Consejos para un buen gobierno (I) - Instrucciones concernientes a las acciones justas en los asuntos de estado

Consejos para un buen gobierno (I)
CARTA DEL IMAM ‘ALI (P) A SU GOBERNADOR MÂLIK AL-ASHTAR
Instrucciones concernientes a las acciones justas en los asuntos de estado
PREFACIO
Aparte del Profeta Muhammad (BP), ninguna otra figura de la historia islámica es tenida en tanta estima por todos los musulmanes como ‘Ali Ibn Abi Tâlib (600-661 D.C.). El primo del Profeta (BP) fue el primer hombre en aceptar la nueva religión. El Mensajero de Dios le dio a su hija Fátima en matrimonio, y como resultado de ello los innumerables descendientes del Profeta (BP) en el mundo islámico son también descendencia de ‘Ali.
Existen numerosos antecedentes en los dichos y sentencias del Profeta que demuestran el afecto y la especial consideración que le tenía, como cuando dijo: “Yo soy la ciudad de la sabiduría y ‘Ali es su puerta…”.
El prestigio de ‘Ali, tanto por su sabiduría como valentía, era también considerable entre los compañeros del Profeta (BP). ‘Umar Ibn Al-Jattâb, por ejemplo, solía decir: “Que nadie emita una decisión legal sin que ‘Ali esté presente”, y afirmó en otra oportunidad: “‘Ali es el mejor de los jueces de la gente de Medina, y el principal de los recitadores del Corán”.
‘Ali quedó a cargo del califato luego del asesinato de ‘Uzmán Ibn ‘Affán, y lo ejerció con rectitud y justicia, sin desatender jamás a los nobles principios del Islam, durante un período por cierto muy difícil de la historia islámica, marcado por las sediciones internas y la guerra civil.
Su figura, como paradigma de rectitud y justicia, ha llamado la atención incluso de eminentes intelectuales de otras religiones. George Jordac, un destacado escritor cristiano de origen libanés, afirma en su obra “La voz de la justicia humana” refiriéndose a ‘Ali como el jefe de estado: ¿Alguien ha visto alguna vez a un gobernante moler los granos con sus propias manos para prepararse él mismo el pan, o muchas veces no tener para comer más que ese mismo pan endurecido, o que remiende él mismo sus sandalias…? Para ‘Ali Ibn Abi Tâlib el gobierno no tenía valor alguno sino era un medio para establecer la verdad y la justicia.
El presente documento es una carta incluida en una famosa colección de dichos y escritos de ‘Ali Ibn Abi Tâlib conocida como Nahyul Balâgha (Las Cumbres de las Elocuencias), que fue compilada y organizada en su forma actual por Ash-Sharif Ar-Radí (m. 405 H/1014 D.C.). La obra hace por cierto, honor a su título pues es uno de los trabajos más destacados de la lengua árabe clásica por su gran expresividad y elocuencia. Pero además de su valor literario y lingüístico, el Nahyul Balâgha es un compendio de enseñanzas teológicas, metafísicas, éticas y políticas que prácticamente no tiene  rivales en la literatura islámica de todas las épocas. Hay 79 cartas es esta colección escritas por ‘Ali a distintos gobernadores y funcionarios provinciales, pero ésta, dirigida a Mâlik Al-Ashtar cuando lo designó gobernador de Egipto, es sin duda la más amplia por los temas que trata, referidos en su totalidad a las condiciones del buen gobernante, sus deberes y responsabilidades.
Mâlik Ibn Al-Hâriz An-Naja‘í Al-Ashtar fue uno de los más famosos caballeros de los primeros años del Islam, un guerrero de nota y firme partidario de ‘Ali a quien apoyó en las batallas de Al-Yamal (36 H/656) y Siffín (37/657). Tal era su bravura que se le conocía como “el tigre intrépido”. Cuando Muhammad Ibn Abu Bakr, hijastro de ‘Ali y gobernador de Egipto fue muerto en el 38 H/658 por ‘Amr Ibn Al-‘âs, enviado por Mu‘âwiyah al frente de un ejército de cuatro mil hombres, ‘Ali designó a Mâlik Al-Ashtar en su lugar, aconsejándole especialmente los principios del buen gobierno para hacerse cargo de esta tumultuosa provincia. ‘Amr Ibn Al-‘Âs se alarmó al conocer las noticias de su designación, consciente de su bravura, coraje y habilidad en la batalla, fama que lo precedía. A pocas millas de la por entonces capital de Egipto, Fustât, en una aldea llamada Al-Arish, el bravo caballero fue envenenado con una bebida de miel por incitación de ‘Amr. Al saber de su muerte, y expresando su dolor y estima por el fiel compañero, ‘Ali dijo: “El era para mí lo que yo era para el Santo Profeta (BP)”.
