El arrepentimiento (I)

El arrepentimiento (1)

Prof. Ayatola Murtada Mutahhari

 “Y (recuerda, oh Profeta) al de la ballena (Jonás), cuando se fue airado y creyó que no podríamos hacer nada contra él. Y clamó en las tinieblas (de la ballena): ‘No hay dios sino Tú. ¡Glorificado seas! He sido de los injustos’. Le escuchamos y le salvamos de la tribulación. Así es como salvamos a los creyentes”.(21:87-88)

En mis últimos dos discursos expliqué que la devoción o adoración y la oración, si son correctamente realizadas, conducen eventualmente a una verdadera intimidad con Dios. El ser humano, a través de la adoración se convierte en un verdadero siervo devoto de Dios, y un devoto verdadero tiene una real afinidad con Dios. En otras palabras: ser un verdadero siervo de Dios implica realizar un viaje sagrado que culmina en la afinidad con Dios.

Aquí discutiré la primera etapa de ese viaje sagrado, o sea el punto desde el cual debe partir nuestra peregrinación que nos conduce a la cercanía de Dios. Esto es lo que hoy necesitamos. Nosotros, que no hemos dado aún ningún paso en este sagrado sendero no nos beneficiaremos si discutimos la situación de aquellos que ocupan las más elevadas moradas de este camino.

Si somos seres prácticos aprehenderemos el primer paso, el primer estadio y cómo debemos iniciar nuestra devoción.

Y el primer paso en el camino hacia la afinidad con Dios es el arrepentimiento, el tópico del presente capítulo y el que le seguirá. ¿Qué significa el arrepentimiento y cuál es su naturaleza psicológica y su consecuencia espiritual? Para muchos de nosotros esto parece un asunto sencillo, pero, ¿nos hemos detenido alguna vez a analizarlo psicológicamente? El arrepentimiento es una característica del ser humano que éste posee como una distinción respecto de los animales. El ser humano posee ciertas elevadas aptitudes y cualidades distintivas que no se encuentran entre los animales. Una de ellas es la capacidad de arrepentirse. Esto no significa solamente pronunciar la frase: “Pido perdón a Dios y a El vuelvo arrepentido”[1].

No se trata de algo meramente verbal. Es un estado espiritual y psicológico, una revolución del alma, y la frase anterior describe tal estado pero no es el estado mismo. Así, por más que pronunciemos esa frase muchas veces durante el día no significa que estemos realmente arrepentidos. Pero un verdadero arrepentimiento una vez al día nos conduce paso a paso a un estado de cercanía con Dios.

A modo de introducción, déjenme decir que hay una diferencia entre los seres animados y los inanimados, y es que estos últimos no tienen la capacidad de cambiar el curso que siguen por su propio poder, tal como la revolución de la tierra alrededor del sol o del resto de los planetas en sus órbitas, o el de una piedra que es arrojada desde cierta altura y cae atraída por la fuerza de gravedad. Debe haber un factor externo para que pueda cambiar el curso adquirido.

Por el contrario, los seres vivos, como las plantas y los animales, tienen la capacidad de cambiar su curso por sí mismos; y si se enfrentan con condiciones que no convienen a su vida y su preservación ellos mismos cambian de camino. Cuando una oveja, un pájaro o aún una mosca encuentran un obstáculo en su camino, cambian su curso de desplazamiento hasta 180°, moviéndose así en dirección opuesta a la que traían originalmente.

Incluso las plantas pueden cambiar su dirección de crecimiento dentro de ciertos límites y condiciones. Cuando las raíces de un árbol, por ejemplo, encuentran una piedra en su crecimiento debajo de la tierra, cambian su dirección buscando tierra blanda donde hundirse para nutrirse.

El ser humano también es similar a las plantas y los animales a este respecto. El arrepentimiento es de hecho un cambio de dirección, no del tipo simple como el de las plantas y los animales, sino algo mucho más complejo y digno de análisis.

El arrepentimiento es una revolución interna del ser humano contra el ego. Las plantas y los animales no actúan contra sí mismos pero el ser humano tiene la posibilidad de hacerlo. Que un grupo de seres humanos se levante contra otro es algo natural y obvio, como en el caso de los oprimidos que se rebelan contra los opresores. Y esto también vale para una nación que se levanta contra otro país o nación. Pero la rebelión de una persona contra sí misma (e.d.: su ego, su personalidad) no es algo tan simple y obvio. ¿Por qué ocurre? La razón es que, a pesar de tener un cuerpo (como los animales), un ser humano es intelectual y espiritualmente un ser complejo. El ser humano es una mezcla de la pasión y ferocidad del animal por un lado, y de las cualidades angélicas por el otro[2]. Algunas veces el cerdo toma el mando (del ser humano) como ser concupiscente que es, no dejando elección a la bestia feroz, al demonio o al ángel que están dentro suyo para actuar. O de repente una parte se rebela contra este dominio y lo subvierte en favor del dominio de otro de sus aspectos.

