El mundo es una realidad dependiente (desde la perspectiva del Islam)

El mundo es una realidad dependiente
(Desde la perspectiva del Islam)
Autores: Muhammad Husain Beheshtí y Muhammad Yauád Bahonar
 
EL Islam considera este mundo con toda su grandeza, vastedad y maravillas y todas las interconexiones entre sus distintos fe­nómenos, como una realidad homogénea dependiente de otra Realidad que es Independiente, Soberana y Suprema. A esta Realidad independiente llamamos Dios. Al igual que todas las otras realidades imperceptibles, Él es reconocido por Sus signos perceptibles. Es a través de estos signos que obtenemos un conocimiento fructífero y valioso de Él.
LOS SIGNOS DE DIOS
El Corán, que es la fuente básica de la ciencia en la visión islámica del mundo, menciona repetidamente los signos de Dios y pide a los seres humanos que mediten en ellos y por su intermedio que conozcan la fuente u origen de la existencia, es decir, a Dios. Para algunas perso­nas la consideración de estos signos es una cuestión simple y natural. Están completamente convencidos de Su existencia. Lo ven a Él no con sus ojos, sino con su discernimiento interno. Pero para otros esto no es tan simple porque están acostumbrados a un razonamiento y análisis más extenso, en el curso del cual se sienten cansados a veces por lo intrincado de los argumentos contradictorios y no logran alcanzar una conclusión definida, en tanto que otros avanzan tranquilamente hasta que arriban a un resultado claro.
Para la ayuda y guía de ambos tipos de personas, mencionaremos algunas formas de reconocer a Dios a través de Sus signos.
1. —EL FENOMENO Y QUIEN LO PRODUCE
Imaginemos a una persona que está andando en bicicleta. Sus rue­das giran rápidamente y le permiten moverse. ¿Se han movido las rue­das automáticamente? Por supuesto que no. Es el movimiento del pi­ñón, lo que impulsa la rueda. Pero, el piñón, ¿se mueve por sí solo? Larespuesta es nuevamente negativa. Es la presión del movimiento de la cadena lo que ha puesto en movimiento el piñón. La cadena a su vez es movida por la presión de los pies sobre los pedales y el giro del plato. Los músculos de los pies reciben una señal del cerebro. Las señales son transmitidas por el cerebro porque se tiene un gran deseo de andar en bicicleta. Este deseo se puede deber al aburrimiento, o por trabajo, o por las ansias de divertirse, etc.
Tanto el aburrimiento corno la animación, al igual que todos los otros estados psicológicos, deben tener una causa que los respalde, la cual se puede buscar con algún esfuerzo.
La doctrina de causalidad
Este y otros ejemplos comunes en la vida, muestran que siempre que el hombre se enfrenta con un fenómeno, busca mentalmente una causa, porque él cree que todas las cosas tienen una causa. En realidad, la doctrina de la causalidad está en la base de todos los cuestionamien­tos ordinarios así como de todas las investigaciones científicas. La adhe­rencia del hombre a esta doctrina ha aumentado con el avance de la ciencia y la industria. Un físico, un antropólogo o un sociólogo se es­fuerzan por descubrir la causa de cada suceso simplemente porque no pueden creer que cualquier fenómeno, físico o social, pueda suceder automáticamente sin intervención de una causa. A esto se debe que, para acertar en la causa correcta, recurra a cientos de pruebas y em­prenda estudios y análisis. Si todos esas pruebas y estudios le llevan a un resultado negativo, continuará su estudio sobre la base de alguna nueva teoría pero no renunciará a sus esfuerzos hasta el fin de su vida, a menos que arribe a algún resultado positivo. Si muere, otro científi­co o científicos proseguirán el trabajo sin terminar con la esperanza de descubrir la causa o causas relevantes, pero nunca se inclinarán a creer o suponer que las cosas pueden pasar a existir sin una causa.
En este sentido se debe tener presente que nosotros no nos esfor­zamos por descubrir las causas de una cosa que ya existe como realidad pura. Solamente nos esforzamos por descubrir la causa de una cosa cuando advertimos que es un fenómeno, es decir, que no existía previa­mente y que ahora existe.
Si pensamos adecuadamente sobre esto, veremos que nuestra mente, apenas se cruza con una realidad, no expresa una opinión sobre si debería o no debería tener una causa. Primero observa si se trata de un fenómeno, es decir, si no existía previamente. En caso que fuese un fenómeno, solamente entonces nuestra mente decide que debería haber una causa que lo ha hecho existir. Si no es un fenómeno, no ne­cesita tener una causa. De esta manera, no todo lo que existe necesita tener una causa. Solamente lo requiere el fenómeno.