Los subtítulos de la traducción que aquí se presenta fueron tomados de la división del gran comentador del Nahyul Balâgha, Ibn Maizam Al-Bahrâni (s. XIII), y fueron agregados para una mejor subdivisión del documento. Se han incluido en el texto acotaciones en bastardilla cuando era necesario para entender el significado.
 
PRÓLOGO
‘Ali escribió estas instrucciones a Al-Ashtar Al-Naja’í al designarlo gobernador de Egipto y sus provincias cuando el gobierno de Muhammad Ibn Abu Bakr estaba en peligro. Es el más largo compendio de instrucciones (en el Nahyul Balâgha). Entre todas sus cartas ésta es la que contiene el mayor número de buenos consejos.
 
PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN
Esto es lo que ‘Ali (P), el siervo de Dios y Comandante de los Creyentes, le encomendó a Mâlik Ibn Al-Hâriz Al-Ashtar en sus instrucciones al designarlo gobernador de Egipto, para recoger sus tributos territoriales, combatir contra sus enemigos y mejorar la situación del pueblo propiciando la prosperidad en sus regiones.
Le encomendó temer a Dios, y preferir la obediencia a El (sobre cualquier otra cosa), siguiendo lo que Él ha ordenado en Su Libro – tanto en los actos obligatorios como en los superogatorios -, pues nadie obtiene la felicidad sino sigue Sus directivas, y no es vencido por la maldad sino aquel que la rechaza. (Le ordenó) auxiliar a Dios – exaltado sea  - con su corazón, su lengua y sus manos, porque él – exaltado sea  su Nombre – ha prometido auxiliar a quienes lo secunden. Y le encomendó (también) controlar las pasiones de su alma, refrenándolas en su contumacia, porque el alma (ego) incita al mal, excepto aquellos de quienes Dios tiene misericordia.
 
SEGUNDA PARTE: INSTRUCCIONES CONCERNIENTES A LAS ACCIONES JUSTAS EN LOS ASUNTOS DE ESTADO
Déjame hacerle saber, Mâlik, que te envío como gobernador a un país que ha conocido antes muchos gobiernos. Algunos fueron benignos, comprensivos y buenos; mientras que muchos otros fueron tiranos, opresores y crueles. La gente juzgará tu autoridad tan críticamente como tú has juzgado las actividades de otros gobiernos: te criticarán de la misma manera como tú has censurado o aprobado a otros gobiernos.
Debes saber que un hombre bueno y virtuoso, es conocido y reconocido por lo bueno que se dice de él, y por las alabanzas que Dios le ha destinado recibir de otros. Por tanto, haz de tu mente el origen y fuente de buenos pensamientos, buenas intenciones y buenos actos. Esto sólo puede lograrse si mantienes un estricto control de tus deseos, sin embargo, ellos tratarán de incitarte y coaccionarte. Recuerda que la mejor manera de hacer justicia es alejarte del mal e impedir los vicios y las cosas que el egoísmo desea desmedida e irracionalmente.
¡Mâlik! Debes ser amable, compasivo y amar a tus súbditos. No te comportes (con ellos) como una bestia voraz y rapaz, considerándolos como una presa fácil, pues ellos una de dos: o son tus hermanos en religión, o se equiparan a ti en su creación (como seres humanos). Hombres de una y otra clase padecen de las mismas debilidades e incapacidades que se heredan en la carne, pecan y dan rienda suelta a sus vicios, ya sean intencional o involuntariamente, sin darse cuenta de la enormidad de sus actos. Deja que tu misericordia y compasión los rescate y los ayude de la misma manera que tú esperas que Dios te demuestre su misericordia y su perdón.
¡Mâlik! no debes olvidar jamás, que tú gobiernas sobre ellos, el Califa gobierna sobre ti y Dios es el Señor Supremo sobre el Califa. Y la realidad es que el Señor te ha elegido gobernador y te ha probado dándote la responsabilidad de gobernar. No pienses jamás en elevarte a un prestigio tan vano que te atrevas a declararle la guerra a Dios, porque no podrás evitar Su castigo y Su venganza. No podrás jamás liberarte de la necesidad de Su misericordia y compasión.
No sientas vergüenza de perdonar y olvidar. No te apresures a castigar y, no te enorgullezcas de tu poder de castigo. No te enfades ni pierdas la calma por los errores y fallas de aquellos a los que gobiernas; por el contrario, sé paciente y compasivo con ellos. El enojo y deseo de venganza no te ayudarán en tu administración.
