destruir la tristeza
seguramente en el origen.
Suprimiría los secretos del corazón: no dejaría ninguna
oportunidad para que los antagonistas enfrenten a
los ángeles que pasean sobre la tierra lavada del mal.
Por la puerta de los hombres insensibles del mundo
en vano observas para verlos emerger.
La compañía de los gobernantes es nada,
pero la larga, oscura noche,
del sol ascendente busca su luz gloriosa.
Como un mendigo encontrarás tesoros
en las miradas que pasan a tu lado”.
Después de prohibir al hombre aproximarse a los amos, los grandes, los magnates, el sufí (en este caso Hafiz) nos pide no abandonar o dejar la mendicación. Pero, ¿a qué acción mendicante se refiere?, seguramente a la de un hombre perfecto. De todos modos, esta escuela (la mística) recomienda la purificación del alma y del ego. Lleva a volverse a Dios cada vez más, ignorando las cosas que no son divinas, es decir, que no se refieran a Dios, sumergiéndose cada vez más dentro de sí mismo cortando las ligazones con el exterior, como forma de alcanzar la perfección. Con toda seguridad la argumentación lógica y el razonamiento intelectual no tienen nada que hacer en este sistema. Como ha dicho Moulana:
“La pata del razonador es de madera
y una pata de madera es difícil de manejar”.
En otra parte expresa Moulavi:
“Si una discusión intelectual es perla y coral
Algo más es la esencia de la vida;
La conversación de la vida está en un rango distinto
Y el vino de la vida es de un orden distinto”.
¿En que acaba todo esto? De acuerdo al filósofo o hakim el punto final es que el hombre se vuelve un mundo en sí mismo, un mundo de pensamiento y razón en cuyo espejo registrará una representación, una visión general de todas las cosas. Ello significa ver dentro del propio pensamiento el mundo entero. Sin embargo, el filósofo obtiene esto a través del conocimiento y la percepción del mundo, mientras que el místico busca la unión con el Señor, o alcanzar la Verdad Suprema, la Existencia Infinita.
Los místicos creen que si el hombre se auto purifica internamente, va por el camino y recorre los estadios por medio de la carroza del amor de una parada a la siguiente, bajo la guía de un hombre más perfecto (el maestro), al fin del viaje verá removerse completamente el velo entre él y Dios, o como dicen ellos, alcanzará a Dios.
La cuestión del “Liqa’-Allah” (el encuentro con Dios) se menciona en el Sagrado Corán y los ‘urafá hablaron al respecto específicamente. No quiero entrar en esta discusión, que tiene una larga historia, en cuanto al sentido que tenga y no lo que se afirma. De todos modos el ‘aref o sufí no dice que llegará a un punto en el que se volverá un mundo de pensamiento y reflexión o un espejo en que se reflejará todo el universo. El místico dice simplemente que avanza hasta alcanzar el centro, la esencia del mundo. Como dice el Sagrado Corán: “¡Hombre! Te esfuerzas con denuedo en encontrar a tu Señor y le encontrarás.” (84:6). Esto significa que si uno consigue encontrar al Señor tendrá todas las cosas y se transformará en todas las cosas. Este es el secreto, el enigma. Significa que el ser humano puede alcanzar ese estadio cuando tiene todas las cosas pero no quiere ninguna, un estadio en el que se le dan todas las cosas pero está interesado solamente en una, es decir, el Señor. Qué bien ha expresado esto Abu Said Abil Khayr en una copla que traducida literalmente dice:
“¿Para qué le sirve el alma a quien a Ti ha conocido?
¿Para qué le sirven sus amigos y parientes?
Tú enloqueciste, luego cediste los mundos.
¿Para qué sirven los mundos a quien enloquece por Tí (por Tu Amor)”.
Estos versos indican que el ser humano quiere todas las cosas en tanto no ha conocido a Dios. Y cuando adquiere tal conocimiento, el Señor le concede todas las cosas pero la persona ya no quiere ni necesita nada porque ha encontrado al Señor y lo quiere solamente a Él. Quien está por sobre este mundo y el próximo.
