Fatima Az-Zahra (P); el ideal perfecto para la mujer

Fatima Az-Zahra(P)

el ideal perfecto para la mujer

 

 

Por Sumaia Younes de Morhell

Palabras en ocasión del acto de conmemoración del nacimiento de

Fatima Az-Zahra (P) y el Día de la Mujer Musulmana - Octubre de 1999 -

S.M. de Tucumán (Argentina)

Presentamos nuestras más cordiales y sinceras felicitaciones al Señor de la Época, el Imam Al-Mahdi -que Allah apresure su aparición- y a los musulmanes del mundo, en especial a la mujer musulmana, en ocasión de un nuevo aniversario del feliz nacimiento de Fátima Az-Zahrá, la Señora de las Mujeres del Universo, la gran Dama del Islam, la madre de los Imames Inmaculados de la Casa del Profeta -con todos ellos sea la paz- y por la celebración del Día de la Mujer Musulmana.

            Solía decir el Profeta Muhammad (BP):

“Cuando anhelo percibir el perfume del Paraíso me acerco a Fátima.”

            Es sabido que el Islam, para proteger los intereses de las mujeres y su desarrollo, dispone de cánones y programas especiales, y una de las maneras por medio de las cuales se puede observar a una dama ejemplar del Islam y los efectos y resultados brillantes de la educación islámica, es conocer y estudiar en forma completa a una mujer de los comienzos del Islam. Fátima, sin dudas, está a la cabeza de todas las mujeres del Islam, puesto que ella es la única mujer cuyo padre, esposo, hijos y ella misma fueron inmaculados. El ambiente donde creció fue puro e inmaculado, pues su infancia transcurrió en casa de la primera personalidad del Islam, esto es, el Profeta Muhammad (BP) quien se encontraba bajo la educación directa del Señor del Universo. Pasó la etapa de esposa y madre en casa de la segunda sobresaliente personalidad del Islam, el Imam ‘Ali ibn Abi Talib (P). En este período educó a dos niños intachables, Hasan y Husain, y a dos niñas valientes y sacrificadas como Zainab y Umm Kulzûm. Naturalmente, en tal hogar, se pueden observar los resultados brillantes de las normas y programas islámicos, encontrar al paradigma de la mujer musulmana y el modelo a seguir de todo monoteísta y creyente.

            Entonces, Dios Todopoderoso creó a Fátima Az-Zahrá (P) para que fuera un modelo y prototipo de mujer poseedora de todas las excelencias y talentos morales. De hecho, Allah Ta’ala invistió a Fátimah con un alto grado de grandeza y un elevado nivel de majestuosidad, los cuales ninguna otra mujer podrá jamás pretender alcanzar.

            Fátima, a quien el Profeta llamaba “la Señora de las mujeres del Universo” y “como parte de sí mismo”, quien fuera el consuelo de su padre a través de la sura Al-Kauzar, quien será la primera persona que entrará en el Paraíso; de quien la aleya de Tathir (la purificación) testifica su pureza y castidad, y la sura Al-Insan (el ser humano), su renuncia y altruismo; quien por medio de su súplica descendió una mesa servida desde los cielos, la mujer más querida para el Enviado de Dios; As-Siddiqah Al-Kubra, la Gran Veraz; la que fue llamada por el mismo Profeta (BP) “la madre de su padre” por la manera en que se esmeraba en cuidarle; la intercesora en el Día de la Resurrección, cuya grandeza fue comprendida por los Cielos antes de la creación de la humanidad, y  a cuyo respecto fueron revelados versículos del Sagrado Corán que son y serán recitados día y noche hasta el Día de la Resurrección:

“Por cierto que te hemos otorgado la abundancia.

Reza pues a tu Señor y sacrifica.

Por cierto que quien te aborrece será el estéril.”

            Al fallecer un hijo varón del Profeta (BP) hubo quien se burló de él y lo llamó al-abtar, esto es, “el estéril”, puesto que los árabes consideraban que la descendencia solo se daba a través de los hijos varones. Es así que los enemigos del Islam se imaginaban que  con la muerte del Profeta (BP) se acabaría la religión islámica al no haber alguien que le sucediera, y es por este acontecimiento que fue revelada la sura Al-Kauzar, uno de cuyos significados es “la abundancia”, y esta “abundancia” se refiere a Fátima Az-Zahra (P).

            El Profeta Muhammad tenía certeza de que la promesa de Dios se cumpliría y que una descendencia pura y bendita surgiría de él, la cual mantendría viva la religión hasta el final de los tiempos. La promesa de Dios se concretó cuando Az-Zahrá, la Purificada, llegó al mundo y éste iluminó sus horizontes con la luz de la Wilaiah, es decir, la supremacía de la descendencia del Profeta, que brindaría tanto al mundo con su sabiduría, y de la cual quedaría la inmensa descendencia del Profeta (BP), y es así que hoy en día vemos esa gran cantidad de familias de conocido linaje entre los musulmanes que remontan su genealogía hasta el Mensajero de Dios (BP) quien es la persona de mayor descendencia documentadamente registrada en todo el mundo, si bien aquella descendencia a la que se hace mención como “purificada” e “inmaculada” es la de los sabios Imames de Ahlul Bait (P) el último de los cuales es el esperado Señor de la Época, el Imam Al-Mahdi, el Salvador del Mundo, quien aún permanece oculto –que Allah apresure su aparición.

