Breve introducción a la vida del Imam Zain al-’Abidín

Breve introducción a la vida del Imam Zain al-’Abidín

Por el Aiatullah Saiied Muhammad Baqir As-Sadr

 

Alabado sea Dios, el Señor de los Mundos, y bendiciones y saludos para el último de los Profetas y Mensajeros de Dios - Muhammad - y para sus descendientes puros y compañeros justos.

Este libro, As-Sahifah As-Sayyadiiah, incluye algunas invocaciones del Imam Zain-ul-’Abidín, Alí ibn

Husein ibn Alí ibn Abí Talib (P). Él es uno de los Imames pertenecientes a la Familia del Profeta (BP) a quienes Dios Todopoderoso ha mantenido puros y libres de contaminación.

El Imam (P) fue el cuarto en la línea de los Imames de la Familia del Profeta (BP). Su abuelo fue el Imam Amir-ul-Muminín, Alí ibn Abí Talib (P), el sucesor y heredero del Profeta de Dios (BP) y el primero en creer en él. Su posición en relación al Profeta (BP) era como la posición de Aarón (P) con respecto a Moisés (P), según las Tradiciones auténticas.

La abuela del cuarto Imam (P) fue Fatimah Az-Zahrá (P), la hija del Mensajero de Dios (BP) la más querida para él y la más prominente de todas las mujeres del mundo, como el Profeta (BP) mismo solía llamarla.

Su padre fue el Imam AI-Husein (P) uno de los dos de más alto rango entre los destinados al Paraíso; nieto del Profeta (BP) y su bienamado, de quien el Profeta (BP) dijo: «Husein es parte de mí y yo soy parte de Husein».

El Imam Husein (P) fue el líder de aquellos que murieron como mártires en Karbalá el día de ‘Ashüra (10 de Muharram) defendiendo al Islam y a los musulmanes. Tal como se relata en las Tradiciones compiladas en Sahih Al-Bujari, Sahih Muslim y otros, el Imam Husein (P) fue uno de los 12 Imames (P) de los que debían seguir la línea del liderazgo (Imamato) después del Santo Profeta (BP). Se reporta que el Profeta dijo: «Los califas después de mí serán doce y todos ellos serán de Quraish».

El Imam Alí ibn al-Husein (P) nació en el año 38 de la Hégira y vivió 57 años; los primeros años bajo la protección de su abuelo, el Imam Alí (P). Después vivió bajo la tutela de su tío, el Imam Hasan (P), y de su padre, el Imam Husein (P), ambos nietos del Santo Profeta (BP). Él se nutrió del conocimiento del Profeta (BP) y de las fuentes de sus ancestros puros.

En las ciencias religiosas y en la jurisprudencia, Alí ibn Al-Husein (P) era considerado como autoridad suprema, y como figura prominente con relación a los demás en lo referente a las órdenes y prohibiciones de Dios, las cuales él podía interpretar y sobre las cuales podía dictaminar a la luz de su conocimiento. Él fue bien 9 conocido por su devoción ejemplar a Dios y su piedad en todas las cosas. Todos los musulmanes de su época confiaban implícitamente en su conocimiento, honestidad, integridad y su excelencia en la jurisprudencia, y lo tomaban como líder en todos los asuntos, reconociendo su autoridad en materia religiosa.

Az-Zuhrí dijo acerca de él: «No he visto personalidad alguna del clan de los hashemitas que haya superado a Alí ibn Al-Husein (P) ni a persona alguna que haya sido más justa que él».

En otra ocasión, él dijo acerca del Imam (P): «No he visto a personalidad alguna entre todos los Quraish mejor que él».

Sa’id ibn Mussaiib dijo: «Nunca he visto persona que se compare a Alí ibn Al-Husein (P).

 El Imam Malik dijo: «Alí ibn Al-Husein (P) era conocido por el nombre de Zain-ul-’Abidín (Adorno de los devotos) por razón de su devoción incesante y su continua postración en oración».

Sufián ibn Aiinah dijo: «No he visto personalidad alguna de los hashemitas que fuera mejor que Zain-ul-’Abidín (P) ni más justa que él».

El Imam Shafi’i consideraba al Imam Alí ibn al-Husein (P) como el jurista supremo de toda la ciudad de Medina.

Los gobernantes Omeyas de su época, a pesar de sus actos hostiles contra él, no podían sino admitir este hecho acerca del Imam (P). Por ejemplo. Abdelmálik ibn Marwán le dijo: “En el área de las ciencias religiosas, a ti se te ha otorgado en devoción y piedad lo que nadie ha tenido jamás, con excepción de tus ancestros». También, Omar ibn Abdel Aziz dijo: «La luz de esta vida y la belleza del Islam es Zain-ul’Abidín» (P).