Veamos ahora si el hombre perfecto de los místicos se corresponde con la doctrina islámica. De acuerdo a los sufís o místicos (los ‘urafa, esos que conocen), como señalamos antes, el hombre perfecto es aquel que alcanza a Dios y, como resultante, se vuelve una manifestación perfecta de todos Sus Nombres y Atributos divinos, y un espejo en el cual se revela la esencia del Ser Supremo. ¿Es un tema o cuestión del Islam la purificación del ego o del alma (nafs) Sí, efectivamente. Leemos en el Sagrado Corán: “¡Por el cielo y Quien lo ha edificado! ¡Por la tierra y Quien la ha extendido! ¡Por el alma y Quien le ha dado forma armoniosa, instruyéndola sobre su propensión al pecado y su temor de Dios! ¡Bienaventurado quien la purifique! ¡Decepcionado, empero, quien la corrompa!” (91:5-10). Estos versículos coránicos dicen claramente que la salvación es para quien mantenga su alma pura y que esos que la corrompen son desengañados.
LA AUTOFORMACIÓN O CONOCIMIENTO INTUITIVO (Elm-e­Efazi)
La purificación del nafs o ego (alma) ¿es considerada en el Islam como un canal, una vía, para el conocimiento o comprensión de la divinidad? Citamos antes el versículo coránico que declara que quien purifique su alma será salvo. Pero, ¿es esta purificación la manera o camino para el reconocimiento de Dios, o ese reconocimiento se obtiene solamente por la prueba y el razonamiento como dicen los hakims (filósofos)?
El Islam confirma estos interrogantes. El Santo Profeta (BPD) ha dicho, en una tradición narrada por ambas escuelas, sunnita y shiita, lo siguiente: “Quien se mantiene puro (se purifica) durante cuarenta días por causa de Dios (es decir, si considera como lo único importante la Complacencia de Dios y abandona todos sus deseos fuera de éste), las fuentes de la sabiduría surgirán en su corazón y fluirán a través de su lengua” (Ver: “Safinat ul Bihar”, Madde Khols - La Esencia de la Pureza).
Este ejercicio nos llama a la entrega y sometimiento de todos nuestros sentimientos, sentidos, pensamientos, etc. al Señor. Cada acción y obra nuestra debe ser por y en nombre de Dios, durante cuarenta días y cuarenta noches. En resumen, durante cuarenta días y cuarenta noches se debe vivir como Abraham Jalilullah (Abraham, el Amigo de Dios) y decir: “Mi azalá (rezos), mis prácticas de piedad, mi vida y mi muerte pertenecen a Dios, Señor del universo”. (6:162)
Resulta entonces que el Islam confirma el conocimiento que se origina o genera en el ser humano desde su interior y al mismo tiempo acepta el conocimiento racional o intelectual, e invita a la gente a ello. Dice Dios:
“...a uno de Nuestros siervos a quien habíamos hecho objeto de una misericordia venida de Nosotros y enseñado una ciencia Nuestra” (18:65). Esto significa que el siervo de Dios puede recibir su conocimiento por inspiración directa del Señor. Dicho conocimiento no es tomado de un ser humano sino que ha sido producido por la intuición. Hafiz se ha referido muy sutilmente a la narración profética antes mencionada (respecto a los ejercicios de purificación durante cuarenta días consecutivos), diciendo:
“Al amanecer fue escuchado un caminante
susurrando un enigma místico a su compañero:
¡Oh sufí!, el vino chispeará mejor
después de cuarenta días de reposo decantador”.
En otra parte ha dicho el Profeta (BPD): “Si Satanás renunciara a engañar los corazones de los hijos de Adán (e. d.: los hombres), el género humano podría ver el Cielo con el discernimiento de su corazón” (Ver: Mahayatul Baiza, vol. 2, pág. 125). Esta tradición ha sido narrada en algunos de los textos shiitas, como “Jame us-Saadat”. Otra tradición profética dice: “Si no hubiera sido por vuestra afición a la locuacidad, y si no hubiera sido por vuestro corazón que es como un pastizal en el cual pasta cualquier animal, habrían sido capaces de oír lo que yo oigo y ver lo que yo veo”.
Esto implica que no se necesita ser Profeta de Dios para verLo u oírLo. A veces otros, como es el caso de María (P), la madre de Jesús (P), pueden alcanzar esa jerarquía y perfección espiritual.
Alí (P) estaba con el Profeta (BPD) en el Monte Hira cuando éste recibió la Revelación de Dios por primera vez y se vio lleno de temor reverencial. Alî (P) tenía diez años cuando escuchó esas voces divinas que se dirigían al Profeta (BPD). El relató esto en el “Nahyul Balaga”: “Le dije al Profeta (BPD) que cuando vino la Revelación yo podía escuchar los quejidos de Satanás”. El Profeta (BPD) me dijo: “¡Oh Alí!, tú puedes escuchar a quien yo escucho y puedes ver a quien yo veo, solamente que tú no eres profeta”. (Ver: “Nahyul Balaga”, sermón 190).