Nunca digas: “Yo detento la autoridad, doy órdenes, y debo ser sumisa y humildemente obedecido”. Porque tal pensamiento te trastornará y te hará vanidoso y arrogante, debilitará tu fe en la religión y te hará buscar el apoyo de cualquier otro poder distinto que el de Dios (tal vez, el de tu partido o el de tu gobierno). Si tu autoridad te hace sentir orgulloso o vanidoso por sobre tus súbditos, piensa en el Señor, Soberano del Universo, la magnitud de Su creación, la supremacía de Su poder y Gloria, Su poder para hacer cosas que tú ni siquiera puedes soñar hacer, y Su control sobre ti, que es más dominante que el que jamás podrás ejecutar sobre nada que te rodee. Tal pensamiento curará tus debilidades mentales, te mantendrá alejado de la vanidad y la rebelión (en contra de Dios), reducirá tu arrogancia y tu soberbia y te hará recobrar tu cordura de la que te apartaste tontamente.
Ten cuidado, nunca te pongas a la altura de Dios, no enfrentes nunca tu poder al de El pretendiendo competir con su gloria, nunca pretendas tener Su capacidad y Su poder, porque el Señor Todopoderoso siempre humilla a los tiranos despiadados y degrada a todo el que pretende su poder.
En los concerniente a tus propios asuntos, los tu parientes y amigos, ten cuidado de no violar las obligaciones que te ha dictado Dios y usurpar los derechos de la humanidad. Sé imparcial y justo; si abandonas la equidad y la justicia, entonces ciertamente serás tirano y opresor. Quienquiera que tiranice y oprima a las criaturas de Dios, se ganará Su enemistad junto con el odio de aquellos a quienes ha oprimido, cualquiera que provoque la ira del Señor, perderá toda posibilidad de salvación y no tendrá excusa para ofrecer en el Día del Juicio. Cada tirano y opresor, es un enemigo del Señor a menos que se arrepienta y abandone la opresión.
Recuerda, Mâlik, que en este mundo no hay nada tan impresionante como transformar Sus bendiciones en Su cólera. Nada provoca más rápidamente Su venganza y Su enojo, que insistir en la opresión y la tiranía de Sus criaturas, porque Dios el Misericordioso, siempre oye los ruegos de aquellos que han sido oprimidos bajo los talones de crueldad y la tiranía, y no dará ninguna posibilidad (de escape) a los opresores.
Siempre debes apreciar y adoptar una política que no sea demasiado severa ni demasiado indulgente; una política que se base en la equidad y la justicia y que sea largamente apreciada y aprobada. Recuerda que las quejas y el descontento del hombre corriente, del individuo sin recursos y de la gente abatida, tienen preponderancia por sobre la aprobación de personas importantes, ya que el desagrado de unas pocas personas importantes será disculpado por el Señor, si el pueblo en general está feliz contigo.
Recuerda, Mâlik, que generalmente estos grandes personajes, son mentalmente la escoria de la sociedad humana, y son las personas que durante tus momentos de tranquilidad y felicidad, serán las más arrastradas, y las menos útiles durante tus horas de necesidad y adversidad; ellos odian por demás la justicia y la equidad. Continuarán reclamando más y más riquezas del estado, raramente estarán satisfechos con lo que reciban y nunca se sentirán obligados por el favor que se les ha dispensado. Si sus reclamos son justificadamente rechazados, nunca aceptarán ninguna excusa razonable, cuando los tiempos cambien nunca los hallarás constantes, fieles ni leales. El hombre corriente, el pobre y el sector aparentemente menos importante de tus súbditos, son los pilares del Islam; ellos son el verdadero grupo de musulmanes, y el poder y la fuerza defensiva en contra de los enemigos del Islam.
Conserva una mente abierta, sé más amigable y asegura su confianza y simpatía. Ten cuidado al organizar tus contactos y al dar tu amistad (ya sea con personas importantes o comunes), mantenlos alejados de ti. Piensa en ellos como en los enemigos del estado, traficantes escandalosos que tratan de encontrar faltas y hacer propaganda con ellas. Porque en cualquier parte, la gente tiene fallas y debilidades y, es deber de los gobiernos controlar sus menores debilidades.
No debes buscar las debilidades que están escondidas, déjaselas al Señor; trata de superar aquellas debilidades que sean evidentes, trata de no exponer la debilidad de la gente, y así Dios ocultará tus propias debilidades, aquellas que tú no quieres que nadie conozca. No des motivo a la gente para que se envidien mutuamente (hombre contra hombre, tribu contra tribu, o un sector de la sociedad en contra del otro). Trata de arrancar de raíz la mutua desconfianza y enemistad entre los súbditos. Sé justo, imparcial y honrado en tu comportamiento con todos los individuos y colectividades. Ten cuidado, no permitas que tu persona, posición y privilegios actúen como fuente de celos y malicia. No permitas que se te acerque nada ni nadie que no merezca tu apoyo. Nunca degrades tu dignidad y prestigio.