Un individuo pecador es alguien que está dominado por la bestia o el demonio que tiene dentro, cuya influencia aprisiona al ángel y las nobles cualidades. El arrepentimiento es la rebelión de las buenas cualidades interiores contra las propias bajezas y cualidades innobles a fin de terminar con su tiranía y destruir su fuerza.

La situación inversa también es posible, y las cualidades innobles del ser humano pueden derrotar a sus aspectos nobles y elevados y gobernar a la persona conduciéndola a su propia destrucción. Es verdad que todos los instintos y fuerzas concedidas a los seres humanos tienen algún uso y deben ser empleadas en su propio lugar y tiempo. Pero cada una de ellas tiene un límite que debe ser respetado.

Un caballo y un perro deben ser educados para que sean útiles. Hay condiciones para atenderles como se debe y un límite para su uso. Para un niño, el juego es una necesidad por el exceso de energía que lo anima y que quiere ser gastada y porque el niño debe aprender. Sería un error educativo arrancar por la fuerza al niño de su natural inclinación por el juego. Es algo antinatural obligarlo por la fuerza a compartir la sociedad de los adultos. Sería erróneo, por ejemplo, que un hombre religioso forzara a su hijo pequeño a usar la capa y el turbante de los mullah impidiéndole seguir su natural inclinación de jugar con otros niños.

Puede que ustedes se hayan cruzado con niños que, ante la insistencia de sus padres, se aplicaron a la oración y otros actos de devoción durante años, pero que al alcanzar la adultez se convierten repentinamente en libertinos que no conocen límites a sus excesos. ¿Por qué pasó esto? Porque los instintos naturales fueron reprimidos durante mucho tiempo con la excusa de promover una educación espiritual elevada. Por cierto que, la inclinación hacia la bondad y la devoción forman parte de la naturaleza de un niño, pero éstas no deben ser sobredimensionadas (en esa edad) al punto de eliminar otras inclinaciones naturales, pues cada una de las ellas tiene una parte y su importancia en el desarrollo perfecto e integral del ser humano. De lo contrario cuando por casualidad el niño vea una película procaz o se encuentre con una mujer toda la estructura que se le ha impuesto por la fuerza se vendrá abajo provocando un daño irreparable.

El arrepentimiento es precisamente el reverso de la conducta recién citada. Cuando una persona se hunde profundamente en el pecado y la lujuria, y el ángel dentro suyo no está saciado, se produce súbitamente una catástrofe. Un ser humano no tiene solamente una boca, tiene cientos de bocas que alimentar: la boca del deseo, la boca del amor, la boca de la devoción o adoración, etc. El espíritu debe ser alimentado con adoración y devoción. Pero cuando es hambreado la subsecuente sensación de inquietud es terrible. Un hombre joven que está bien y al cual todo le ha sido provisto, repentinamente se suicida. Todos se extrañan de que esto haya ocurrido. Y la razón es que el poder sagrado dentro suyo fue aprisionado y eso le causa una pena tan honda que no la puede soportar y elige la muerte. Ustedes pueden encontrar a alguien viviendo una deliciosa vida de lujo en un hermoso jardín que todavía está insatisfecho e intranquilo. Y es porque le faltan los placeres espirituales que necesita y que deben producirse dentro suyo, no desde el exterior.

Así, el arrepentimiento es como una reacción del noble y sagrado espíritu del hombre contra la parte animal y baja del ser humano; es una rebelión sagrada de la parte angélica contra la demoníaca y los vicios bestiales que encierra.

¿Cómo ocurre este retroceso? Primero deben recordar que si las facultades sagradas de la personalidad del ser humano quedan totalmente libres de acción y se dispersan completamente al punto de hacer imposible la liberación, entonces uno no puede obtener el favor divino del arrepentimiento. Pero así como la presencia de unos pocos hombres virtuosos y santos en un país pueden provocar una revolución, asimismo la existencia de unos pocos elementos nobles en el alma humana harán el arrepentimiento posible. Si uno conoce a Dios, este arrepentimiento tomará la forma de un “volverse a Dios”. Si no, tomará alguna otra forma y puede incluso conducir a la locura.

Llamamos recién al arrepentimiento “reacción”. Cuando ustedes tiran una pelota ésta rebota. Arrojar es una acción y el rebote una reacción. La altura a la que la pelota rebote depende de dos causas: Primero, la intensidad de la acción, en nuestro caso la falta cometida. Si es pequeña, la reacción será pequeña, y si es grande, la reacción del espíritu también será grande. Cuando más cruel es una persona y más grande su crimen, más intensa será la reacción. El piloto americano del avión que bombardeó Hiroshima, cuando vio la ciudad que había destruido y a los cientos de miles de hombres y mujeres aniquilados, sufrió tal remordimiento de conciencia que cuando volvió a su país a recibir la bienvenida de sus conciudadanos y las medallas por su acción, era un hombre que había cambiado por completo, aún cuando había sido elegido para esa misión por su crueldad e indiferencia. Puede que haya sonreído ante las palabras de elogio del recibimiento, pero en la privacidad de su hogar, cuando estuvo solo con su conciencia se sintió tan criminal que terminó su vida en un manicomio.