Por lo tanto la purificación del nafs no solamente limpia el corazón sino que tiene un efecto más importante, es decir, hace posible profundizar en el interior de la existencia humana el conocimiento o autoformación.
ASCENSO Y DESCENSO DEL ALMA
‘Allamah Maylisi relata lo siguiente en su libro “Bihár”: “Los discípulos del Profeta (BPD eran creyentes firmes y seguros. En una oportunidad fueron presa de la ansiedad al temer que podrían ser hipócritas sin ser conscientes de ello. De modo que fueron a ver al Profeta (BPD) y le dijeron que cuando estaban con él oyendo sus consejos, sermones y orientaciones se sentían exaltados, pero que cuando se iban a sus casas perdían su éxtasis y volvían a su personalidad normal, temiendo que tal cambio de conducta se pudiera deber a su hipocresía. El Profeta (BPD) les dijo que eso no era hipocresía, que se debía a una disposición de la persona, no al hecho de tener dos caras, lo cual sí es hipocresía. Además les advirtió que era normal que se sintieran como se sentían cuando escuchaban sus palabras, y agregó: ‘Si ustedes permaneciesen en esa condición o estado que experimentan mientras están conmigo, verían ángeles que descienden y los abrazan. Serían capaces de andar por aguas profundas sin zambullirse (Cfr. “Usúl Al-Kafi, vol. 2, pág. 125). El alma del ser humano se eleva y asciende alto y a veces desciende muy bajo. Si el estado que sienten mientras están conmigo se convierte en una segunda naturaleza en ustedes, entonces están capacitados para un esta tus así de exaltado’”.
En mi opinión, una interpretación del hadiz mencionado, pero con términos diferentes, a través de las palabras de Jacob (Ya'qub), es lo que se expresa en los versos de Saadi[1]:
“Y el ilustre anciano que había perdido un hijo (Jacob a José)
Fue preguntado: ¿Cómo llega a Egipto
su perfume que usted percibió
Pero en la cercanía del manantial de Canaán no lo sintió?”.
En Egipto José le dio a uno de sus hermanos una de sus camisas y le pidió que la guardase como prueba de su identificación. No habían retornado aún a Canaán cuando Jacob, padre de José, dijo que podía percibir el perfume de su hijo. Dice el Sagrado Corán: “Al tiempo que la caravana emprendió el regreso, dijo su padre: ‘Noto el olor de José, a menos que creáis que chocheo’” (12:94). Alguien le pregunta a Jacob cómo era que podía percibir el aroma de la camisa de José mientras estaba en Egipto pero no podía percibir su presencia cuando estaba en un manantial cercano de Canaán. Continúa Saadi en palabras de José:
“Nuestros estados, destellos luminosos,
vienen y van.
En un momento se expanden hacia lo alto
Pero poco después,
frente a nuestros pies crece la oscuridad”.[2]
Agrega Saadi en los versos siguiente que si el ‘arif o sufí permaneciera en ese estado de éxtasis, ascendería más allá de los dos mundos.
“ITINERARIO” DEL HOMBRE PERFECTO
En confirmación a lo mencionado arriba narraremos algunas líneas del “Nahyul Balaga”. Hemos advertido a menudo que el libro “Nahyul Balaga” es 'Alî (P) mismo, ya que las palabras son iguales a quien las pronuncia. Porque las palabras o expresiones de la persona descienden de la propia alma de quien las pronuncia y son manifestaciones de la misma. Un alma sublime se manifiesta en palabras sublimes y un alma rastrera pronuncia palabras mediocres. Un alma importante pronuncia palabras importantes y viceversa, siendo ‘Alî (P) multidimensional en ese sentido, multifacético.