Recuerda que los murmuradores y escandalosos traficantes son un grupo indigno y sagaz. Aunque pretenden ser consejeros bien intencionados y sinceros no te apresures en creer las noticias que te dan ni los consejos que te ofrecen.
No aceptes los consejos de los miserables, ellos harán lo imposible para evitar que seas amable y realices buenos actos. Te harán temeroso de la pobreza y la miseria. De la misma forma, no permitas que cobardes o débiles actúen como tus consejeros, porque te volverán vacilante cuando dictes y hagas ejecutar tus órdenes. Ellos obstruirán tu capacidad para dirigir los asuntos con firmeza y harán que tus empresas y emprendimientos se conviertan en tímidos y temerosos intentos. Al mismo tiempo, evita que cualquier persona codiciosa y ambiciosa aspire a ser tu asesor, porque sólo te enseñará cómo explotar a la comunidad y como oprimir y tiranizar a la gente, para sacarles sus riquezas. Recuerda que la mezquindad, la cobardía y la avaricia, parecen ser diferentes cualidades malignas pero todas surgen de lo mismo: la falta de fe y confianza en Dios.
Tus peores ministros, serán aquellos que han sido ministros de los gobiernos tiranos y opresores que te antecedieron; aquellos que fueron partícipes de atrocidades y salvajes crueldades cometidas por sus gobiernos. Tales personas no deberían obtener tus confidencias ni deberían ser tu confianza porque ellos han ayudado a los pecadores y han servido a gobiernos crueles y tiranos.
En su lugar encontrarás a personas que, siendo tanto juiciosas como instruidas, no han tenido mentalidad pecadora o criminal ni han ayudado a los tiranos en su tiranía, ni asistido a los pecadores a llevar a cabo sus actos indignos. Tales personas te ocasionarán menos dificultades. Serán de la mayor ayuda, simpatizarán contigo sinceramente. Si tienes confianza en ellos, romperán sus relaciones con tus opositores. Conserva como compañeros a tales personas, tanto en tus reuniones personales como oficiales.
Solamente compañeros y ministros tan honestos y humanos deberían obtener tu completa confianza. Confía en que te dirán las más amargas verdades, sin temor a tu rango. También rechazarán asistirte o ser parte en acciones que a Dios le disgusta que realicen Sus Amigos. Como compañeros y amigos, junta y reúne a tu lado a personas piadosas, honestas y veraces. Enséñales a que no te adulen ni busquen tu favor mediante falsos ruegos, porque la adulación y las falsas súplicas, engendran la vanidad y la presunción; haciendo que uno pierda la conciencia de su real personalidad y deberes. No deberías tratar de igual forma a los buenos y a los malos porque así desmoralizarías a los justos y alentarías a los perversos a continuar con sus iniquidades. Cada uno debería recibir el tratamiento que se merece, acorde a sus actos.
Trata de comprender que un gobierno puede crear la buena disposición en las mentes de sus súbditos, haciéndolos sinceros y fieles, sólo cuando ese gobierno es amable y considerado, cuando reduce sus problemas y dificultades, cuando no les oprime ni tiraniza, y cuando jamás les exige cosas más allá de sus capacidades.
Estos son los principios que debes conservar y sobre los que debes actuar. Permite que tu actitud sea tal, que ellos no te pierdan la fe, porque la buena fe de su parte, te reducirá muchos problemas administrativos y mitigará tus apremios. Y en lo concerniente a tu confidencia y confianza, otórgala a aquellos a quienes has probado en las dificultades y a quienes has favorecido, y en cambio desconfía siempre de aquellos a quienes has ofendido y de aquellos que han demostrado su infidelidad, su ineficiencia y su ineptitud.
No abandones estas prácticas y tradiciones. No destruyas las costumbres y leyes que han introducido los buenos musulmanes, creando con ellas unidad y amistad entre los diversos sectores de la sociedad y generando la prosperidad de los pueblos. No destruyas ni introduzcas innovaciones en ellas, porque si haces a un lado estas buenas tradiciones y disposiciones, el premio por haberlas introducido será para los que las desarrollaron y tuyo será sólo el castigo por haberlas abolido.
Estudia mucho con los hombres de conocimiento (ulemas) y conversa mucho con los sabios (hukama’) respecto de la consolidación de aquellos que haga que tu comarca prospere y el pueblo se fortalezca...
 
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