Un mundo de fenómenos
Nuestro mundo está lleno de fenómenos, es decir, de cosas que no existían y ahora existen y de cosas que no existen pero que van a existir. Cada fenómeno debe tener su productor o productores. Si ese productor existe por sí mismo, es eterno y no otro fenómeno, enton­ces está todo terminado y no hace falta plantear nuevas preguntas. Pero si el productor es otro fenómeno, entonces requerirá naturalmente otro productor.
La indagación por el productor debería continuar hasta que lle­guemos a una realidad que no es un fenómeno. Tal realidad será eterna e independiente de cualquier causa.
El que nuestro mundo sea un mundo de fenómenos es un claro signo de la existencia de un ser omnisciente y omnipotente que lo ha producido. De esta manera, un ser sensible e indagador puede, a través de este proceso, encontrar una prueba definida de la existencia de Dios.
2. —HOMOGENEIDAD DE LAS COSAS EXISTENTES
Si miramos cuidadosamente las cosas que existen alrededor nues­tro, las encontraremos homogéneas y sus interrelaciones sometidas a un orden definido, que fija la atención del ser humano en su primer contacto con la naturaleza. El progreso de las ciencias físicas ha capa­citado al hombre para tener un mejor conocimiento de este enorme sistema, un sistema lleno de los ingredientes más diminutos hasta de los infinitamente grandes, compuesto por el átomo y sus partes inter­nas y por las galaxias, algunas de las cuales están a una distancia de 350 millones de años luz de nosotros.
Lo más maravilloso es el sistema que llena la vida de los organis­mos desde el unicelular al animal más desarrollado, especialmente el ser humano. Durante nuestro tiempo de estudiantes hemos leído mucho sobre estas cosas en los libros de ciencia. Estudiémoslas ahora nueva­mente, no con el propósito de responder las preguntas del maestro y ob­tener buenas notas, ni tampoco con el propósito de aplicarlas en los la­boratorios o fábricas, sino en vista a familiarizarnos, en el mayor grado posible, con el vasto sistema que domina al mundo. Una vez refrescada la memoria, pensemos sobre la siguiente pregunta cuidadosamente: ¿No es el vasto y elaborado sistema un signo definido de la existencia de un ser omnipotente, es decir, su productor?
Muchos científicos que han jugado un papel importante en el des­cubrimiento de los secretos de este sistema, han sentido a su voz inte­rior diciéndoles que estos colosales y misteriosos productos son el signo de un Gran Creador, Dios, que es Más Grande que todas las cosas y que es demasiado Grande para ser descrito.
3. —LA MUTUA COMPATIBILIDAD DE DOS COSAS QUE NO COEXISTEN
En este mundo de vez en cuando nos encontramos con pares de cosas mutuamente compatibles pero que no coexisten. Por ejemplo, vemos que la provisión de los requerimientos de una cosa ha sido hecha en la estructura de otra que pasó a existir primero, como si la segunda hubiera sido hecha teniendo en vista la demanda de la primera. Un ejemplo fácilmente entendible al respecto es la compatibilidad encon­trada entre los padres y los hijos. Inmediatamente después que una mujer, o cualquier hembra con mamas, queda preñada, rápidamente se preparan sus glándulas lácteas bajo la influencia de las hormonas parti­culares, para alimentar al que nacerá. En el momento del nacimiento el alimento ya está normalmente disponible. Este alimento está com­pletamente de acuerdo con el sistema digestivo y los requerimientos nutricionales del bebé y está almacenado en un receptáculo apropiado —los pechos de la madre— que mucho antes del nacimiento del bebé estuvieron provistos con un pezón con agujeros pequeños con el objeto de facilitar el trabajo de succión.
Se puede advertir que no estamos hablando de la influencia recíproca de dos cosas que coexisten. Aquí estamos ocupados solamente en esos casos en que una provisión para el requerimiento de algo que aún no pasó a existir fue hecho en la estructura de otra cosa que ya vino a la existencia con anterioridad. No cabe ninguna duda de que es una especie de previsión acompañada por un pre-planeamiento y, por lo tanto, es clara prueba del hecho de que todas estas maravillas son el trabajo de una conciencia poderosa.
No se puede imaginar, por ejemplo, que una maleta que se lleva en la mano pasó a existir simplemente luego de una serie de acciones y reacciones inconscientes, sin involucrar algún factor conciente. Si se muestra la maleta a un pensador materialista y se le dice que aunque normalmente la misma es hecha por un artesano, un trabajador o una máquina, ésta en particular, como caso excepcional, fue hecha única­mente bajo la influencia de factores naturales sin la intervención de ningún trabajador conciente, podremos observar su reacción. Si no lo dice en presencia nuestra, al menos dirá luego que con seguridad, tal o cual persona habla sin sentido, dice tonterías.