'Alî (P) es una personalidad compleja y paradojal, y así son sus palabras, las cuales encierran misticismo, filosofía, ética, amor por la libertad y la justicia, expresiones de dimensiones épicas, todo en su nivel más elevado. El “Nahyul Balaga” es como ‘Alî (P) mismo. Es complejo y acabado. En una de sus narraciones ‘Alî (P) habla de un “salik”, un viajero (del mundo espiritual), un “descubridor de caminos”, que había tenido éxito en esclarecer su intelecto pero que al mismo tiempo “ahogó” su alma al grado que el riguroso, austero cuidado y desvelo religioso le hizo no sólo perder autoridad, sino que también su alma había sido enrarecida. Estando en esas condiciones el hombre recibió un repentino flash luminoso encendido en su interior, que le mostró el camino. Pasó de una a otra parada hasta que finalmente llegó a detenerse en la última, alcanzando así el fin de su camino el cual era la felicidad y la bienaventuranza o dicha (Nahyul Balaga, sermón 220).
De esto se deduce que el hombre perfecto, en la medida que es un “descubridor de caminos”, un viajero errante, que fue purificando su propio ser y alma, está confirmado por el Islam. Más importante es el punto que señala que el viajero es quien se mueve y avanza paso a paso, estadio por estadio, como ha dicho ‘Alî (P), “de puerta en puerta”. Cada vez que se le abre una puerta llega al “fin del camino”, que es denominado “bab as-salámah” (la puerta o morada de la salvación y la paz).
¿Es realmente lograda la cercanía a Dios con el proceso indicado? Sí, sin duda, si el hombre tiene éxito en alcanzar ese estadio y estatus no habrá ningún velo entre él y el Señor, será capaz de ver al Señor con el discernimiento o visión de su corazón. Un hombre así ya no es igual a aquel que requiere contemplar las estrellas y observar la tierra, o las verdes hojas de un árbol para “descubrir” al Señor. Una persona como ésta puede ver a Dios mejor y más claramente que el cielo, la tierra y el verde follaje.
Alguien preguntó a ‘Alî (P) si había visto a Dios. ‘Alî (P) respondió que “nunca había adorado a Dios sin verlo”. Luego explicó que “veía” a Dios a través de la visión de su corazón, que “testimoniaba” Su Presencia (Nahyul Balaga, sermón 177).
ALGUNOS PROBLEMAS CON LA ESCUELA MÍSTICA
1. Desestimación del Intelecto. La escuela mística rebaja o ridiculiza ciertas cuestiones que el Islam ratifica. Por esta razón el hombre perfecto del misticismo es solamente semi-perfecto. Por ejemplo, el misticismo se mofa de la ciencia y el intelecto. Sin embargo el Islam, acepta el papel del corazón, acepta el amor y el camino de búsqueda, y, al mismo tiempo, también considera en alto grado la razón y el intelecto. Debido a esto, en un período reciente aparecieron ciertos grupos y personas musulmanes (místicos) como Sheij Shahabuddin Sohrawardi (Sheij Al-Ishraq) y Sadr ul-Mutaallehin Shirazi (Molla Sadra) que buscaron seguir el sendero del corazón y la razón en línea con el Sagrado Corán. Las expresiones místicas y las manifestaciones de los místicos que se burlan de la ciencia y el intelecto no tienen la aprobación del Islam. El hombre perfecto según el Sagrado Corán debe obtener también la perfección intelectual.
2. Introversión. Otra cuestión respecto al hombre perfecto que el Islam no ratifica es el problema de la introversión. La extroversión es totalmente subyugada por la introversión (en el modelo místico). Se recalca en demasía la necesidad de la actitud individualista del hombre y todos los aspectos sociales son ridiculizados. El hombre perfecto del misticismo no es un individuo social. Es una persona vuelta hacia adentro y que existe fundamentalmente en el interior de su ser. Sin embargo, el hombre perfecto en el Islam es aquel que, además de gozar los atributos del corazón (la intimidad espiritual), el amor, la búsqueda de la auto purificación, el conocimiento intuitivo y moral, también es extrovertido, es decir, está interesado en los otros, en la sociedad, y no permanece totalmente ocupado con los pensamientos sobre sí mismo.
(Ver la continuación en archivo pdf)
 
Extraído del libro El Hombre Perfecto Desde la visión del Islam y otros pensamientos;
Editorial Elhame Shargh
Todos derechos reservados.
Se permite copiar citando la referencia.
Fundación Cultural Oriente

[1]Nuestra literatura mística, que es considerada entre las más puras del mundo, debe al Islam todo lo que representa. Independientemente de lo que dicen los sirvientes del colonialismo, toda la belleza y sublimidad de las palabras y sentidos que se encuentran en nuestra literatura mística, emanan del Sagrado Corán. Hafiz admite esto francamente.
[2]Ver “Gulistán” de Saadi, capítulo 2, anécdota 10.
 
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