Los musulmanes en general siempre mostraron gran fidelidad a este Imam (P) y él siempre les demostró lealtad y simpatía. El seguimiento de las gentes a este Imam (P) se extendió muy ampliamente y muy lejos y su honor entre los musulmanes es recordado en un notable poema de Al-Farázdaq. En dicho poema, él describe cómo, durante la peregrinación anual del Hayy en la ciudad santa de La Meca, la multitud para llegar a la sagrada Piedra Negra (Al-hayar al-aswad) era tan grande que el mismo califa Hisham ibn Abdelmalik apenas si podía moverse hacia ella. Cuando las gentes lo reconocieron, le hicieron un lugar para que pudiese esperar a que cesara el tumulto y él pudiera acercarse a la Piedra Negra. Entonces, Zain-ul-’Abidín (P) llegó junto con los otros fieles. Cuando la multitud presente se dio cuenta de que él estaba allí, todos se hicieron a un lado para darle paso y se inclinaban con respeto y veneración mientras él caminaba hacia la Piedra Negra.

Aquí, dijo el poeta, se vio una muestra de la veneración, admiración y respeto que los musulmanes de todas las regiones  sentían por el Imam Zain-ul-’Abidín (P).

La confianza que la Ummah (Nación Islámica) tenía en el Imam Zain-ul-’Abidín (P) no se limitaba al hecho de su versatilidad en la jurisprudencia o a su alta estatura en asuntos espirituales. Él era considerado como un líder espiritual y como la autoridad espiritual suprema y de todos los asuntos, tanto cívicos como espirituales, por los seguidores de las diversas Escuelas de pensamiento, ya que él pertenecía al linaje más ilustre y respetado.

Se cuenta que los musulmanes de su época acudieron a Zain-ul-’Abidín (P) cuando quisieron liberarse de la opresión del emperador romano de ese tiempo. El emperador romano quiso dominar la región y humillar a los musulmanes durante el reinado de Abdulmalik imponiendo un sistema monetario romano en las tierras musulmanas. Abdulmalik estaba perplejo, sin saber cómo enfrentar esta situación. Estaba tan deprimido y desesperado que se cita que dijo: “Me veo a mí mismo como una de las personas más pesimistas de todos los nacidos en las tierras del Islam”. Al oir esto, las gentes alrededor suyo le dijeron que había alguien que podía hallarle una salida de esta dificultad. Cuando él preguntó que quién era esa persona, ellos dijeron: «Uno de los sobrevivientes de la Familia del Profeta (P). Al escuchar el nombre de Zain-ul-’Abidín (P), él dijo: “Ciertamente habéis dicho la pura verdad”. Entonces fue solicitada la ayuda del Imam Zain-ul-’Abidín (P) y él envió a su hijo, Muhammad Al-Baqir (P) a Damasco, capital de Siria, con instrucciones secretas y de esto surgió un nuevo plan para usar un sistema monetario islámico.

El Imám Zain-ul-’Abidín (P) era considerado como un líder espiritual y como la autoridad suprema de todos los asuntos, tanto cívicos como espirituales, por los seguidores de las diversas Escuelas.

El Imam Zain-ul-’Abidín (P) recogió el manto de la responsabilidad espiritual después del martirio de su padre. Él tomó esta tarea en la segunda mitad del siglo 1º H. durante una de las fases más cruciales de la historia de la Ummah. Un período que fue seguido por una ola de incipientes victorias islámicas de liberación, una ola que se extendió sobre un vasto territorio en la región debido al vigor espiritual y el entusiasmo militar e ideológico de los ejércitos musulmanes. Hizo temblar el trono del César y de otros viles tiranos de la época, y extendió el mensaje divino a lo más remoto de la tierra. Los musulmanes se volvieron entonces y de hecho los conquistadores y guardianes de la mayor parte del mundo civilizado con más de medio siglo de supremacía sin rival.

Sin embargo, a pesar de la fuerza y el poder del Islam en ese tiempo, la Ummah estaba expuesta a dos grandes peligros fuera de las esferas militar y política. Era, por lo tanto, necesario, en ese tiempo, analizar críticamente y anular esos peligros. El primer peligro venía del hecho de que los musulmanes, ahora diseminados por amplios territorios, tenían sus horizontes mentales abiertos a varias culturas, costumbres y tradiciones, diferentes corrientes sociales que surgían de la interacción con las naciones que se unían a la comunidad de los seguidores de la religión de Dios en gran número. Era necesario, por lo tanto, hacer esfuerzos especiales en el campo científico, el religioso y el ideológico, para enfatizar y afirmar la originalidad y libertad ideológica y las claras ventajas legislativas de los musulmanes, derivadas del Libro Sagrado y de las Tradiciones Islámicas.

Debía existir un movimiento ideológico que despertara a los musulmanes y les mantuviera abiertos los ojos a la visión pura del Islam, para que pudiesen ser los portadores de la antorcha y la luz del Libro Sagrado y de las Tradiciones, llevando un mensaje de iluminación y perseverancia de espíritu a las gentes con quienes entrasen en contacto. Los intelectuales educados que fuesen capaces de beneficiarse de esas enseñanzas, deberían encarnar y cultivar una personalidad islámica total para que pudiesen diseminar esto entre aquellas personas que se encontraran.