Este pensador materialista no acepta siquiera que haya una posi­bilidad en un millón de que una maleta, cuyas partes deben ser medi­das, cortadas y cocidas, pueda pasar a existir solamente bajo la influen­cia de factores naturales inconscientes. En otras palabras, está seguro de que en la fabricación de una maleta debe haber un papel activo de la conciencia que la hace. Rechaza totalmente la teoría de que como un caso excepcional una maleta se pueda hacer solamente bajo la influen­cia de factores naturales. En su opinión, tal idea no es científica y no merece que se la tenga en cuenta. Si miramos la idea desde las norma­tivas de las ciencias experimentales, llegamos a la misma conclusión. Experiencias a largo plazo han probado que el hombre tiene más fuer­za creativa que cualquier otra cosa existente, y que ello se debe a su conciencia desarrollada, al conocimiento y a la originalidad, y no a algún otro aspecto de su vida. Por lo tanto, se puede concluir que exis­te una relación básica entre la conciencia y la creatividad. Por lo tanto la teoría de que este maravilloso sistema del universo es la creación de una conciencia poderosa, es más plausible y está más de acuerdo con la ciencia experimental que la teoría materialista, que dice que la materia (y el azar) es el origen de todas estas maravillas.
4. —MARCHA HACIA LA PERFECCION INFINITA
Un gran número de investigadores, después de años de permanen­tes observaciones, experimentos y estudios, han llegado a la conclusión de que el universo, sin la creencia en la existencia de Dios, es una pro­posición sin sentido, absurda. Dicen que, cuanto más profundizaron en el régimen del universo, comprendieron mejor que el mundo está moviéndose constantemente en una dirección definida. Se puede decir que globalmente marcha hacia la perfección sin detenerse en estadios intermedios de la evolución. Parece que tiene un objetivo o destino, y éste no puede ser sino la perfección infinita.
Este es el único objetivo que corresponde al movimiento evoluti­vo. Se puede decir que la perfección sin límites es un polo magnético poderoso que atrae todas las cosas hacia él. Sin ello no habría existido movimiento alguno.
Este tipo de conocimiento de Dios tiene una historia larga y valio­sa. Además de los trabajos de los grandes filósofos y místicos existen escritos interesantes de muchos científicos, especialmente astrónomos, físicos, biólogos, psicólogos y sociólogos sobre esta materia.
Las fuentes más apropiadas para conocer los puntos de vista de los eminentes estudiosos a este respecto son los libros de filosofía de la historia y de historia de la ciencia. Pero como no queremos ser influenciados por las ideas de ninguna persona en particular, evitaremos citar sus puntos de vista.
Conocemos una serie de jóvenes, tanto orientales como occiden­tales, que han hecho un vasto estudio de las ciencias físicas y quienes, a la luz de sus estudios, han comprobado que sin el reconocimiento de un Señor Omnisciente y Omnipotente que creó este universo y que dirige sus asuntos, todo el sistema cósmico aparece absurdo y sin sen­tido.
5. —SIGNOS ELOCUENTES
Cada fenómeno necesita un productor. La cadena de productores continuará hasta que lleguemos a un Productor o Principio Indepen­diente u Omnipotente.
Todo el universo se mueve y avanza. Este movimiento debe tener un objetivo.
Son claros signos de la existencia de Dios. Nos hablan acerca de El pero no con palabras. Por esto lo que ellos expresan puede no ser entendible para muchos y no satisfacerles. Aconsejamos a esa gente que busque directamente los signos elocuentes que nos hablan en nuestro propio lenguaje. Esos signos elocuentes son los profetas. Para aquellos que están convencidos de su profecía después de un suficiente estudio, los profetas se vuelven automáticamente los signos naturales y elocuen­tes de la existencia de Dios. Como todos los profetas aseguran contac­tar con Dios por medio de la Revelación y dicen que han sido elegidos por El para guiar al hombre, deberíamos, en primer lugar, mirar lo que dicen como denuncia y también las pretensiones extraordinarias que difícilmente puedan ser aceptadas.
Han habidos muchos que pretendieron ser profetas, pero cuando más tarde tuvieron que enfrentar el sacrificio, confesaron abiertamente ser falsos pretendientes.