Bushr ibn Artas era el más cruel de los generales de Mu‘auiah. La política de Mu‘auiah era enviarlo a él o a otro de sus hombres duros de corazón a la cabeza de los ejércitos que invadían las fronteras del territorio gobernado por ‘Alí (P) provocando tanto daño y destrucción como fuera posible. Les daba a estos hombres carta franca para matar, incendiar, destruir y robar. Este Bushr atacó cierta vez el Yemen cometiendo muchos crímenes, incluyendo la captura y el degüello de dos pequeños hijos de Ubaidallah ibn Abbas, el primo de ‘Alí, que era el gobernador allí. Luego su conciencia le remordió tanto por esta terrible acción que ni dormido ni despierto podía olvidar ni un momento su sangriento acto. Finalmente terminó un día en la calle cabalgando un caballo de madera con una espada de madera en una mano y un látigo en la otra, seguido por grupos de niños gritándole y riéndose de él.

El segundo factor del cual depende la intensidad de la reacción del arrepentimiento es la naturaleza de la conciencia de la persona y la fuerza de su fe. Y esta es la razón de que incluso una pequeña tontería, que difícilmente pueda llamarse falta o pecado, enerva de tal modo la conciencia de aquellos que son espiritualmente firmes y fuertes; mientras que la mayoría de nosotros puede cometer cientos de esos desatinos cada día sin siquiera reparar en ellos[3].

Las personas espiritualmente fuertes y puras están constantemente en estado de arrepentimiento. Uno de esos hombres era mi gran maestro, el fallecido Hayyi Mirza ‘Alí Agha Shirazi. Cierta vez nos visitó en Qum y entonces me invitó a acompañarlo a una reunión en la cual, durante su transcurso, se recitaron fragmentos elegidos de poesía árabe y persa. El tomó parte activa en la discusión y estuvo entre los que recitaron algunas poesías. Jamás hubiera imaginado que él tenía tan profundo conocimiento en este campo. Los poemas eran de poetas como Sa‘di y Hafiz y otros de su tipo. Desde luego que recitar poemas, y menos poemas como estos, no es un pecado[4]. Pero recitar poemas por la noche es indeseable y cuando volvíamos de esa reunión no cesaba de repetir palabras de arrepentimiento como si hubiera cometido una gran falta, mientras que muchos de nosotros ni nos molestamos por actos que son incluso mucho peores.

El castigo que Dios les asigna a tales seres es tal que no somos dignos de él. Este hombre tenía el hábito de levantarse dos horas antes del alba[5] y fue por su ejemplo que yo comprendí el significado de la devoción, la bondad, la penitencia y la completa absorción en Dios. Pero a la mañana siguiente ocurrió que se despertó más tarde de la hora en que estaba habituado para la plegaria, y afirmó que ese era el castigo que Dios le había impuesto por quedarse a escuchar poesía la noche anterior. Para la fe de este ser, un hombre que gasta dos horas en tal ocupación no es digno de dos horas de intimidad con Dios.

Y puedo darles otro ejemplo. Si dejan un espejo limpio en un lugar donde ustedes piensan que el aire está puro y limpio, verán que una fina capa de polvo se ha depositado sobre él una hora más tarde, aun cuando no hayan percibido que había tierra en el ambiente antes, o en la pared o el mobiliario. Cuando una pared está sucia las manchas en ella no llaman la atención, y si está ennegrecida con alquitrán directamente no podrán distinguir ninguna señal de suciedad o manchas en ella.

(Ver la continuación en archivo pdf)

 

Fuente:DISCURSOS ESPIRITUALES

Conferencias sobre la dimensión espiritual del Islam

Editorial Elhame Shargh

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www.islamoriente.com

Fundación Cultural Oriente


[1]“Astagfirul-láh ua atúbu ilaihi”, frase usual en el Islam que se remonta a la enseñanza del Profeta (BPD) para expresar arrepentimiento. (Nota del Traductor al Español)

[2]Hay un hadiz de `Alí (P) que dice: "En verdad Allah caracterizó a los ángeles con el intelecto, sin deseo sexual ni ira, y a los animales los dotó del deseo y la ira sin intelecto, y ennobleció al hombre concediéndole todas estas cualidades. Por consiguiente, si el intelecto del hombre domina a su deseo y ferocidad, él se eleva hasta una estación que está por encima de la de los ángeles, porque este grado es obtenido por el hombre a pesar de obstáculos que no aprisionan a los ángeles." (Nota del Traductor al Español)

[3]Un dicho de los Imames (P) dice que una pequeña falta es para el creyente como una pesada piedra que carga sobre su espalda; mientras que una falta grande es para el impío como una mosca que se posa en su nariz y que él espanta descuidadamente con una mano. (Nota del Traductor al Español)

[4]Sa‘di y Hafiz se cuentan entre los más famosos poetas de Irán. Su poesía es de tipo místico, exaltando la experiencia espiritual y el camino de la purificación, así como el indescriptible éxtasis del místico. No se trata pues de poesía vana, que busca sólo el placer momentáneo y la vanagloria. (Nota del Traductor al Español)

El arrepentimiento (1) en el Islam.jpg
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