            Muhammad había sido ordenado luchar contra los pensamientos futiles y equivocados de los hombres que no daban ningún valor a la mujer, al punto que  ella no podía hacer uso de su intelecto, energía y poder de creatividad. Debía hacerles entender que la mujer también es uno de los miembros importantes y trascendentes de la sociedad y poseedora de una responsabilidad y función muy grande y pesada. Y lo logró, cambiando esta situación que predominaba en la sociedad de aquellos días, dándole a cada uno, varón y mujer, responsabilidades adecuadas a su naturaleza y esencia, porque el papel de cada ser en la especie humana y lo que le resulta necesario para su perfección, es diferente, y es esta misma diversidad el medio para lograr la perfección, no existiendo preferencia en el género. El Sagrado Corán, en la sura o capítulo número 48, versículo quinto, ofrece recompensa por la fe y obras que realicen tanto hombres como mujeres:

“Para introducir a los creyentes y a las creyentes en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente.”

            El Islam nos narra la excelencia de mujeres creyentes de la historia, entre las que se encuentran las cuatro más respetadas. En una narración del Profeta Muhammad leemos:

“El Paraíso está añorando ver a cuatro mujeres: A María, madre de Jesús, a Asiah, la esposa del Faraón, a Jadiyah, la hija de Juailad, y a Fátima, la hija de Muhammad.”

            Respecto a los deberes religiosos que incumben a la mujer musulmana para considerársela una verdadera creyente y ser merecedora de la compañía de Fátima y del favor divino, podemos mencionar una narración transmitida por Ibn ‘Abbas, que fue primo y transmisor de las palabras del Santo Profeta. Se transmitió de él que cierto día el Profeta Muhammad (BP) dijo:

“Es como si viera a mi hija Fátima en el día del Juicio Final montada sobre una cabalgadura de luz, que tanto a su diestra, como a su siniestra, en frente suyo y por detrás, se mueven siete mil ángeles y Fátima conduce hacia el Paraíso a las mujeres creyentes de mi comunidad. Entonces, toda mujer que lleve a cabo las 5 oraciones diarias, ayune en el mes de Ramadán, realice la Peregrinación a la Casa de Dios, dé el Zaqat de sus bienes, obedezca a su esposo y quiera a ‘Ali ibn Abi Talib, entrará al Paraíso por medio de la intercesión de Fátima. Ciertamente que Fátima es la mejor mujer del Universo.”

            A  pesar de su corta vida el temple de Fátima es considerado un ejemplo perfecto de cómo una mujer, una hija, esposa y madre, puede desempeñarse en tanto que guarda su decencia y pureza de carácter. Fátima también nos muestra el papel de las mujeres musulmanas en el área social dentro de los límites de la religión y la virtud. Su vida es ejemplar, en la oración, en la educación de sus hijos, en su lucha contra los enemigos, en su defensa del Imamato o liderazgo de su primo y esposo Ali (P), en su trabajo en el hogar, en su humildad, veracidad, fidelidad, en su elocuencia y en todo aquello que es grato para Dios. Prueba de ello son las palabras de Ali (P), que en respuesta a la pregunta del Santo Profeta (BP) en cuanto a cómo había encontrado a Fatima como esposa dijo:

«Es la mejor ayuda para obedecer a Dios.»

            Su vida confirma que el Islam no priva a la mujer de adquirir conocimiento científico, cultural y literario, lo que garantiza que ellas se salvaguarden a sí mismas de ser exhibidas como un objeto, de la dejadez moral, los excesos y otros actos tales que les acarrean la lamentación y destruyen sus identidades. A este respecto, dijo el Wali Amr Al-Muslimin Aiatul·lah Jameneí:

«La excelsa jerarquía de la Ilustrísima Fátimah Az-Zahrá, señala la cosmovisión del Islam respecto a la mujer.»

            Es así que 14 siglos antes de que, tras muchas luchas y penurias, en países occidentales se comenzaran a aprobar derechos para la mujer, el mismo surgimiento del Islam ya había concedido los suyos a la mujer musulmana. En el Islam la mujer goza de dignidad y libertad. No está obligada a subvencionar los costos del hogar aun cuando ella posea ingresos propios. Su participación en las diversas esferas de la sociedad está asegurada porque tiene acceso a la educación, teniendo la libertad de escoger la profesión que desee e incluso la carrera religiosa, pudiendo llegar a altos grados en estudios teológicos. Ella tiene derecho de posesión y a disponer de sus propiedades sin la supervisión de hombre alguno, a dirigir sus negocios, comerciar y a todas las transacciones concernientes a sus beneficios y pérdidas, sin tener que ser controlada por nadie... (ver la continuación en archivo pdf)

 

 

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