Por lo tanto, cuando encontramos a una persona que afirma ser profeta deberíamos analizar cuidadosamente su pretensión y aceptarla solamente cuando esté completamente probado que es así. Sin em­bargo, una vez que reconocimos la afirmación de una persona que se reivindica profeta, debemos reconocer automáticamente la existencia de Dios.
La manera más natural de analizar tal reclamo es estudiar la vida del pretendiente Y ver qué tipo de persona es. ¿Hasta dónde era fiable durante el período anterior a su pretensión? ¿Es un impostor que quiere imponerse sobre la gente o un ambicioso que ha elegido por conveniencia este camino para adquirir poder y riqueza? ¿O es un hombre íntegro cuya reputación es insospechable? También se debe ver lo sensible y sagaz que es. No debería ser una persona simple que pudiese ser confundida por otros, o un visionario que pueda ser llevado por su propia fantasía a la creencia de que es profeta. Debería ser un hombre dotado no solamente de sentido común, sino también del ma­ravilloso poder del liderazgo, y de una capacidad natural para cumplir grandes obras.
Normalmente todas1as personas conocen íntimamente una o más personas en cuya integridad y pureza tiene una confianza total. Esta confianza se desarrolla como resultado de un estudio detenido de su vida y reputación durante bastante tiempo. Puede haber personas que no tienen en quien confiar así, pero están convencidas de que existen después de un análisis suficiente.
SIGNOS ESPECIALES
Las afirmaciones de los profetas están vinculadas con una fuente inmaterial e imperceptible por medio de la Revelación, que es de una naturaleza extraordinaria. Algunas personas que admiten la integridad, honradez, sinceridad y sagacidad de tales afirmaciones, aún dudan acer­ca de su misión profética.
Esta gente demanda algunos signos especiales que demuestren el vínculo del profeta con la fuente inmaterial. Espera esa gente que el profeta haga cosas que no es posible que las haga un ser humano y que no puedan ser explicadas por medio del razonamiento natural y normal. En otras palabras, desean dichas personas que el profeta obre un mila­gro. Uno o más milagros que les den la completa seguridad de que no pueden ser logrados por ningún otro medio. Sin embargo, también hay gente que considera los milagros como una simple prestidigitación o engaño y no se siente satisfecha con ellos.
En vista de todo esto, recalcamos una vez más que la mejor mane­ra de identificar a un profeta, es estudiar su personalidad, sus antece­dentes, sus objetivos y sus logros.
Tal estudio completo es la mejor manera para averiguar si quien pretende ser profeta realmente lo es, y está favorecido con la Revelación divina, o es un genio que ha pretendido ser profeta, o un simple tramposo que ha hecho tal afirmación para beneficio propio, o una persona anormal que sufre alucinaciones. De cualquier manera, todo lo que un profeta afirma es que él es un ser humano igual a los demás seres humanos, que come y bebe como ellos y lleva una vida normal; pero que ha experimentado un gran cambio en su persona —una transición repentina— o, en palabras de los propios profetas, que ha sido dotado con un don divino. Sabe bien que este cambio ha venido de Dios y que todas las excelencias que se encuentran en Él y sus enseñanzas se deben a ese don divino.
Si se estudia cuidadosamente a partir de las fuentes auténticas la vida del Profeta de] Islam, desde su nacimiento hasta que se le otorgó la misión profética, y desde ésta hasta su muerte, se encontrara un claro ejemplo de este cambio, el que en sí mismo es un signo elocuente de la existencia de Dios.
TODAS LAS COSAS EN TODOS LOS ESTADIOS SON SIGNOS SUYOS (DE DIOS)
Algunas personas parecen ser de la opinión de que Dios debería ser buscado solamente al comienzo de la creación. El punto sobre el que basan esta discusión de la teología natural es: ¿Cómo comenzó este mundo? ¿De qué materia primaria se originó? ¿Cómo pasó a existir la primera célula viviente? ¿Cómo apareció el primer hombre? Concentran su atención sobre estas cuestiones como si el hombre que nace hoy día no pudiera llegar a la creencia en la existencia de Dios, o como si los miles y miles de organismos vivientes que aparecen a cada momento no fueran un signo de Su existencia, y creen no tener otra alternativa más que ir al origen de la vida o la génesis del cosmos para lograr el conocimiento de Dios.
El método coránico de la teología natural es precisamente el opuesto. El Corán considera todos estos fenómenos comunes de nacimiento, muerte, crecimiento de las plantas, movimiento del aire y de las nubes, resplandor del sol y rotación de las estrellas, como signos vivos, manifiestos y evidentes de la Existencia, el Poder y la Sabiduría de Dios.
Todo ordenamiento que exista dentro de la más pequeña porción de protoplasma celular o de la molécula de un cuerpo o del núcleo de un átomo, conduce al conocimiento de Dios.