Zain-ul-’Abidín (P) dándose cuenta de la necesidad de dicho movimiento, llevó a cabo investigación y estudios científicos en la Mezquita del Profeta (BP) enseñando varias de las ciencias  islámicas y explicando tanto el Sagrado Corán como las Tradiciones Proféticas, enseñando jurisprudencia y el conocimiento derivado de sus ancestros puros.

 Una nueva conciencia se desarrolló entre los intelectuales de esa época, mediante el estudio de la jurisprudencia, la lógica y la deducción. Un gran número de juristas musulmanes expertos y eruditos fueron educados en estos centros religiosos y un gran número de escuelas de jurisprudencia brotaron dando nuevo vigor a la religión que debía desarrollarse más adelante.

El Imám Zain-ul-’Abidín (P), con este esfuerzo, atrajo a un gran número de eruditos y exegetas del Sagrado Corán y de las Tradiciones. Su renombre era tal que Sa’id ibn al-Mussaiib dijo: «Los intelectuales no se iban de La Meca hasta que Alí ibn al-Husain (P) se hubiera ido. Cuando él salía, nosotros íbamos tras él y éramos miles los que cabalgábamos junto a él».

El segundo peligro al que el Islam estaba expuesto en esa época, surgía del mismo hecho de la riqueza y prosperidad generales que existían en todas partes de la sociedad islámica, como consecuencia de la amplia expansión de esta potencia política. Existía el riesgo de que esta nueva ola de prosperidad corrompiese a quienes entraran en contacto con ella, provocando el deterioro de las bases espirituales del Islam y la destrucción del vigoroso renacimiento moral y espiritual que se derivaba de la fe en Dios Todopoderoso 11 y en el Más Allá.

Este gran Imam (P) fue capaz de producir con su talento -heredado de sus ancestros- y su maravillosa retórica y estilo elegante, una obra de enorme significado en la lengua árabe.

El Imam Alí ibn Al-Husein (P) se dio cuenta de este peligro y empezó a tomar medidas para remediar esta situación. El más avanzado de sus métodos fue usar la enseñanza de la súplica.

 El libro, As-Sahifah As-Sayyadiiah, fue una de las obras que emanaron como parte de este gran esfuerzo. Este gran Imám (P) fue capaz de producir con su talento - heredado de sus ancestros - y su maravillosa retórica y estilo elegante, una obra de enorme significado en la lengua árabe. Haciendo uso de los dones que Allah le había concedido, el Imam (P) fue capaz de entretejer los significados más espléndidos y sutiles en su descripción de los lazos entre el ser humano y lo Divino, los lazos entre las gentes y su Señor y Creador, y de enfatizar las cualidades de la fe y los valores y deberes morales que eran necesarios a una sociedad vigorosa y espiritual. Mi opinión es que el Imam (P) con sus dotes múltiples y su fervor para suplicar a Dios, fue capaz de crear una atmósfera verdaderamente espiritual y un tono moral en la sociedad que fortalecieron al Islam de esa época y sirvieron para actuar como una barrera contra la invasión de los valores satánicos del mundo, a los que estaban expuestos los musulmanes en su tiempo. Sus esfuerzos fueron una influencia estabilizadora sobre la Ummah, la cual fue exhortada a mantenerse firme ante las seducciones mundanas, en una era en que la atracción hacia la vida de placer suponía una gran tentación y para afirmar y recordar a los musulmanes sus raíces espirituales y su deber de ser los custodios y depositarios de la vida espiritual, en tiempos de riqueza y prosperidad, tal como lo habían sido en tiempos de miseria y pobreza.

Ha sido dicho en la biografía del Imam (P) que él constantemente exhortaba a las gentes en las oraciones del viernes por medio de sermones, previniéndoles para no ser atrapados completamente por la vida de este mundo y diciéndoles que uno debe recordar constantemente el Más Allá. Sus invocaciones, en una manera maravillosamente conmovedora, provocaban en los oyentes un sentimiento de devoción, agradecimiento, alabanza y gratitud hacia el Todopoderoso y los fortalecían en sinceridad, obediencia y sumisión a Dios, Quien no tiene compañero ni socio en Su Divinidad.

As-Sahifah As-Sayyadiiah representa y se destaca así, como una profunda obra social de la época y como reflejo de un esfuerzo supremo para enfrentar las crisis espirituales en que se encontraba la sociedad en el tiempo del Imam (P). Pero más allá de esto, es una colección profunda de súplicas en la tradición divina. Una recopilación única, que permanecerá a través de las eras como un regalo para la Humanidad. Una obra de inspiración moral para una conducta correcta y una antorcha de guía. Los seres humanos constantemente estarán necesitados de esta tradición de la familia de Muhammad (BP) y de Alí (P). Y esta necesidad aumenta cada vez que Satanás viene a incrementar las seducciones del mundo para las gentes, fascinándolos para mantenerlos encadenados.

Que la paz y bendiciones sean para nuestro Imam Alí ibn Al-Husein Zain-ul-’Abidín (P), desde su nacimiento hasta cuando transmitió su mensaje, cuando partió de este mundo y hasta el Día de la Resurrección, cuando sea levantado para la vida del Más Allá.

 

Extraído de Revista Kauzar N° 40

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