En consecuencia, tanto si la materia prima del cosmos o la génesis de la vida permanece sin resolver o si se encuentra una explicación material para resolverlo, en cualquier caso la prueba de la existencia de Dios y Su sublime Sabiduría es visible en todas partes del mundo, y en todos los cambios que tengan lugar en él.
Hay personas que piensan que solamente casos Excep-cionales y caprichos de la naturaleza pueden ser citados como prueba de Su existencia. Si miles de pacientes son curados como resultado de un tratamiento normal, no se hace ninguna mención de Dios. Se le recuerda solamente cuando se cura un caso difícil por medio del rezo y la bendición. Parece que dichas personas creen que los tratamientos médicos, las características y efectos de las hierbas y compuestos químicos y el maravilloso sistema de defensas orgánicas no son signos de Dios.
Si un terremoto o una inundación causa devastación, hablan de Dios, pero no ven ningún signo de El en la lluvia normal (que bendice los cultivos), en el fluir de los ríos, en el crecimiento de las plantas, en el movimiento de las galaxias y en miles de otros fenómenos naturales a los que se han acostumbrado.
Hay otras personas que mientras no sabían cómo llovía, dónde se originaba el trueno, la luz y el terremoto, y cuál era la causa de las enfermedades, creían que Dios era la causa de todas esas cosas.
Pero ahora que la ciencia ha avanzado en parte, dando respuestas a una serie de interrogantes y explicando muchas relaciones, su defensa ha sido demolida y se ha cerrado el camino para el conocimiento de Dios. Esas personas se encuentran ahora en la intersección de dos caminos: o se oponen al progreso científico y niegan los modernos descubrimientos y leyes científicas y renuncian a su creencia religiosa; o buscan otra defensa y nuevamente intentan probar la existencia de Dios apoyándose en esas cuestiones que aún permanecen sin resolver.
Esta manera errónea de pensamiento es totalmente contraria al estilo del Corán. En algunos casos se ha puesto a la ciencia enfrentada a la religión y ha dado la impresión de que la creencia religiosa solamente puede florecer en la oscuridad de la ignorancia. Sobre esta base se presume que con un mayor avance, incluso la religión quedará reducida al dominio de la propia ciencia... (Ver la continuación en archivo pdf)
 
Fuente: libro INTRODUCCION A LA COSMOVISION DEL ISLAM
Editorial Elhame Shargh
Fundación Cultural  Oriente
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Se permite copiar citando la referencia.
Fundación Cultural Oriente

[1]A diferencia de lo ocurrido con el .cristianismo en occidente, que se encerró en un dogmatismo ciego, producto por otra parte de su desvío de la verdadera enseñanza de Jesús, con él sea la Paz, que lo llevó a condenar y matar a los hombres de ciencia, como el caso de Galileo Galilei, de quien hace sólo un par de años la Iglesia Católica levantó las acusaciones que pesaban sobre él de un tribunal de la Inquisición que funcionó hace siglos. En el Islam nunca hubo controversia entre la ciencia y la religión. Cuando Europa estaba sumida en la más negra oscuridad de la ignorancia y la superstición medieval, el mundo islámico conocía su era de oro en el campo científico, conocimientos que luego heredaría el Renacimiento europeo. (Nota del Editor)
[2]Este párrafo se refiere a la ley de entropía, que sostiene que la energía toda del universo tiende a equipararse. Esto es, que la energía que se emite (por ejemplo por un sol) no se recupera (pues la cantidad total de energía del universo es fija), con lo cual las fuentes de energía tienden a desaparecer, y el nivel de energía a equipararse en todo el cosmos. Es decir que todo marcha hacia su muerte energética. Le última parte del párrafo se refiere a una de las teorías aceptadas actualmente sobre el destino material del universo: éste provino de una explosión original que partió de un punto, y, si la materia total del cosmos posee cierto nivel crítico (lo cual por el momento se ignora), se detendrá en algún momento su expansión actual y volverá sobre sus pasos para reunirse nuevamente en un punto como era al principio. La teoría de la “Gran Explosión” y de la expansión del universo se encuentra suficientemente probada por la Astrofísica moderna, aunque no así el destino final de esta expansión para la cual hay dos posibilidades: la que ya mencionamos (de retorno al punto original del que partió), o bien la expansión indefinida y su enfriamiento progresivo por la ley de entropía hasta la muerte total (por la estabilización de la energía, el calor, en un nivel muy bajo a medida que transcurre el tiempo, que se aproxima al cero absoluto). (Nota del Editor)
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